« El pasado es una prisión , pero muchas veces nos acostumbramos a nuestra celda». Lama Rinchen, un monje budista popular en las redes sociales ( @lamarinchen_oficial ), hace esta comparación para enseñar a sus seguidores a liberarse de la carga emocional de las experiencias pasadas. Ha conocido a muchas personas que viven tan abrumadas por el pasado que no pueden ver con claridad el presente. Sufren por los recuerdos, el remordimiento, la culpa, la pena y la rabia; y no saben salir de una tormenta de ideas inaplicables que, como en una prisión, no tiene salida posible desde dentro. El segundo problema que detecta es que hay quien se acostumbra a este nivel anormal de dolor. La jaula del pasado se transforma en un hogar conocido en el que no existen otros peligros distintos a los que uno mismo ya ha aceptado como propios. Las palabras del uruguayo en un vídeo publicado en su perfil sirven de inspiración para quienes se encuentran en esta situación. Además, es una guía ordenada para quienes están acompañando a otras personas a superar esta situación tan delicada a nivel emocional. «Hay muchos pesares que nos hacen hundirnos en la vida», comienza. Muchas cosas que arrastramos «innecesariamente» y son distintas de las del que tenemos al lado. «Cada uno de vosotros tiene su historia, tiene sus pesares. Algo grave, algo fuerte». El ancla del pasado impide que en el presente podamos avanzar, cambiar de dirección. El monje anima a reflexionar sobre lo «que te está hundiendo, te está limitando, no te deja volar». Identificar los puntos de dolor es el primer paso para digerirlos correctamente. Lo compara con un pajaro que no ve que tiene las piernas atadas e intenta echar el vuelo sin éxito una y otra vez. Hasta que no se libere no podrá elevarse como debería. Dice: «Muchas veces somos como un pajarito que no puede despegar, volar, porque tiene atadas a sus piernas piedras. O sea, es una imagen muy fuerte de ver un pajarito tratando de sacudir sus alas, plumas por todos lados, pero no puede volar». Estas piedras del pasado pueden ser más o menos graves, pero todas ellas nos limitan en el presente: «Lo más grave son adicciones químicas, estar adicto al alcohol, a las drogas... es una de las piedras más pesadas. Pero también arrastramos cosas innecesariamente que ya han concluido». El sentimiento más sutil puede incidir en nuestro corazón y acciones durante años sin que lleguemos a verlo, por eso el monje llama al autoconocimiento. «Le damos vueltas a nuestra cabeza y nos hunden», insiste. La buena noticia en todo esto es que tiene solución y está en nuestras manos. «Algo es pesado si lo estás sosteniendo. Si lo pones en el suelo, en una mesa, ya no pesa», afirma. Soltar el dolor es el siguiente paso del proceso. Lama Rinchen enseña que ese dolor puede ser innecesario si no está aportando nuevas piezas del puzzle en el prensente. «Si dejas ir esa experiencia trágica que ya no tiene nada que enseñarte, ya la has visto mil veces de todos los ángulos, ya no hay nada que aprender, entonces, déjala. Suéltala», insiste. Cuando uno suelta esa carga que le ha cansado durante un tiempo, la liberación en inmediata: «Ya no pesa, ya no es tragedia, ya no te limita, ya no te hunde, por decirlo así. Entonces, mira qué cosas en tu vida puedes soltar». El pasado es solo una parte de nuestro camino, no el resultado total, y por tanto hay que tratarlo como una parte incompleta de nuestro 'yo'. Podemos y debemos seguir creciendo fuera de este pasado, salir de la jaula y mirar nuevos horizontes, aunque eso conlleve nuevos sufrimientos. «Muchas veces nos acostumbramos a nuestra celda», dice, «nos atrapa, pero es predecible, es parte de nuestra historia». Nos identificamos con esa prisión, con esa celda y no queremos salir de ahí. Podemos llegar a sentir satisfacción por este lugar de dolor, como si dijéramos «'Yo soy víctima, déjame ser víctima más tiempo'». Este camino «es muy dañino». El monje habla de la «identificación con ser víctima, con las tragedias que hemos vivido en el pasado. Una experiencia que queda grabada como si fuera un tatuaje en nuestra mente». El dolor no nos define, sino que nos suma en un conjunto de experiencias positivas y negativas. No tiene sentido refugiarse en la mitad de la vida, en la del dolor, y olvidar que uno también está hecho de lo bueno que ha vivido y le queda por vivir.