Ejércitos de la OTAN en Europa vs Rusia: quién tiene ventaja y por qué España ya está implicada en este pulso militar

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Los aliados europeos tienen recursos para levantar una fuerza militar superior a la rusa, pero su mayor presupuesto no garantiza que todas las unidades necesarias estén preparadas si se produce una crisis. El equilibrio combina ventajas aéreas y navales occidentales con la capacidad de Moscú para concentrar tropas, producir munición y sostener el desgaste. La participación de Estados Unidos cambia la comparación: una defensa con su respaldo pleno dispone de medios que los europeos todavía tendrían dificultades para sustituir.Para España, ese pulso tiene consecuencias que van desde los cuarteles hasta los astilleros y las cuentas públicas. Hay militares españoles desplegados en el este del continente y mandos aliados que operan desde territorio nacional. La distancia respecto a la frontera rusa reduce la exposición a una ofensiva terrestre, pero no aparta al país de sus compromisos ni de las necesidades de transporte, vigilancia y abastecimiento que estos generan.El resultado depende de la misión. Contener una incursión limitada y resistir una guerra prolongada exigen fuerzas distintas. Importan el lugar y el tiempo disponible: una posición que necesita refuerzos en días no puede esperar los años que tarda en madurar un programa de armamento.Mucho presupuesto, resultados desigualesLa primera precisión afecta a quién se compara. La OTAN reúne a 32 países y organiza fuerzas nacionales mediante mandos y planes comunes; no posee un ejército único equivalente al ruso. Tampoco debe confundirse a sus aliados europeos con la Unión Europea: Reino Unido, Noruega y Turquía pertenecen a la Alianza. Las unidades asignadas a sus planes pueden permanecer en sus países de origen hasta que se ordene su despliegue, como explica la organización en su descripción de las fuerzas del flanco oriental.El desequilibrio económico es considerable. SIPRI, el Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo, estima que los 29 miembros que clasifica como europeos gastaron 559.000 millones de dólares en 2025, frente a los 190.000 millones de Rusia. Esa agrupación excluye a Estados Unidos, Canadá y Turquía. El gasto europeo fue casi tres veces el ruso en dólares corrientes, según la misma metodología y para el mismo año. Rusia, sin embargo, destinó el 7,5% de su PIB al esfuerzo militar.La conversión a dólares permite comparar presupuestos, aunque no iguala lo que cada país obtiene con ellos. Los salarios, los costes de producción y la organización industrial son distintos. Además, una partida puede pagar instalaciones o investigación cuyos resultados llegarán años después. Gastar más amplía las posibilidades, pero la fuerza disponible depende también del material entregado, su mantenimiento, las tripulaciones y las reservas que permiten emplearlo.Esa distancia entre inversión y preparación aparece en el balance del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos, IISS, publicado en septiembre de 2026. Detecta carencias de personal, artillería, defensa antiaérea, munición y sostenimiento en buena parte de las fuerzas terrestres europeas. Su conclusión es que resulta improbable que los socios europeos puedan asumir el núcleo de la defensa convencional del continente sin recursos estadounidenses antes de 2030. Es una previsión sobre capacidades militares, no una fecha anunciada para una guerra.En tierra mandan la concentración y el tiempoEl Instituto Francés de Relaciones Internacionales, Ifri, ofrece una distinción útil en su estudio de noviembre de 2025: reconoce fortalezas europeas en la calidad de la formación, el mando y el empleo combinado de distintas armas, mientras atribuye a Rusia ventajas de masa, potencia de fuego y movilización. La calidad y la cantidad actúan juntas. Un carro avanzado necesita infantería, ingenieros, protección antiaérea y abastecimiento para que sus prestaciones tengan efecto en combate.En un ataque limitado, el agresor puede intentar reunir una fuerza superior en