Egiptólogos de la Universidad de La Laguna hallan momias apiladas en Luxor y descubren cómo cambió el ritual funerario durante 700 años

Wait 5 sec.

En una antigua tumba egipcia de la necrópolis tebana, frente a la actual ciudad de Luxor, los arqueólogos han encontrado una escena funeraria tan peculiar como reveladora: cuatro momias humanas y un perro momificado fueron enterrados unas sobre otras. El animal descansaba directamente sobre los cuerpos de un hombre y una mujer. Lejos de ser una simple acumulación de restos, esta disposición podría reflejar una compleja evolución de las prácticas funerarias y la manera en que los antiguos egipcios reutilizaban espacios destinados a los muertos.El descubrimiento de la tumba TT 209, construida originalmente durante la XXV dinastía, entre los siglos VIII y VII a. C., y utilizada durante varios siglos, hasta el periodo ptolemaico, que se extendió entre 305 y 30 a. C. Investigadores de la Universidad de La Laguna han estudiado sobre todo la tercera cámara de la tumba para reconstruir cómo fue cambiando su utilización con el paso del tiempo. Sus resultados, publicados en Frontiers of Environmental Archaeology, apuntan a que las sucesivas inhumaciones no fueron fruto del desorden, sino que respondieron a una lógica en la que los nuevos enterramientos se adaptaban a los anteriores.Del entierro individual a las momias superpuestas Parte exterior de donde se encuentra la tumba TT 209En total, los investigadores identificaron 16 individuos humanos momificados, un perro momificado y un depósito alterado que contenía restos de al menos otras cuatro personas. La disposición de los cuerpos, su orientación, su relación con las estructuras de la tumba y los objetos encontrados junto a ellos permitieron reconstruir parcialmente la historia funeraria del lugar. El conjunto revela que el espacio fue transformándose gradualmente a medida que aumentaba el número de personas enterradas allí.Uno de los elementos más llamativos es precisamente el perro. Su posición, colocada directamente sobre las momias de un hombre y una mujer, podría apuntar a una relación especial entre el animal y ambos individuos. Los investigadores también plantean otra posibilidad: que el perro tuviera una función simbólica relacionada con el tránsito hacia el más allá. En la religión del antiguo Egipto, determinados animales podían desempeñar importantes papeles rituales y simbólicos, por lo que el perro quizá fuera concebido como una especie de guía o acompañante de los difuntos. La ciencia encuentra una posible explicación al gran misterio de la construcción de las pirámides de EgiptoLa evolución de los enterramientos también se aprecia en los objetos que acompañaban a los muertos. Las primeras personas depositadas en la cámara parecen haber pertenecido a un grupo de elevada posición social. Fueron enterradas en ataúdes y acompañadas por redes funerarias, amuletos y objetos valiosos, entre ellos recipientes de origen fenicio conocidos como ánforas. Con el tiempo, las costumbres cambiaron. Los cuerpos enterrados posteriormente ya no disponían de ataúdes, aunque continuaban siendo cuidadosamente momificados, y aparecieron grandes recipientes colocados en posición vertical, asociados a prácticas rituales diferentes. Dos individuos momificados de la cámara lateral 3 presentan signos evidentes de haber sido manipulados y desplazadosNo está de más mencionar que la propia posición de los cuperos constituye otra pista sobre esta transformación. Entre aproximadamente 680 y 404 a. C., los nuevos cadáveres comenzaron a ocupar los espacios disponibles dentro de la cámara. Algunos presentaban los brazos doblados hacia el interior, una postura distinta de la habitual en enterramientos anteriores. Durante el periodo persa se hizo cada vez más frecuente colocar los cuerpos  en capas, unos sobre otros. En etapas posteriores también aparecieron individuos con ambos brazos cruzados sobre el pecho, una postura conocida por los egiptólogos como posición osiríaca.Interpretar estos restos no resulta sencillo. La tumba sufrió inundaciones, incendios y numerosas alteraciones posteriores, y algunas intervenciones desplazaron los materiales originales. Estas perturbaciones impiden determinar con precisión el orden de ciertos enterramientos o las intenciones concretas de quienes regresaron a la cámara siglos después.