La Tierra pudo tener un «primo» más grande que acabó devorado por el Sol: los científicos creen que dejó una huella en el Sistema Solar

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Cuando se piensa en objetos celestes capaces de engullir materia en el universo, la atención suele centrarse en los agujeros negros. Sin embargo, una investigación reciente apunta a un protagonista mucho más cercano, nuestro propio Sol, como potencial causante de la desaparición de cuerpos celestes en su entorno. Según un nuevo estudio, la estrella central del sistema solar pudo haber destruido y devorado a uno de los planetas que orbitaban a su alrededor durante sus etapas más tempranas.El estudio ha visto la luz en la revista científica de revisión por pares Monthly Notices of the Royal Astronomical Society, que depende de la organización Académica de Oxford. Un trabajo que ha contado con la dirección del experto Mutlu Yildiz, profesor de Astrofísica en la Universidad de Ege, en Turquía.El enigma del litio y la huella de una «súper-Tierra» Su línea de investigación se ha centrado en resolver la baja presencia de litio en el Sol y las discrepancias entre los modelos solares teóricos y las observaciones reales de su interior. A tenor de lo expuesto en el estudio, esa anomalía encaja con el hecho de que el Sol primitivo engulló una "súper-Tierra", un planeta rocoso varias veces más masivo que el nuestro. Este evento dejó una huella química oculta bajo la capa convectiva de nuestra estrella que ha servido a Yildiz y su equipo como pista fundamental para sostener su hipótesis.El ensayo habla de una "huella química duradera en lo profundo" de la estrella como indicio para evaluar qué pudo provocar dicho rastro. Para perfilar su investigación, el equipo se sirvió de un software de código abierto llamado Modules for Experiments in Stellar Astrophysics (MESA). Dicho software simula la evolución de las estrellas según cómo absorben o acumulan materia a lo largo del tiempo.Simulaciones mediante software para reconstruir el pasado del SolEn los patrones establecidos para el Sol en los orígenes del sistema solar, este estaba rodeado por un disco protoplanetario desde el cual la materia fluía hacia la estrella. La clave del hallazgo reside en que los planetas rocosos poseen una firma química muy diferente a la del gas del disco; por ello, la absorción de un cuerpo de gran tamaño dejó un impacto indeleble en la composición química del interior solar, tal como destaca el propio Yildiz en el artículo publicado: “Dado que los planetas están compuestos de un material químicamente diferente al gas del disco nos preguntamos si la temprana absorción de un planeta podría haber dejado una huella química en el interior del joven Sol”.La comparativa de los modelos generados frente a las mediciones acústicas actuales que hacen referencia a la estructura interna del Sol avalan la teoría de que en sus primeras fases pudo engullir un cuerpo planetario de 5 a 10 veces la masa terrestre que conocemos. Un suceso que explicaría la limitada presencia de litio en el Sol.De igual modo y de confirmarse dicha hipótesis, daría respuesta a otra de las grandes preguntas que se han formulado los investigadores a lo largo de los años: la ausencia de súper-Tierras en nuestra vecindad planetaria. Un aspecto curioso, en especial si se tiene en cuenta que se trata de cuerpos celestes cuya presencia sí está ampliamente confirmada en otros sistemas descubiertos en la galaxia.Aunque los investigadores aclaran que su estudio no supone una prueba definitiva, sí marca la dirección en la que deberán profundizar futuras investigaciones. Tal como concluye Yildiz, el siguiente paso será intentar aislar de forma independiente esta huella química para certificar de manera irrefutable la existencia de ese planeta engullido en la juventud del Sol.