un sector concreto antes de que lleguen los refuerzos. De ahí la importancia de las unidades aliadas adelantadas y de las fuerzas nacionales que defienden su propio territorio. La OTAN contabilizaba nueve grupos multinacionales en el flanco oriental en junio de 2026, con tamaños y composiciones diferentes. Sus planes prevén reforzar las tropas que ya están desplegadas, aumentar ciertas agrupaciones hasta el tamaño de brigada y disponer de material almacenado de antemano.La experiencia rusa en Ucrania contiene dos lecciones que deben leerse juntas. Moscú ha sufrido pérdidas enormes y ha logrado avances reducidos a un coste elevado, pero también ha aprendido. En la presentación de The Military Balance 2026, Bastian Giegerich destacó su capacidad para adaptar y extender innovaciones ucranianas. Un ejército desgastado también puede cambiar: juzgar sus capacidades presentes solo por los errores de la invasión de 2022 dejaría fuera esa evolución.El estado del material altera el recuento. Un blindado almacenado durante años puede necesitar una reparación extensa antes de volver a circular. Otro puede funcionar, pero carecer de tripulación preparada. Ninguno aporta la misma fuerza inmediata que un vehículo mantenido, armado y encuadrado en una unidad que ha practicado su misión. Los programas del futuro carro europeo muestran que renovar una flota exige plazos largos. En una crisis pesan los vehículos utilizables y sus apoyos, no las imágenes de prototipos ni el número de unidades que un Gobierno aspira a comprar. Carro ruso T-90M, 7 de abril de 2020. Foto: Konstantin Morozov / Mil.ru, vía Wikimedia Commons. CC BY 4.0: https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/Un cielo disputado, incluso para los mejores cazasEn el aire, el balance del Ifri concede a los europeos superioridad cuantitativa y cualitativa. Mantenerla sin gran apoyo estadounidense exige mejorar sus reservas de munición, su defensa antiaérea y sus medios para neutralizar los radares y misiles enemigos. Tener mejores cazas es una parte del problema: deben poder operar desde bases que sigan funcionando.Justin Bronk, especialista del Royal United Services Institute, RUSI, introdujo una advertencia en enero de 2026. Aunque la aviación rusa no consiguió dominar el cielo ucraniano, su amenaza para las fuerzas occidentales había aumentado respecto a 2022. La producción ha compensado parte de las pérdidas y las tripulaciones acumulan experiencia. Las bombas planeadoras permiten atacar desde posiciones alejadas del objetivo, mientras las defensas antiaéreas terrestres siguen siendo un obstáculo de primer orden para cualquier campaña aérea aliada.Los informes examinan aspectos distintos: el potencial europeo y la evolución de su adversario. Su contraste indica que la ventaja aérea debe conquistarse y mantenerse, con información, armamento y apoyo suficientes para los pilotos.La protección del territorio también necesita una red. La defensa aérea y antimisiles de la OTAN enlaza sensores, centros de mando y sistemas de armas de distintos países. Los cazas de vigilancia, las baterías terrestres y los medios navales cumplen funciones diferentes. Detectar, identificar y responder a tiempo exige que compartan información y que los operadores ensayen juntos. Esa integración explica por qué aumentar el número de interceptores, por sí solo, no resuelve toda la defensa.Drones, proyectiles y fábricas a otro ritmoLa extensión de los drones militares ha cambiado la forma de observar, atacar y moverse. Una investigación de Sidharth Kaushal y Sam Cranny-Evans publicada por RUSI en agosto de 2026 describe mejoras rusas en la coordinación de sus ataques de precisión. Los aparatos no sustituyen toda la artillería: amplían sus posibilidades y se combinan con otros medios. La experiencia de quienes reconocen los objetivos puede resultar tan determinante como las prestaciones de la aeronave.Ese trabajo también señala un límite: Rusia continúa teniendo dificultades para convertir la presión de fuego en rupturas decisivas del frente. Causar daños y conquistar territorio son tareas distintas. La abundancia