A fines de la década del cincuenta, y durante poco más de veinte años, el empresario Guido Parisier dirigió el Hotel Hermitage de Mar del Plata, la ciudad balnearia donde llegó a presidir la Bolsa de Comercio local. El 17 de septiembre de 1981 fundó Hippopotamus, la “boite” y restó que fue vitrina de la vida social del país, una bisagra en los modos del entretenimiento nocturno de la ciudad. Durante la presidencia de Carlos Saúl Menem, y por un lapso de cuatro años, se desempeñó como subsecretario de Estado a cargo del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA). Y entre otros lauros, ha sido condecorado con la Orden de Caballeros de San Martín de Tours. En esta diversidad de actividades el empresario convirtió a sus proyectos y a su propio nombre -una marca- en conceptos aspiracionales. Estar cerca suyo siempre significó “pertenecer”. Algo que entendían muy bien los famosos, políticos, actores y deportistas que atravesaron las puertas de su emblemática disco.Hippopotamus se emplazó en su histórico solar de la calle Junín al 1700 frente al elegante camposanto donde descansan familias patricias e ilustres de nuestra historia. “Fue una transición, porque la noche fue mutando. Cambió la gente, la manera de vestir. Entre las décadas del sesenta y setenta, los hombres iban a comer, tomar algo y bailar con traje y zapatos; se pasó de la camisa de seda a la remera; los muchachos se comenzaron a diferenciar por la llave del coche o el reloj, pero ya no por la ropa; incluso, el bien vestido llegó a ser rechazado”, anticipa Parisier.-Hippopotamus fue el último bastión de la elegancia. -Cuando se inauguró, nadie podía ingresar en zapatillas. Después se perdió elegancia, pero se ganó comodidad, es la evolución de la vida. -Además de ser un lugar de encuentro, tragos y pista de baile, fue famoso por ser un restó de cocina muy valorada. -La primera carta la creó Francis Mallmann. Mostrarse, ser mirado y mirar. De eso se trataba la ecuación. Todos pasaban por esa bisagra de la noche porteña. Era acceder ya no sólo a un lugar de esparcimiento nocturno que podía cerrar sus puertas con el sol iluminando la plaza Francia, sino también a un status de validación social. Durante muchos años, Hippopotamus contó con su propia publicación. Parisier ofrece la colección completa donde se pueden apreciar las imágenes que son testimonio fecundo de esas interminables noches. De Susana Giménez a Moria Casán, de Gerardo Sofovich a Oscar Barney Finn. Allí se ve a Patricia Langan de Bordeu junto a Andrés Percivale y a Susana Traverso, Teresa Calandra y Carlos Monzón. -Hoy se vive una suerte de “Moriamanía”, pero usted fue parte de eso mucho antes. -Cuando estaba en pareja con (Mario) Castiglione, nos visitaba dos o tres veces por semana. A la hora de pensar en personalidades que lo hayan sorprendido no duda en mencionar en primer lugar al bailarín ruso Rudolf Nuréyev: “El bife de chorizo que comió, aún me sorprende”. -Hippopotamus también era un sitio de encuentro de la política nacional. -El día que Carlos Saúl Menem asumió la presidencia, luego de la gala en el Teatro Colón eligió visitar Hippopotamus, pero no lo dejaron entrar. -Toda una osadía. ¿Cuáles fueron las razones del rechazo?-Esa noche, el lugar estaba destinado a la fiesta de casamiento de Mercedes Zavalía con un arquitecto y quienes estaban a cargo de controlar el ingreso no tuvieron el ingenio para permitirle el paso. De haber sucedido, seguramente hubiese bailado hasta con la novia. -Usted fue funcionario de su gobierno, ¿cómo definiría a Carlos Saúl Menem?-Un personaje maravilloso. Cuando me convocó, pensé que era para que le diera explicaciones de por qué no lo habían dejado entrar a Hippopotamus. -¿Lo citó para rendirle cuentas?