Un dinosaurio se comió un ave poco antes del asteroide y sus heces la conservaron durante 66 millones de años. Ahora, una diminuta pluma puede explicar por qué sus parientes modernos sobrevivieron al apocalipsis
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Un coprolito de Hell Creek escondía plumas, huesos y hasta la última comida de un ave prehistórica. Su plumaje revela una posible ventaja decisiva para sobrevivir al invierno que siguió al asteroide.