Batman Day 2026 – Batman: The Dark Knight Returns

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Edición original: Batman: The Dark Knight Returns (DC Comics, 1986)Edición España: DC edición facsímil. Batman: The Dark Knight Returns (Panini Comics, 2026)Guion: Frank MillerDibujo: Frank MillerEntintado: Klaus JansonColor: Lynn VarleyTraducción: Santiago GarcíaFormato: Rústica · 48 páginas · 7,50 €Un momento muy especial«You are a joke»Frank Miller (Olney, Maryland, 1957) tuvo una consabida y meteórica carrera en Marvel Comics. Tras dos números en Spiderman con guion de Bill Mantlo, pasó a Daredevil donde ilustró los guiones del malogrado Roger McKenzie. Al poco tiempo, pasó a autor completo. Tenía apenas 23 años.Es sabido que se trata de una etapa referencial de DD, posiblemente la mejor del personaje y de las mejores de Marvel en general. Creó a Elektra, convirtió a Kingpin en un villano implacable y poderoso, a Bullseye en un odioso psicópata y a Murdock en un personaje trágico y legendario.Impregnó la serie de su amor por el noir y la usó para probar técnicas y recursos narrativos con concepciones de página cada vez más audaces.Concluyó por todo lo alto, con un momento icónico de Marvel, matando a Elektra (por primera vez).La editora de DC, Jahnette Kahn, oportunista y astuta, le ofreció una colaboración. Tras una comida en la que Miller y Kahn hablaron largamente sobre su amor por la cultura japonesa, el autor empezó a trabajar en Ronin.Influido por El Lobo Solitario y su Cachorro, el legendario manga de Koike y Kojima, que conoció en la celebre librería de cómics neoyorquina Forbidden Planet, Miller exploró nuevos caminos narrativos, innovando y experimentando hasta el límite de su capacidad. En esos inicios FM era un imán de influencias que sintetizaba en su esencia y volcaba en su páginas.Ronin no fue “el Juggernaut de ventas” que todos esperaban. Miller, arrogante, inquieto, impaciente y extremadamente joven, recibió un golpe de realidad.Sin embargo, Giordano no renunció a la estrella y vio en Miller la piedra angular sobre la que reconstruir Batman, un justiciero urbano, cercano al noir que tenía ciertos paralelismos con Daredevil. El murciélago era, además, el personaje favorito de Miller, excepto por la serie cringe televisiva de Adam West.Miller reconstruyó a Batman influido por el momento en el que vivía. Los ochenta de Reagan, en plena Guerra Fría, con un gobierno norteamericano beligerante y ultraliberal, fueron vividos por FM como una época oscura, peligrosa y amenazante.Eso marcó su recreación de Batman.Cogió la idea esencial de “su” Batman (Finger, Sprang, Robbins, O’Neill y Adams, entre otros) y la llevó al presente y a la cincuentena (también Miller ha dicho que no podía ser que Bruce Wayne fuera más joven que él)Otra de las influencias de Miller fue el oscarizado western High Noon, Solo ante el peligro. Obra maestra del cine clásico dirigida por Fred Zinnemann y protagonizada por Gary Cooper, Grace Kelly, Floyd Bridges o Lee Van Cleef entre otros. El film, que tiene un fuerte subtexto relacionado con la Caza de Brujas hollywoodiense, ha acabado siendo un referente cultural en si mismo como paradigma de la mitificación hombre solitario, del héroe, como bastión ultimo de la sociedad, la civilización y el bien.El héroe, el individuo, el hombre… el centro absoluto de la cultura americana… como base del individualismo de la sociedad capitalista y de la ideología libertaria.La influencia de esta película es tal que convirtió a Cooper en un icono nacional y ha sido referenciado como prototipo del héroe integro, ultima frontera del país, bastión final de una sociedad acorralada.Miller atribuyó esta categoría a su Batman. Una sociedad, ciudad en este caso (Gotham) que se derrumba víctima de las bandas, la corrupción empresarial, la debilidad institucional, la ambigüedad política… le queda el último recurso del héroe solitario, firme, determinado e integro: BatmanEl hombre murciélago es lo último que nos queda ante una sociedad que se desmorona por la codicia reaganiana, el Sida, las drogas, la Guerra Fría y la abulia social. O eso nos dice Miller.No solo High Noon influyó en su versión de Batman, Miller ha mostrado siempre su ideología política en su obra. FM es libertario y ensalza la libertad individual por encima de las políticas de estado. Esto lo vemos en DKR: Batman contra Reagan… y Superman, el héroe prototípicamente americano (¿vendido?) a merced del gobierno. Miller lo expone en el capítulo final, en un clímax apocalíptico que nos sitúa al borde de la aniquilación nuclear…¿y qué nos salva?Volvemos otra vez, al héroe, el individuo solitario, audaz, determinado, firme…Miller consigue situar a Batman como icono cultural, social… y