-No, en cuanto comencé a justificar lo sucedido me dijo “Guido, si me vas a hablar sobre eso, me hacés perder el tiempo, te llamé porque te quiero para presidir el Instituto de Cine”.-¿Cómo era aquella noche de Buenos Aires? ¿Cuáles eran los flagelos más peligrosos? ¿Circulaba impunemente la droga?-Sobre el tema de la droga siempre escuché hablar, pero no lo he visto. No lo podría definir. No podría afirmar que en Hippopotamus había gente que consumía drogas. Se veía alguna que otra persona exaltada, pero siempre interpreté que eso era fruto del alcohol.¿Quién es Guido Parisier?No sé todavía. El título de la autobiografía de Guido Parisier es toda una declaración de principios. Una definición que explica su búsqueda incesante, la curiosidad que lo acompaña desde siempre y la vocación por emprender, aún cuando su reloj biológico marca 93 temporadas, un número meritorio que su físico y su atemporal atuendo se encargan de desmentir. Sin embargo, el No sé todavía habla de su temple para interpelarse e ir por más. Como si fuese intérprete de un enigma. Su propio misterio. El marco de la entrevista es su bellísima y cálida residencia de Palermo Chico, el hogar que comparte con la arquitecta Mónica Cafarelli, su esposa, incansable presidenta de la imprescindible organización Make a Wish Argentina, quien adoptó socialmente el apellido de su esposo.Los pórticos se abren automáticamente, varios vehículos de alta gama descansan a un costado del jardín. El palacio -en el que vive desde hace más de treinta años- es de líneas cuidadas y fastuosas, remite a las reminiscencias francesas que definen a ese enclave de la ciudad de Buenos Aires que recrea en las retinas aquellos recodos de la parisina Île Saint-Louis.-¿Quién es Guido Parisier?-El marido de Mónica.-Dejemos en claro eso.-Y también soy el padre de Gastón, André y Michell.-Su emprendimiento perfecto.-Sin dudas. -¿Qué es el éxito?-Qué buena pregunta. -Nadie mejor que usted para responderla. -Cuando el hombre siente felicidad por lo que vive puede llamarse exitoso. -Bien le cabe la definición.-Lo vivo interiormente, contento por lo que siento y por lo que vivo. -Y con la satisfacción de un camino recorrido. -Qué camino largo. -¿Transcurrió rápido?-Caminante son tus huellas el camino y nada más, caminante no hay camino, se hace camino al andar…Repite la prosa del poeta sevillano Antonio Machado que lo identifican, que le permiten pensarse, balancearse y observar ese derrotero construido con astucia, coraje y talento. No podía fallar. -Esos versos definen lo que siento. -A esta altura de la vida, ¿cómo se observa el futuro?-Con mis sueños, no he dejado de soñar. “La alegría, el humor y la suerte fueron parte de mi vida”, sostiene en uno de los párrafos de su autobiografía. Una fórmula perfecta. Acaso su gran secreto. Su nombre es sinónimo de buen vivir y de opulencias sibaritas, pero también de denodadas aventuras empresariales que marcaron varias décadas de la vida social de nuestro país. Si el día se completa en un ciclo de veinticuatro horas, tal cronografía él logró multiplicarla para dedicarse a lo suyo de manera vocacionalmente tenaz. “El futuro tiene muchos nombres. Para los débiles es lo inalcanzable. Para los temerosos, lo desconocido. Para los valientes es la oportunidad”, sostuvo Víctor Hugo, teórico del drama romántico. La aseveración bien le cabe a nuestro anfitrión. -Entonces, la clave de la vida es una cuestión de sueños. -Sí, pero para vivir hay que estar despierto. “Allí vamos a estar más cómodos”, invita. La planta baja es una sucesión de varias salas de grandes proporciones y ventanales importantes. La música acompasa de fondo, “a Mónica le gusta que siempre se escuche alguna melodía”. Desde hace tres décadas el matrimonio Parisier habita el palco 7 para disfrutar del Gran Abono del Teatro Colón.El personal sirve el café en porcelanas con el marco del escritorio ubicado en la biblioteca que Mónica Parisier se encargó de sembrar con incunables en castellano, inglés y francés. Un gozo encantador para los ojos ávidos de lecturas. Delicadeza. El clima es perfecto para la conversación.