de drones puede hacer más peligroso el movimiento de ambos contendientes, sin proporcionar a ninguno una solución sencilla para avanzar y mantener lo ganado. Tampoco cabe trasladar cada episodio de Ucrania a una hipotética guerra con la OTAN, cuyas fuerzas y apoyos serían diferentes.La escala industrial rusa sí merece atención. La inteligencia exterior estonia estima que Moscú produjo unos siete millones de municiones de artillería en 2025, de las cuales 3,4 millones correspondían a obuses. El total incluye también munición de carros, morteros y cohetes. No es una cifra comparable sin ajustes con una estadística europea limitada a proyectiles de 155 milímetros. El mismo informe señala que Rusia ha complementado su fabricación con suministros de Corea del Norte e Irán.Jack Watling y Oleksandr Danylyuk estudiaron para RUSI la producción entre 2022 y 2024. Su diagnóstico atribuye a Rusia una ventaja inicial en planificación y coordinación industrial, frente a una Europa con dinero, pero con un mercado fragmentado y un conocimiento insuficiente de sus cadenas de suministro. También advierte del coste ruso: subvenciones, crédito y recursos desviados desde otras partidas. La movilización industrial consume riqueza y tiempo, incluso cuando consigue elevar con rapidez las entregas.El Atlántico también forma parte del frenteUna guerra continental dependería de lo que pudiera cruzar el mar. Los refuerzos y suministros norteamericanos necesitan rutas seguras, y la defensa de esas comunicaciones exige vigilancia y escoltas. El estudio The Atlantic Bastion, publicado en diciembre de 2025 por Kaushal y el comandante Edward Black, propone reforzar la detección y el seguimiento de submarinos rusos mediante una combinación de plataformas tripuladas y sistemas sin dotación. La función de una flota incluye proteger movimientos y asegurar que los suministros lleguen a su destino.Los daños sufridos por Rusia en el mar Negro tampoco describen por sí solos su poder naval. Un trabajo anterior de Kaushal sobre las necesidades de la Marina neerlandesa advertía de que capacidades como los submarinos nucleares de ataque habían quedado relativamente al margen del desgaste ucraniano. Su amenaza obliga a dedicar barcos, aeronaves y especialistas a buscarlos. Una ventaja naval agregada no elimina esas exigencias ni permite considerar seguras todas las rutas.La incorporación de Finlandia y Suecia ha reforzado la posición aliada en el norte, pero no ha convertido el Báltico en un espacio libre de riesgos. La vicealmirante Ewa Skoog Haslum, jefa de operaciones de las Fuerzas Armadas suecas, rechazó en una entrevista publicada por Le Monde en marzo de 2026 la expresión «lago de la OTAN». Su advertencia apuntaba a un mar que continúa en disputa, pese a la nueva distribución de sus costas entre países aliados.La dependencia estadounidense que apenas se veLa aportación de Washington va más allá de los soldados estacionados en bases europeas. El IISS identifica dependencias en lanzamientos espaciales, inteligencia y vigilancia desde satélites, alerta temprana de misiles y seguimiento de lo que ocurre en órbita. Son funciones que permiten saber qué sucede y comunicarlo a quienes deben actuar. Perder parte de esa información reduce las opciones de fuerzas que pueden conservar intactos sus aviones, barcos y carros.Europa dispone de medios propios y está ampliándolos. Sin embargo, tener un sistema de navegación como Galileo no equivale a cubrir todas las misiones militares espaciales. Hacen falta sensores de distintos tipos, comunicaciones protegidas, estaciones terrestres y procedimientos para distribuir los datos. El informe distingue entre compartir mejor la carga con Estados Unidos y alcanzar una autonomía mucho mayor: son objetivos diferentes en coste y calendario, que no se cumplen con el mero anuncio de nuevas constelaciones.La retirada total del apoyo estadounidense y una participación más limitada tampoco producirían el mismo resultado. Washington podría aportar información y determinados medios mientras los europeos asumieran más tropas o munición. Por eso, las conclusiones