político. Un mito nacional y por tanto mundial.Volvemos al pasado… nacido en Maryland, pero criado en Vermont, Miller fue muy joven a Nueva York, a labrarse una carrera como dibujante. El impacto de la ciudad, de sus ciudadanos, de su cultura, de su calle, de sus bandas callejeras… influyó de manera estrepitosa en el autor.Esto lo podemos ver ya en su muy localista Daredevil, totalmente arraigado a la ciudad y a sus calles. Miller llegó a pasearse por los tejados de Hell’s Kitchen para hacer más realista su trabajo.Esta ciudad bochornosamente calurosa en verano, despiadada, dura, llena de depredadores fue la base de la Gotham distópica.Miller proyecta las amenazas de la gran ciudad ochentera (las bandas, las drogas, la violencia, la noche, las agresiones sexuales, las mujeres indefensas) en el Caballero Oscuro. Las bandas de mutantes cuyo uno objetivo es “comerse la ciudad”, matar, violar, mutilar, depredar… son una metáfora poco disimulada de su visión de las calles neoyorquinas, de la gran ciudad vista por un chico de campo.Todas estas amenazas (las bandas, las droga, la delincuencia y la violencia) el autor las interpreta como un fenómeno climático inevitable contra el que luchar y resistirse, como una hidra monstruosa a la el héroe debe enfrentarse, como algo externo a él, como una mutación multicausal que absorbe vida propia.Miller traslada a “su Batman”, acostumbrado a enfrentarse a mafiosos, matones, ladrones y villanos de comic, a la sociedad en la que vive y lo enfrenta a la terrible y ochentera amenaza de las bandas callejeras, representada por los mutantes (los delincuentes deshumanizados, el otro).Esta banda que siembra el terror en Gotham sirve como elemento catalizador de diferentes subtextos. Por una parte, tenemos el lado pusilánime de los políticos que muestra su debilidad pactando, cediendo y buscando la manera de asimilarlos en un sistema que Miller considera fallido, carcomido por la comodidad y la vagancia.Los mutantes también muestran el borreguismo de la masa que cambia de chaqueta a la mínima, que se sube de forma acrítica al caballo ganador en función de como gire el viento. Miller no deja de resaltar la figura del individuo, como bastión final, que con determinación se enfrenta a la masa informe de individuos que siguen la corriente imperante.Miller y Freud.El cambio ideológico de los propios mutantes, que pasan de seguir a su líder-alfa (una especie de hombre-tiburón sediento de sangre y violencia) a ser acólitos de Batman, no dejan de representar (ni que sea involuntariamente) las personas que por giro políticos apoyan a líderes contrarios a sus intereses (como la clase trabajadora que apoya a partidos y políticos de derecha o extrema derecha). En la propuesta de Miller, es la masa acrítica que sigue al más fuerte. No olvidemos que Miller se ha significado como anti-trumpista en la actualidad.Sirve la trama de los mutantes, además para reivindicar la preeminencia de la veteranía y la experiencia sobre la juventud. La técnica frente a la improvisación. El conocimiento frente ala fuerza física. La civilización frente a la fuerza de la naturaleza.Carrie Kelley es la Robin de esta serie. Miller nunca ha dejado de darle el mérito al ínclito John Byrne, que incluso llegó a abocetar al personaje. No deja de ser muy representativo (y cringe) del autor de Hulka que, con todo el histórico subtexto sexual que ha habido entre Batman y Robin, considere que el compañero ideal de un cincuentón sea una niña de trece años. Mucho mejor así, John, di que sí.No es la primera vez que Byrne muestra hombres veteranos en interacciones comprometidas con chicas adolescentes. Pero este no es el tema hoy.Esta Robin, con un pasado construido en tres viñetas, da una sensación de humanidad, fragilidad e inocencia, que Miller despliega con toda su maestría y cariño por los personajes. El paternalismo con el que trata a Carrie sirve para mostrar como se emancipa el personaje. El individuo responde, crece y madura cuando se le dota de responsabilidad.Por otro lado, tenemos la trama del Joker. Un personaje afeminado, al que se le han buscado interpretaciones homófobas en esta versión de Miller, pero que protagoniza una trama fuertemente ideológica también.La sociedad, el sistema penitenciario y la ciencia (representada por un psicólogo de caricatura), ponen la mano en el fuego por un Joker (dicen) redimido, listo para la reinserción. El culpable de su trastorno psicopático e hiperviolento, es Batman. Otra vez el héroe, el individuo atacado y acorralado al que una sociedad aborregada y blanda quiere eliminar.Tan solo Gordon, el policía (que no la policía como institución) “sabe” la verdad y es que el Joker no cambia, el individuo no cambia, solo cuenta su