Del Síndrome de Persona Rígida a hacer cantar a miles de personas: así fue la reaparición de Céline Dion

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Céline Dion (58 años) volvió a hacer lo que durante años pareció imposible: subirse a un escenario y cantar frente a miles de personas. La artista canadiense reapareció este sábado en París después de seis años alejada de los conciertos y lo hizo con una mezcla de emoción, fuerza y una frase que resume todo el camino que ha recorrido desde que su cuerpo comenzó a ponerle límites: «Hay algo que puedo decirles en tres palabras: yo estoy bien». La cantante se reencontró con su público en la capital francesa, donde ha arrancado una serie de conciertos que se prolongará entre septiembre y octubre y tendrá una segunda tanda en mayo de 2027. La expectación era enorme. Millones de personas se habían interesado por las entradas y París llevaba semanas preparándose para el regreso de una de sus artistas más queridas. Pero detrás de aquella noche había mucho más que una vuelta a los escenarios. Durante los últimos años, Dion ha tenido que aprender a cantar, caminar y convivir con su propio cuerpo de una manera completamente distinta. El síndrome de la persona rígida llegó a afectar a sus músculos, a su voz y a su capacidad para hacer algo tan cotidiano como caminar. Hoy, después de una rehabilitación física y vocal y de un proceso médico especialmente exigente, vuelve a tener delante a aquello que más echaba de menos: su público. La enfermedad comenzó a manifestarse de una manera especialmente cruel para una cantante. Dion contó que los primeros síntomas aparecieron en su voz, muchos años antes de recibir el diagnóstico. «Hace 17 años empecé a experimentar unos espasmos en la voz. Así empezó. Me desperté una mañana, desayuné y a continuación noté que la voz se me agudizaba involuntariamente», explicó en el documental 'I Am: Celine Dion'. Para alguien acostumbrada a dominar cada nota, aquello fue desconcertante. La artista relató que llegó un momento en el que no podía calentar la voz y que incluso las cuerdas vocales dejaron de responder como antes. Con el tiempo llegaron otros síntomas mucho más incapacitantes. «Llegó un punto en el que no podía caminar», contó entre lágrimas en el documental. «Perdía el equilibrio. Tenía mucho dolor. Y todavía no puedo usar mi voz. Echo muchísimo de menos la música y, sobre todo, a la gente». El síndrome de la persona rígida es una enfermedad neurológica rara, asociada habitualmente a un mecanismo autoinmune, que provoca rigidez muscular y espasmos. En el caso de Dion, determinados estímulos como los ruidos inesperados, el contacto físico o el estrés podían desencadenar las contracciones. El gran problema para Dion no estaba únicamente en poder moverse. La enfermedad también comprometía su capacidad para cantar. La propia artista explicó que el problema no estaba en sus pulmones, sino en los músculos que intervienen después en el proceso respiratorio. «Cuando trato de respirar, mis pulmones están perfectamente, el problema es lo que tienen por encima. Debido al síndrome de la persona rígida, esos músculos no ceden», contó en I Am: Celine Dion. Para una mujer cuya carrera se había construido alrededor de su voz, el diagnóstico suponía enfrentarse a uno de sus mayores miedos. La medicación tampoco resolvía por completo el problema. En el documental, Dion explicó hasta qué punto tuvo que recurrir a los tratamientos para poder afrontar incluso las actividades más básicas. «Mi instrumento no estaba funcionando, así que empezamos a subir la medicación. Pero cuando estás por salir al escenario y escuchas al público gritar tu nombre, da igual lo que te hayas tomado, recibes toda esa adrenalina, la frecuencia cardíaca y la presión sanguínea se alteran. Justo en ese momento, siento un espasmo y la voz se me vuelve a agudizar otra vez. La medicación ha dejado de hacerme efecto», relató. Llegó a tomar 90 miligramos de diazepam, además de otros medicamentos, antes de reconocer que la cantidad de fármacos se había convertido en demasiada. «Tomaba esa medicación para poder funcionar, para caminar, para tragar. Y se fueron sumando, una pastilla más, otra más y otra más, hasta que fueron demasiadas. Pero el show tenía que seguir», recordó. Dion decidió no esconder la parte más complicada de su enfermedad. En 'I Am: Celine Dion' permitió que las cámaras entraran en sus sesiones de rehabilitación y mostró también una de las crisis que sufrió durante una sesión de fisioterapia. Después de grabar una canción, comenzó a sufrir espasmos en uno de sus pies. Su fisioterapeuta explicó que, una vez que se produce una contracción, el cerebro puede no enviar correctamente la señal para que el músculo se relaje. Poco después, Dion sufrió una crisis convulsiva y tuvo que ser atendida por los servicios sanitarios. Aquellas imágenes mostraron la dimensión real de lo que estaba viviendo lejos de los escenarios. Tras recibir medicación y recuperar progresivamente el control de su cuerpo, la cantante confesó una de las emociones que más la acompañaban después de estos episodios: «Cada vez que me pasa algo como esto, me da tanta vergüenza, sientes que no tienes control sobre ti misma». El diagnóstico terminó apartándola de los escenarios durante años, pero Dion nunca llegó a asumir que aquella fuera su despedida definitiva. La rehabilitación física y vocal, junto con cambios en su tratamiento y el trabajo para reconstruir su técnica, fueron preparando el terreno para un regreso que finalmente tuvo un primer capítulo en París. El 26 de julio de 2024, durante la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de París, la cantante volvió a actuar públicamente. Bajo la lluvia y desde la Torre Eiffel, interpretó Hymne à l'amour, de Édith Piaf. Aquel momento se convirtió en una de las imágenes más emocionantes de los Juegos y demostró que Dion todavía tenía algo que decir sobre un escenario. Su regreso, sin embargo, no significaba que la enfermedad hubiera desaparecido. Dion había optado por mostrar su vulnerabilidad precisamente para explicar que recuperar su carrera no pasaba por fingir que todo estaba solucionado. Su objetivo era aprender a convivir con una enfermedad crónica sin renunciar a la música. Ella misma lo resumió durante una entrevista con Vogue Francia en 2024: «Empecé preguntándome: ¿por qué a mí? ¿Qué pasó? ¿Qué hice? ¿Soy la responsable? La vida no te da respuestas; solo tienes que vivirla. Tengo esta enfermedad por una razón desconocida. Tengo dos opciones: o entreno como una atleta y trabajo muy duro, o me desconecto y se acabó (…) Elegí trabajar en cuerpo y alma ¡Mi objetivo es volver a ver la Torre Eiffel!». Ese objetivo ya no es una promesa. Este sábado, Céline Dion volvió a estar frente a miles de personas y fue ella misma quien quiso quitar dramatismo al momento. «He aprendido a vivir con esta fragilidad; al convivir con ella, la he domesticado y he decidido convertirla en una fuerza vital (...) Esta noche cantamos, bailamos y celebramos», dijo al público al comienzo del concierto. La ciudad llevaba días preparándose para recibirla. Sus seguidores se concentraron frente al hotel en el que se alojaba mientras acudía a los ensayos, y París llegó a organizar un multitudinario karaoke antes del primer concierto. Incluso algunas estaciones de metro fueron decoradas con imágenes de la cantante. Y cuando llegó el momento de salir al escenario, Dion no pudo contener la emoción: «Había prometido no llorar, no cumplo mis promesas», reconoció durante el concierto. Después de seis años de ausencia, no necesitaba decir mucho más.