El teléfono que sirve para llegar a una dirección también puede registrar una ubicación. La aplicación que entretiene durante un trayecto puede utilizar información sobre lo que interesa a su usuario. Esa convivencia entre utilidad y recogida de datos explica la advertencia de Ángel Gómez de Ágreda, coronel en reserva y especialista en ciberseguridad.Su comparación del móvil con un caballo de Troya apunta a un objeto que aceptamos por las ventajas que ofrece. El problema que plantea está en la información que acompaña a ese uso y en el poder de las plataformas que la procesan. La comodidad cotidiana puede ocultar un recorrido de datos difícil de observar desde la pantalla.La cuestión llega hasta la capacidad de decidir qué vemos y qué compramos. El especialista relaciona la recopilación de información con la influencia sobre el comportamiento, un debate que obliga a distinguir un permiso técnico y una finalidad comercial. Autorizar una función del teléfono no describe por sí solo todo lo que ocurre después.La información que sale del bolsillo«Tu móvil es un caballo de Troya» es la frase con la que Rubén Sánchez presenta su entrevista con Gómez de Ágreda en un reel de Instagram del 11 de septiembre de 2026. En la presentación escrita de la conversación, el entrevistador sitúa la advertencia en la recogida de datos para influir sobre los ciudadanos, con una atención particular a los intereses comerciales.El vínculo entre actividad y publicidad está documentado por las propias plataformas. Google explica que sus anuncios personalizados pueden utilizar las preferencias, la información de la cuenta y la actividad del usuario. Esa combinación da una dimensión concreta a la privacidad en internet: una búsqueda puede servir para seleccionar qué publicidad aparece en una visita posterior.Ese mecanismo funciona sin necesidad de atribuir a todas las aplicaciones una escucha permanente. Los permisos del micrófono son una cuestión diferente del uso publicitario de la actividad registrada. La advertencia del coronel describe un riesgo de dependencia y de influencia; no demuestra que todos los teléfonos estén infectados por un programa malicioso.También existe una diferencia entre acceder a un dato y enviarlo fuera del dispositivo. Apple pone ejemplos de funciones que utilizan contactos para personalizar servicios y conservan esa información en el propio equipo. El dato relevante es qué información se procesa y dónde, además de qué aplicación obtiene acceso a ella.Lo que permiten observar los registrosLos sistemas operativos ofrecen una vista parcial de esa actividad. El informe de privacidad de las apps de Apple, disponible desde iOS 15.2, muestra accesos a datos y sensores durante los últimos siete días y conexiones con dominios de internet. Entre esos registros aparecen usos de cámara, ubicación y micrófono, además de servicios contactados desde el contenido de una aplicación.Android dispone de un panel que registra qué aplicaciones han utilizado determinados permisos y cuándo. Esa información permite examinar los permisos de las aplicaciones a partir de su actividad. El registro ayuda a identificar accesos que el usuario desconocía, aunque no constituye por sí mismo una explicación completa del tratamiento posterior de sus datos.La ficha de seguridad de Google Play cumple otra función. Recoge información declarada por los desarrolladores sobre obtención, uso y cesión de datos, mientras la lista de permisos describe accesos técnicos. La diferencia también importa al hablar de control de los datos: ver un permiso no equivale a conocer todas las finalidades de una aplicación.La imagen elegida para la entrevista vuelve sobre esa distancia entre lo visible y lo que ocurre detrás. El teléfono acompaña decisiones pequeñas durante todo el día. Entender qué información sale de él permite valorar el coste de una comodidad cotidiana que pocas veces se expresa en euros.