Científicos descubren un "interruptor" natural capaz de apagar la inflamación y el dolor crónico

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Nunca está de más recordar que la inflamación es una de las principales herramientas de nuestro sistema inmunitario. Cuando aparece una infección o se produce una lesión, este proceso moviliza células y moléculas que ayudan a combatir la amenaza y reparar los tejidos dañados. El problema está cuando la respuesta permanece activa demasiado tiempo. Una inflamación persistente puede perjudicar al propio organismo y está relacionada con varias enfermedades.Aunque los científicos conocen bien cómo comienza la inflamación, todavía no estaba claro cómo el organismo determina que el peligro ha pasado y llega el momento de detener la respuesta defensiva para iniciar la recuperación. Un estudio publicado en Nature Communications ofrece nuevas pistas al identificar un mecanismo natural que podría ayudar a controlar ese proceso.Un mecanismo natural para evitar la inflamación persistente La investigación se centra en unas pequeñas moléculas derivadas de las grasas llamadas epoxi-oxilipinas. Según los resultados del estudio, estas sustancias funcionan como un freno natural del sistema inmunitario, limitando la expansión de determinados monocitos. Estas células sanguíneas participan en la defensa frente a infecciones y en la recuperación de tejidos. No obstante, cuando se acumulan en exceso o permanecen activas durante demasiado tiempo, pueden contribuir a mantener la inflamación.Con el fin de estudiar este mecanismo en personas, los investigadores provocaron una respuesta inflamatoria controlada en el antebrazo de voluntarios sanos mediante una pequeña inyección de bacterias E. coli inactivadas con luz ultravioleta. Al estar muertas, las bacterias no podían causar una infección, pero sí desencadenaban temporalmente una respuesta inmunitaria. Los participantes desarrollaron signos característicos de inflamación, como dolor, enrojecimiento, hinchazón y calor.Los investigadores administraron GSK2256294, un fármaco que bloquea una enzima denominada hidrolasa soluble de epóxidos, o sEH. Esta enzima normalmente degrada las epoxi-oxilipinas, por lo que inhibirla permite que estas moléculas protectoras permanezcan durante más tiempo en el organismo. El medicamento se administró tanto antes de provocar la inflamación como varias horas después de que comenzara, para comprobar si podía funcionar de manera preventiva y también cuando la respuesta ya estaba activa. Analizan 900 biopsias y descubren por qué la enfermedad inflamatoria intestinal vuelve tras años en aparente remisiónEn ambos casos, los resultados fueron similares. El bloqueo de sEH elevó los niveles de epoxi-oxilipinas, favoreció una resolución más rápida del dolor y redujo considerablemente la cantidad de monocitos intermedios presentes en la sangre y los tejidos. Estas células se han relacionado con la inflamación persistente y con la progresión de enfermedades inflamatorias. Sin embargo, el tratamiento no modificó de forma significativa el enrojecimiento o la hinchazón, lo que apunta a que estaba actuando sobre mecanismos inmunitarios internos que no siempre se reflejan en los síntomas visibles.El equipo también investigó cómo se producía este efecto. Una de las epoxi-oxilipinas, denominada 12,13-EpOME, parece reducir la actividad p38 MAPK, una vía de señalización implicada en la transformación de los monocitos hacia un estado asociado con una inflamación prolongada. Los investigadores respaldaron esta explicación mediante experimentos de laboratorio y pruebas en voluntarios tratados con un medicamento que bloquea directamente p38 MAPK.Hacía tratamientos que controlen la inflamación sin debilitar las defensas Durante una inflamación se involucran varias célulasCabe destacar que el descubrimiento resulta muy relevante porque plantea una estrategia distinta a la de muchos tratamientos antiinflamatorios actuales. Numerosos medicamentos para enfermedades autoinmunes actúan suprimiendo determinadas funciones del sistema inmunitario. Esto puede reducir la inflamación, pero también puede interferir con las defensas frente a infecciones. En cambio, potenciar un mecanismo que el organismo ya utiliza para apagar la inflamación podría permitir recuperar el equilibrio inmunitario sin bloquear de manera general la respuesta defensiva.Las epoxi-oxilipinas ya habían mostrado efectos contra la inflamación y el dolor en investigaciones con animales, pero su función en seres humanos era mucho menos conocida. El nuevo estudio proporciona evidencia directa de que este sistema también participa en la regulación de la respuesta inflamatoria humana.Los resultados podrían ayudar a futuros ensayos clínicos con inhibidores de sEH en enfermedades inflamatorias crónicas, como la artritis reumatoide y algunas patologías cardiovasculares. En la artritis, por ejemplo, estos fármacos podrían estudiarse junto con los tratamientos existentes para determinar si ayudan a controlar los brotes y limitar el daño articular.Por ahora, los resultados no significan que los inhibidores de sEH puedan utilizarse ya como tratamiento. Se trata de una investigación inicial que identifica un mecanismo biológico prometedor. Sin embargo, descubrir una vía capaz de ayudar al organismo a apagar la inflamación y aliviar el dolor abre una nueva posibilidad terapéutica: controlar la respuesta inmunitaria sin desactivar las defensas que protegen al cuerpo.