de los estudios dependen de lo que entiendan por actuar «sin Estados Unidos». La evaluación del IISS de septiembre muestra que las carencias no desaparecen al sumar presupuestos y que los planes de refuerzo todavía descansan en aportaciones norteamericanas.En términos militares, la consecuencia es clara: un conjunto de ejércitos nacionales tiene que poder combatir como una fuerza coordinada. El trabajo diario incluye comprobar que radios, datos y procedimientos resultan compatibles. Las pruebas españolas con redes tácticas 5G pertenecen a ese esfuerzo. Telefónica documentó su contribución de comunicaciones seguras a un ejercicio en Eslovaquia en junio de 2026. Compartir información entre unidades de distintos países es una condición práctica para que el mando conjunto funcione.Llegar al combate y poder permanecer Militares españoles y estadounidenses mantienen un M88A2 en Camp Adazi (Letonia), el 14 de abril de 2025. Foto: Rachel Hall / US Army / DVIDS, dominio público. Uso informativo sin respaldo institucional.Un blindado necesita un medio de transporte hasta la zona de operaciones. Después requiere combustible, repuestos, munición y personal capaz de repararlo. Sus tripulantes también deben comer, descansar y recibir asistencia sanitaria. La fuerza de combate depende de ese abastecimiento continuo: las unidades que ocupan posiciones adelantadas consumen recursos que otras deben llevarles, con frecuencia a través de varios países.Esa necesidad explica el trabajo europeo sobre movilidad militar. El Consejo de la UE aprobó el 17 de junio de 2026 su posición negociadora para una norma destinada a simplificar permisos, mejorar infraestructuras de uso civil y militar y facilitar el acceso a medios de transporte. El problema reúne trámites administrativos y obstáculos físicos. Un puente o una conexión ferroviaria insuficientes pueden retrasar un despliegue aunque existan vehículos y soldados preparados para partir.Una vez desplegadas, las tropas necesitan relevos. Una campaña de meses exige formar nuevas unidades y recuperar o sustituir material. La capacidad de reponer las pérdidas modifica el balance conforme se prolonga el combate.Prepararse para una amenaza no fija la fecha de un ataqueLas advertencias sobre el rearme ruso suelen confundirse con predicciones de una guerra inevitable. La inteligencia exterior estonia sostuvo en febrero de 2026 que Rusia no tenía intención de atacar militarmente a Estonia ni a otro aliado durante el año siguiente. Relacionó esa valoración con las medidas adoptadas para disuadir a Moscú, aunque advirtió de su futura recuperación militar. Era una evaluación fechada y condicionada, que no garantiza cómo evolucionará la situación.El IISS planteó, por su parte, que Rusia podría cubrir hacia 2030 las carencias de personal y material de su estructura militar ampliada si mantenía el ritmo de producción y reclutamiento. Una afirmación trata sobre intenciones; la otra, sobre medios que podrían estar disponibles. Preparación, decisión política y oportunidad son factores distintos. Que un Estado amplíe su capacidad para atacar obliga a revisar la defensa, pero no demuestra que haya elegido hacerlo en una fecha concreta.Ucrania absorbe fuerzas y recursos rusos. Aunque sus tropas no pertenecen a la OTAN, su resistencia influye en la seguridad europea, un factor que el balance del Ifri incorpora al comparar las capacidades de ambos lados.El límite nuclear de cualquier comparaciónEl choque entre fuerzas convencionales se produciría bajo la amenaza de una escalada nuclear. Estados Unidos aporta la principal garantía nuclear aliada; Francia y Reino Unido mantienen fuerzas propias y centros nacionales de decisión. La doctrina de la OTAN atribuye a esa pluralidad un efecto disuasorio, al complicar el cálculo de un adversario. Las decisiones sobre el empleo de estas armas no se deducen de una suma de carros o aviones.SIPRI advirtió en junio de 2026 de una dependencia creciente de las armas nucleares, junto con mayores riesgos de error de cálculo. La expiración del tratado New START en febrero de ese año añadió incertidumbre al