Lu Qi, epidemiólogo Lu Qi de la Universidad de Tulane: «La exposición a niveles altos de luz nocturna puede alterar la estructura y el funcionamiento de nuestro corazón»

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Quizá la luz de una farola colándose por la persiana o el brillo de la pantalla del móvil antes de dormir pueden afectar al descanso no es ningún secreto. Lo que llama la atención es que esa claridad nocturna puede llegar a modificar, literalmente, la forma y la fuerza con la que bombea nuestro corazón. A esta conclusión ha llegado un equipo de la Universidad de Tulane tras un estudio realizado con más de 11.000 personas. El fenómeno detrás de este descubrimiento se conoce en medicina como "remodelado cardíaco". Básicamente, el corazón cambia su estructura física cuando se ve sometido a un estrés constante. Aunque ya se sospechaba que la contaminación lumínica aumentaba el riesgo de sufrir problemas cardiovasculares, el profesor de epidemiología Lu Qui, de la Universidad de Tulane, y su equipo querían ver qué ocurría exactamente a nivel anatómico con el paso de los años.Para comprobarlo, tiraron de los registros del Biobanco de Reino Unido. Primero, equiparon a los participantes con sensores en la muñeca para pedir con precisión cuánta luz recibían al acostarse. Unos tres años más tarde, les hicieron resonancias magnéticas para observar sus corazones al detalle.Las diferencias saltaron a la vista Cómo afecta la iluminación nocturna a nuestro corazónQuienes dormían en habitaciones con algo más de luz, a partir de apenas tres lux, presentaban alteraciones muy claras. La más llamativa estaba en el ventrículo izquierdo, el motor principal que bombea sangre a todo el cuerpo: sus paredes se habían vuelto más gruesas, restándole espacio interior y haciéndolo menos elástico a la hora de relajarse entre latido y latido. Además, había cambios en la aurícula izquierda y el ventrículo derecho, lo que apunta a un impacto generalizado en toda la estructura del órgano.Conviene mantener la calma y no sacar conclusiones precipitadas. Al tratarse de un estudio a modo de observación, los propios autores recuerdan que no se puede culpar de forma directa y exclusiva a la luz; en el camino se cruzan otros factores inevitables como la calidad del sueño, el estrés diario o el estilo de vida.Aun así, el aviso está ahí. Pasamos la vida vigilando el colesterol, la dieta o el sedentarismo, pero casi nunca nos paramos a pensar cómo nos afecta el entorno donde dormimos. A la espera de más respuestas, bajar las persianas del todo, dejar las pantallas fuera de la cama y elegir bombillas cálidas son algunos gestos con los que no solo descansará la cabeza, sino también el corazón.