-Guido, ¿dónde nació?-En Buenos Aires, recuerdo vagamente que vivía en la vereda de los números impares de la calle Urquiza, casi esquina Hipólito Yrigoyen. -En esos tiempos de empedrado porteño, ¿qué imaginaba para su futuro? -A los catorce años organizaba bailes para mis compañeros del colegio, los hacía en la Casa Suiza de la calle Rodríguez Peña. -Un emprendedor precoz. -De chico, el contacto con el dinero venía de parte de mi padre. Me daba diez pesos y yo tenía que rendir cuentas. La cifra que rendía, él me la devolvía.-El capital escueto, pero válido para producir aquellas veladas estudiantiles.-Luego del primer baile, con mi amigo Gustavo Frischknecht nos repartimos mil cien pesos. Nunca más le pedí plata a mi padre y jamás hice cuentas. Frente al marDurante un buen tiempo, Guido Parisier fue pareja de Ana Casares, actriz de origen ucraniano, celebridad del cine y el teatro de nuestro país a quien se la comparaba, debido a su parecido físico, con Brigitte Bardot. “Luego de una breve separación, nos reconciliamos con motivo de la realización del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata del año 1958, ya que me solicitó que la acompañara. Ella se alojó en el Hotel Nogaró, donde residían las estrellas, y yo elegí el Hotel Hermitage”. El azar que suele acarrear el destino lo vinculó rápidamente con la famosa casa de huéspedes marplatense ubicada sobre el Boulevard Marítimo, frente a la postal inequívoca de la ciudad. “Yo no tenía entradas para asistir a la gala de apertura”, recuerda, sin dejarse interrumpir por las campanadas del reloj de época que suena desde la sala lindante. En aquella edición del prestigioso festival, Ana Casares recibió el galardón en el rubro Revelación Femenina. “Llegamos a la fiesta muy temprano, acompañados por la actriz María Vaner. Nos sentaron un poco alejados. Al rato, vimos que, en la mesa principal, ubicaron a una pareja que nos comenzó a hacer señas. Cuando me acerqué, leí en la tarjeta de uno de los comensales el nombre de Mariano Hermoso, presidente del festival”. La noche transcurrió sin sobresaltos y hasta con una foto publicada por LA NACION donde se lo podía ver junto a las máximas autoridades de la gran fiesta del cine.Días después, la entrega de premios y la gala de finalización del encuentro cinematográfico se realizaría en el Salón Versailles del Hermitage Hotel. “Anita (Casares) no quería asistir, para no dejarme solo, pero no era justo ya que le iban a entregar un premio. Me pasé el día entero conversando con todo el mundo viendo la posibilidad de poder ingresar. Finalmente, me presento ante el dueño del hotel y le explico que pertenecía a una empresa de capitales venezolanos interesada por comprar el edificio. Una gran mentira. Charlamos más de una hora y, antes de despedirnos, le explico que no iba a poder ingresar a la fiesta de esa noche porque no contaba con una entrada. Levantó el teléfono y, en segundos, tenía mi ubicación en la gran celebración”. -¿Usted no contaba con el capital para invertir?-No, pero, rápidamente, pensé en la manera de poder concretarlo. Finalmente, alguien me prestó una parte y, una vez adquirido el hotel, lo dividí en unidades de propiedad horizontal. -Modalidad no habitual para la época. -Fue el primer hotel en el mundo en implementarlo. Vendí 36 departamentos, lo que me permitió devolver lo que me habían prestado y hasta me sobró un porcentaje de dinero. Con el tiempo, recompré esos departamentos. -Semejante audacia para conseguir un lugar en una fiesta.