control de los arsenales estadounidense y ruso. La disuasión pretende evitar el ataque, pero no elimina todos los riesgos de una crisis ni permite dar por controlada una escalada.Por eso resulta engañoso hablar de una victoria asegurada a partir de un porcentaje de superioridad convencional. En un enfrentamiento entre potencias nucleares, preservar la comunicación política y evitar interpretaciones erróneas forman parte del problema militar. Un resultado favorable en el campo de batalla podría coexistir con un peligro mayor para la población si desencadenase una escalada que los contendientes no consiguieran contener.De Almería a Eslovaquia, con Torrejón y Rota dentroLa implicación española puede seguirse sobre un mapa. En mayo de 2026, el Estado Mayor de la Defensa anunció el despliegue de 1.600 militares españoles y más de 300 vehículos para Strong Lineage 26. Los medios embarcaron en Almería y llegaron a Koper, en Eslovenia, desde donde se organizaron los convoyes hacia Eslovaquia y Hungría. El ejercicio debía comprobar la ampliación de una agrupación a brigada, incluida su capacidad de activación, transporte y sostenimiento.España lidera el grupo multinacional en Eslovaquia desde julio de 2024. Parte de los refuerzos permanece en sus países de origen, preparada para incorporarse si resulta necesario, por lo que las cifras de un ejercicio no equivalen a un contingente estacionado allí de forma permanente. También hay fuerzas españolas en Letonia, donde se produjo un relevo en junio de 2026. Las rotaciones sostienen una presencia que continúa cuando un contingente regresa a casa.Dentro de España, Torrejón de Ardoz alberga un Centro de Operaciones Aéreas Combinadas de la OTAN. Defensa describió en agosto de 2026 su tarea de vigilancia, control y defensa aérea durante las 24 horas en un espacio que comprende 15 países. Su actividad muestra la aportación de un centro de mando a la protección colectiva, más allá del número de aviones que cada socio despliega.Rota conecta ese esfuerzo con el mar. Los destructores estadounidenses allí basados participan en la arquitectura aliada de defensa aérea y antimisiles, como recordó la Sexta Flota al informar del regreso del USS Roosevelt en marzo de 2026. La base gaditana constituye, por tanto, una conexión operativa con la defensa transatlántica. Esa función no permite deducir que exista un escudo capaz de interceptar cualquier ataque contra territorio europeo. El destructor estadounidense USS Roosevelt en la base de Rota, el 4 de febrero de 2023. Foto de archivo: Danielle Baker / US Navy / DVIDS, dominio público. Uso informativo sin respaldo institucional.La pertenencia a la Alianza implica una obligación de asistencia. El artículo 5 del Tratado del Atlántico Norte establece que un ataque armado cubierto por el tratado se considera un ataque contra todos y obliga a ayudar al aliado agredido. Cada miembro decide las medidas necesarias, que pueden incluir fuerza militar. El compromiso no impone una respuesta idéntica a todos los países, pero tampoco deja a España como una observadora ajena a lo que ocurra a sus socios.El coste público y los plazos de las fábricasEl esfuerzo ya tiene reflejo en las cuentas. SIPRI calculó para España un gasto militar de 40.200 millones de dólares en 2025, con un crecimiento real del 50% respecto a 2024. El aumento exige financiar equipos y sostener su utilización durante años, desde la formación de sus operadores hasta el mantenimiento y la reposición de munición.La declaración de la cumbre de La Haya de 2025 fijó un compromiso del 5% del PIB para 2035: al menos un 3,5% para necesidades centrales de defensa y hasta un 1,5% para otros gastos relacionados con seguridad, infraestructuras y preparación civil. Son categorías diferentes. El porcentaje no se destina íntegro a armamento, y su traducción a presupuestos exige concretar qué se financia y con qué calendario.Pedro Sánchez defendió en julio de 2026 que España podía atender las capacidades acordadas con la Alianza con un esfuerzo del 2,1% del PIB. Esa es la posición del Gobierno español, que debe distinguirse del compromiso