Hay personas que podrían estar viendo más colores que el resto sin saberlo. La explicación de ello está justamente en la retina: mientras la mayoría tenemos tres tipos de conos sensibles a distintas partes de la luz, alrededor del 12% posee variantes genéticas que pueden dar lugar a un cuarto tipo.A esta posibilidad se la conoce como tetracromacía. En teoría, permitiría distinguir más tonalidades que una visión normal, y de ahí nace la popular cifra de hasta 100 millones de colores. Pero tener ese cuarto cono no significa automáticamente disfrutar de esa capacidad.Tener cuatro conos no basta para ver un mundo completamente distintoLos genes que intervienen en la percepción del rojo y el verde están en el cromosoma X. Como las mujeres tienen dos, algunas pueden heredar versiones diferentes y acabar con cuatro tipos de conos en la retina. Un estudio reciente estimó que alrededor del 12% podría encontrarse justamente en esta situación.El principal problema es que el cerebro también tiene que aprender a utilizar esa información extra. En una investigación con 24 mujeres con muchas posibilidades de poseer cuatro tipos de conos, solo una mostró visión tetracromática en todas las pruebas. Para la mayoría, tener ese receptor extra no cambió de forma clara su percepción.Esto ayuda a entender por qué, aunque la ciencia ha observado que procesamos los colores de forma parecida, pueden existir excepciones capaces de distinguir diferencias que otros no perciben.Uno de los casos más conocidos es el de la pintora Concetta Antico. Ella asegura distinguir matices adicionales en flores, cielos o superficies que para otras personas parecen de un solo tono. Aun así, los científicos no pueden afirmar con certeza que realmente vea 100 millones de colores.Tampoco sirve buscar un test rápido en Internet. Newcastle University advierte que las pantallas normales trabajan con rojo, verde y azul, por lo que no pueden comprobar una cuarta dimensión del color. Un análisis genético puede revelar el potencial, pero no confirmar que el cerebro lo aproveche.Nuestra visión depende tanto de los ojos como del cerebro. Incluso fenómenos sencillos, como la dilatación de las pupilas, están ligados a procesos mucho más complejos.Por eso muchas mujeres podrían vivir toda su vida con un cuarto tipo de cono sin notarlo. La genética abre la puerta, pero es el cerebro el que decide si realmente existe ese “superpoder” visual.