-A esa edad, los muchachos son así. -No generalice, lo que acaba de contar no es tan frecuente. Se requiere inteligencia y no atemorizarse ante el riesgo. -Mis hijos son así y esa es mi felicidad. El mismo espíritu, una identidad que corre por las venas familiares, heredaron sus tres descendientes. Michell es arquitecta, instalada en Madrid, actualmente abocada a obras apostadas en Madrid, Roma y Buenos Aires; André es el responsable de Chuchú, un restó de culto instalado en el Museo Nacional Ferroviario de Retiro; Gastón creó Bigbox y fue uno de los fundadores de la aerolínea Flybondi, pero ya no forma parte de la compañía, además, trabajó junto al joven piloto Franco Colapinto en su transición a la F1.-¿Cuántos nietos tiene?-Cuatro, son los Parisier del Siglo XXll, me sorprenden cada día.El amor definitivo-¿Cómo conoció a su esposa?-En 1978, en París, me invitaron a la inauguración de una discoteca que pertenecía a un brasileño dueño de los Hippopotamus de su país. Me gustó mucho el proyecto, así que compré el cinco por ciento de las acciones de la empresa para tener una participación cuando desembarcaran en Buenos Aires. Cuando volví, lo único que me gustó fue la arquitecta, porque el proyecto, en sí mismo, era un disparate, ya que pagaban el diez por ciento de la venta por el uso de la marca, algo irremontable. -Entonces. -Como no me gustaba el proyecto, compré la totalidad e indemnicé a todos los involucrados. El 17 de septiembre de 1981 se inauguró Hippopotamus. Parisier se obnubiló ante la belleza, los modos y la inteligencia de aquella joven arquitecta que diseñó un proyecto a su medida. Se desprendió de los antiguos dueños de la marca, pero no de esa mujer que la acompañaría por el resto de su vida y se convertiría en la madre de sus hijos. -¿Cómo ha sido la vida junto a su esposa?-Conocí lo que era el matrimonio. Hasta ese momento, vivía viajando por todo el mundo, con mucha facilidad. -Seguramente, disfrutando de los placeres terrenales y las salidas sin compromisos. -Así es. -¿Qué sucedió cuando irrumpió Mónica?-Me encarriló y mi primer hijo me cambió todo. Creo que gracias a la familia sigo viviendo contento. Las celebridades en sus portarretratosEn los anaqueles de la biblioteca y sobre varias mesas de estilo propias de un anticuario selecto se suceden los portarretratos. Allí se atestiguan reuniones, encuentros históricos y momentos familiares. De celebridades internacionales como Sofía Loren y Liza Minnelli a figuras de la política mundial como Fidel Castro. -¿Dónde conoció a Fidel Castro?-En La Habana. -¿Cómo recuerda ese encuentro?-Ya había asumido mi cargo en el Instituto de Cine, razón por la cual había llegado a Cuba para asistir a un festival. En ese marco, se pautó una reunión con el comandante. Sin embargo, a poco de concretarse, me la suspendieron. Finalmente, me la rehabilitaron, pero, el día en el que se iba a producir, me la volvieron a cancelar tres veces. -¿Cuáles eran las razones argumentadas?-León, su chofer, me comentó que era una modalidad habitual, ya que el comandante tenía miedo al asesinato y que, por la misma razón, tenía cerca de treinta viviendas. Sobre la marcha, él resolvía dónde se iba a hospedar. En cada una de esas casas, debía haber un queso que se fabricaba especialmente a su gusto. -Su reunión con él se llevó a cabo.