general recogido en La Haya. Más allá de la disputa porcentual, el resultado se mide en medios disponibles: unidades cubiertas, munición, mantenimiento y equipos que lleguen cuando se necesitan.Los astilleros de Ferrol permiten observar esa diferencia entre financiación y entrega. Navantia informó en julio de 2026 de que la primera fragata F110, la Bonifaz, estaba a flote y en fase de instalación y puesta en marcha de sistemas, con entrega prevista para 2028. Otras unidades se encontraban en distintas etapas de construcción. Un buque botado necesita completar su preparación antes de incorporarse a las operaciones de la Armada.La aviación ofrece otro ejemplo. El contrato Halcón II, anunciado en diciembre de 2024, comprende 25 Eurofighter destinados a sustituir parte de los F-18 españoles. Airbus situó la primera entrega de ese lote en 2030 y explicó que el montaje, las pruebas y la entrega se realizarían en Getafe. Los pedidos generan actividad industrial antes de aportar fuerza, una distinción que importa al evaluar tanto el empleo como la preparación militar.Hay también trabajo en electrónica y comunicaciones. La oferta española de radares y sistemas antidrones incluye equipos como los presentados por Indra en Riad en febrero de 2026. Son capacidades pertinentes para detectar amenazas y proteger instalaciones o fuerzas desplegadas. Una presentación comercial acredita qué ofrece un fabricante; la eficacia operativa exige pruebas y evaluación, junto a la integración con los medios que ya están en servicio.La presión también alcanza a la vida civilLa confrontación puede afectar a España sin adoptar la forma de una invasión. El Informe Anual de Seguridad Nacional 2025, aprobado en abril de 2026, describe una intensificación de las actividades rusas de espionaje, sabotaje, desinformación y ciberataques en Europa. También recoge campañas dirigidas a la población española y a las Administraciones. La protección de servicios e infraestructuras civiles forma parte de la respuesta a esa presión, junto a las capacidades militares.El efecto puede trasladarse a redes de comunicación, organismos públicos y empresas que dependen de servicios conectados. Eso exige prevención, continuidad de actividad y capacidad de reparación. También requiere rigor al atribuir los incidentes: una avería no demuestra por sí sola un sabotaje, ni un ataque informático prueba automáticamente la participación del Estado ruso. Confundir amenazas documentadas con sospechas sin comprobar dificulta entender qué está ocurriendo y cómo responder.Los hogares y las empresas también están expuestos a los mercados energéticos. Un estudio publicado por el Banco de España en septiembre de 2026 explica cómo los conflictos pueden alterar la oferta de petróleo y trasladarse a inflación y crecimiento. Aplicado a una crisis europea, eso supone un posible coste económico fuera del presupuesto militar, cuya magnitud dependería de las interrupciones, su duración y la capacidad de amortiguarlas con reservas u otros suministros. El trabajo no calcula el impacto de una guerra entre Rusia y la OTAN.El cruce de los estudios permite formular un balance condicionado. Con apoyo estadounidense pleno, la Alianza reúne una superioridad convencional agregada que dificulta una victoria rusa en una guerra general. Con una participación norteamericana reducida, aumenta la carga europea y cobran más importancia las carencias en información, defensa aérea y sostenimiento. Ante una ofensiva limitada, la rapidez de la respuesta puede pesar más que la diferencia entre presupuestos nacionales. Son escenarios analíticos, no pronósticos de un desenlace inevitable.Para España, la medida más concreta de ese equilibrio seguirá estando en tareas reconocibles: relevar al personal desplegado, mantener los aviones, entregar los buques y disponer de suministros para las unidades. Los vehículos que parten hacia Europa central necesitan encontrar transporte, combustible y talleres durante el recorrido. Cada compromiso militar necesita recursos para sostenerse, desde la salida del cuartel hasta el regreso de la última rotación.