naturaleza, no hay espacio para la reinserción, el aprendizaje y la redención. Volvemos al individuo solitario, al héroe incomprendido, pero firme y que siempre tiene razón basada en sus tripas, su instinto.Tampoco Dos Caras escapa a su naturaleza psicopática. Curiosamente aquí Batman sí da un voto de confianza a Dent, seguramente basado en su pasado en común, en su vieja amistad. Pero Dent tampoco se redime, tampoco escapa a su naturaleza de escorpión. El fallo de Batman, confiar en las emociones, en la nostalgia de la amistad. Miller alecciona e humaniza a Bruce al hacerle falible… y confiar en la amistad y la nostalgia.Es curiosa la tendencia de Miller en este cómic en apostar por la maldad ante este personaje dicotómico. Dent tiene dos opciones, el bien y el mal. La medicina pone todo de su parte para potenciar y fomentar el bien, pero lo que prevalece, lo preponderante, es el mal. Vence la desconfianza. La medicina no sirve, solo cuenta el instinto del policía veterano.El clímax final del tebeo, el momento cumbre, es el inevitable enfrentamiento entre Superman y Batman.Es lo más recordado de este cómic, y es que rezuma un subtexto sobresaliente y profundamente ideológico por parte de Miller.Superman es el héroe privilegiado, pero también la amenaza superpoderosa en manos de los poderosos de los que mandan, del gobierno, de Reagan en este caso. En plena Guerra Fría, con décadas de terror a la amenaza nuclear, Miller sitúa el elemento más poderoso del universo DC en manos de un gobernante beligerante, violento, peligroso y amenazador.El duelo es imposible, pero Miller se lo toma como una metáfora del individuo contra el estado y la estructura, una muestra de rebeldía e inconformismo. Identifica al gobierno y las instituciones como el mal, por lo que pone en boca de Batman la legendaria línea de diálogo en la que el murciélago se jacta de su posición rebelde, antiheroica: “Siempre hemos sido delincuentes, Clark”.(El comunista, anti-fascista Green Arrow se alía con el libertario Batman para luchar contra el estado “fascista” de Reagan)Tan imposible es el enfrentamiento que Batman cae… y muere víctima de su edad y de llevar su lucha más allá del límite de su cuerpo, de sus posibilidades…Sin embargo, Miller, que se ha mostrado bastante cenizo en su análisis de la sociedad y del momento que vivía (motivos tenía para ello), nos da un elemento de esperanza, un rayo de luz… y es que en la Batcueva (un rayo de luz en la Batcueva, you know), viejo y achacoso, diseña junto con las nuevas generaciones la sociedad que esta por venir.Y es que Miller nos dice que Batman, el héroe solitario, servirá como inspiración (como Gary Cooper en High Noon para el propio Miller) ideológica a los elementos que formaran la futura e inmediata sociedad.Por otra parte, decir que la obra es un ejercicio soberbio de técnicas y hallazgos narrativos. En su ansia para conectar a Batman y al tebeo con la época, Miller usa la televisión como recurso narrativo total.A través de una televisión verborreica, paródica, humorística y tendenciosa, Miller nos sitúa en la época, homenajea, crítica y adoctrina. Anticipa, además, caricaturizando la televisión de su época, el medio actual con su tendencia a crear miedo entre los televidentes y usarlo para crear estado de opinión tendenciosos e interesados.El autor muestra su maestría en líneas de diálogo que han trascendido el medio (las magistrales intervenciones de Alfred las “fusiló” Snyder para ponerlas en la boca de Jeremy Irons (y sinceramente, no mejoraron el Alfred de Miller)), expresando cantidad de ideas y conceptos con una economía de esfuerzo “fascinante”… en ellas nos habla de cambio climático, de pobreza, ocio, redención, amor, amistad…Miller simplifica su dibujo “mutante” (pocos autores hay más cambiantes que FM), en un paso intermedio entre Daredevil y Sin City, pero de fuerte personalidad, algo caricaturesco, sintético, expresivo, repleto de momentos icónicos, de viñetas que han estallado como referencias en la cultura popular… aunque siempre al servicio de su potente capacidad narrativa, influyente hasta el día de hoy.Las tintas de Janson y el color pastel de Varley, potencian su capacidad expresiva y dan un punto de boceto a medio hacer con la mayor intención narrativa posible.Todo ello se concreta en una obra maestra del género atemporal que resiste el paso del tiempo y las reinterpretaciones controvertidas y profundamente ideológicas a las que da pie. Como es sabido su influencia está presente aún hoy en día, ya que ha marcado a varias generaciones de lectores y autores.↑Lo mejorUna referencia absoluta del cómic.Se puede leer y releer… y siempre hay cosas nuevas a descubrir↓Lo peorAlgunas ideas políticas son algo controvertidas.