-Finalmente, me vino a buscar su chofer a bordo de un auto alemán y varios escoltas. Llegué al Palacio (de la Revolución) a las siete de la tarde y me fui a la una menos cuarto de la madrugada. Fue una recepción increíble. Estuve parado frente al comandante hablando durante largo rato, él daba un paso para atrás y otro para adelante, mientras tomaba mojitos. A mí todavía me dura el mareo producido por el primer trago, porque no tomo alcohol. -¿Cómo lo recuerda?-Era un hombre de tremenda capacidad, me impresionó por su inteligencia, contaba intimidades. ¿Recordás a Esther Williams?-Sí, la actriz nadadora. -Fidel Castro me dijo “yo le enseñé a nadar”. Me confesó algo que pocos saben. -¿Me lo comparte?-Antes de su vida política y de la Revolución, él trabajaba de extra en Metro-Goldwyn-Mayer.“El dinero facilita cumplir sueños”-¿Qué valor le otorga al dinero?-Qué preguntita.-Es un tema que ocupa y preocupa por escases o por abundancia.-El dinero facilita cumplir sueños, pero no estoy enamorado del dinero. Por supuesto, me permite tener los coches que tengo, vivir en esta casa. Siempre deseo encontrarme con Florencio Aldrey Iglesias para conversar, preguntarme qué hubiese sido de mi vida si no le hubiera vendido el Hotel Hermitage a él. -También esa transacción modificó la vida de Aldrey Iglesias.-Nada de lo que hice lo podría haber hecho, porque para todo eso se necesitó plata. -Dinero que le facilitó la venta del hotel. -Exacto. -¿Puede visualizar cuándo ganó su primer millón de dólares?-Recuerdo el millón de dólares que me envió Aldrey Iglesias para que no viajase. -Cuénteme. -Un lunes, en el que tenía pensado viajar a Cerdeña para hacer un crucero en el barco de un amigo, me llamó Aldrey, a quién conocía porque éramos competencia. Él tenía el Hotel Provincial y yo era el dueño del Hermitage. -¿Con qué finalidad se comunicó Florencio Aldrey Iglesias?-Para comprarme el hotel. En principio le dije, “me voy, nos encontramos a la vuelta” y me respondió “no te podés ir”. Yo me reía, no podía creer que me impidiera viajar. En un momento me preguntó “¿qué tengo que hacer para que no te vayas?”. -¿Qué le contestó?-“Mandame un millón de dólares”. En aquel tiempo era una cifra imposible. -No va a decirme que se concretó el insólito pedido. -Dos horas antes de mi partida al aeropuerto de Ezeiza, llegó a mi casa una comitiva de dos hombres y una mujer con una valija grande. “Se lo envía el señor Aldrey Iglesias”. Me preguntaron si quería contar los fajos, dije que no, pero tampoco me hicieron firmar un recibo. -Recibió un millón de dólares y no firmó un comprobante. -No. -¿Concretó su viaje a Cerdeña?-Por supuesto que no. Negociamos durante tres o cuatro semanas la venta del Hermitage. Lo curioso es que él me envió el millón de dólares sin saber cuál era la cifra en la que me podría interesar concretar la operación. Es más, en una de las reuniones en una escribanía, él se enojó, se levantó y se fue, pero, mientras bajaba las escaleras le grité “Aldrey, tengo algo tuyo”. -Nada menos que un millón de dólares. -Qué todavía eran de él. -¿Cómo se identifica políticamente?-Fui y soy liberal. -¿Cómo ve al país?-Me identifico con las cosas que dice el presidente Javier Milei, pero no con todas las que hace. Me preocupa encontrarle una salida social a la gente. Si el país se actualiza será un beneficio para todos. En lo personal, no le perdono que haya dejado a Fátima Florez, una mujer extraordinaria que colabora con Make a Wish. -¿Tiene trato con Javier Milei?-No, pero quisiera tenerlo. -¿Qué le diría?-Le contaría un secreto del presidente Carlos Menem que conservo desde el año 1994. -¿Cómo se llega a los 93 años en su estado?-El secreto es casarse con Mónica Cafarelli. Ella me impulsa a comer de todo, pero poco, y a hacer ejercicios, tengo mi rutina diaria breve. Además, me gusta jugar bridge. -En su autobiografía no incluyó fotografías. -No, en mi libro hay historias. No se necesita nada más.