¿Puede el cuerpo dar pistas sobre la salud que el peso y la estatura no son capaces de revelar? Una investigación reciente apunta en esa dirección. Los científicos han encontrado que la combinación de una mayor acumulación de grasa en la zona abdominal y una poca fuerza de agarre en relación con el tamaño corporal está asociada con un riesgo considerablemente mayor de mortalidad.El descubrimiento pone el foco en dos características que pueden evaluarse mediante procedimientos muy sencillos. Por un lado, el tamaño del abdomen; por otro, la fuerza con la que una persona puede cerrar la mano. Ninguna de estas médicas es nueva para la medicina, pero la forma de combinarlas podría aportar nueva información a la que ya proporciona el conocido índice de masa corporal, o IMC.Una combinación que merece atención Para llegar a esta conclusión, un equipo de investigadores en China analizó los datos de 5.674 adultos estadounidenses a los que siguió durante casi siete años. En ese periodo fallecieron 373 participantes. Al comparar las características de quienes murieron con las de quienes sobrevivieron, apareció un patrón particularmente llamativo entre las personas que reunían dos condiciones: un abdomen más grande y una fuerza de agarre baja en relación con su tamaño corporal.Quienes presentaban ambas características registraron un riesgo de mortalidad un 97 % superior al de las personas que no tenían ninguna de ellas. Es decir, dentro de la población estudiada, la coexistencia de estos dos factores estuvo relacionada con un registro de muerte por cualquier causa cercano al doble.La explicación puede estar relacionada con lo que cada medición representa. El tamaño abdominal puede servir como una aproximación a la cantidad de grasa acumulada alrededor de la zona central del cuerpo. Esta grasa, conocida como grasa visceral cuando se deposita alrededor de los órganos internos, tiene características metabólicas diferentes de la grasa almacenada en otras partes del organismo.En cuanto a la fuerza de agarre, puede funcionar como una ventana indirecta hacia el estado de la musculatura y la capacidad física. En investigaciones anteriores ya se había observado una relación entre una baja fuerza de agarre y un mayor riesgo de distintos problemas de salud. La novedad del trabajo está, en parte, en que los investigadores tuvieron en cuenta la fuerza en relación con el tamaño corporal, en lugar de limitarse al valor absoluto registrado por el dinamómetro. El IMC sitúa a muchas personas en una categoría de peso incorrectaEsta distinción lo cambió todo. Las personas con una fuerza de agarre baja para su tamaño presentaron por sí solas un riesgo de mortalidad aproximadamente un 60 % mayor. El diámetro abdominal, en cambio, no mostró una relación significativa con la mortalidad cuando se examinó de manera aislada. La señal más clara apareció cuando ambas características estaban presentes al mismo tiempo.El resultado también ayuda a entender por qué el IMC tiene ciertas limitaciones. La fórmula relaciona el peso con la altura, pero no se puede distinguir si esos kilos proceden principalmente de músculo, grasa u otros tejidos. Tampoco informa sobre la distribución de la grasa. Dos personas pueden presentar exactamente el mismo IMC y, sin embargo, tener composiciones corporales y perfiles metabólicos muy diferentes.Esto no significaba que el IMC haya dejado de ser útil. Es una medida rápida, económica y fácil de calcular, y continúa siendo útil en determinados contextos clínicos. El problema aparece cuando se interpreta como una descripción completa de la salud de una persona.El papel de la fuerza durante el envejecimiento La fuerza de agarre es mucho más importante de lo que pareceLa edad hace que esta cuestión sea todavía más relevante. Con el paso de los años, conservar la fuerza y la movilidad puede adquirir una gran importancia. Una persona puede perder peso y, al mismo tiempo, estar perdiendo masa muscular, algo que no necesariamente representa una mejora de su estado físico. Por esa razón, los cambios de peso deberían interpretarse junto con otros indicadores de salud y capacidad funcional.En última instancia, ningún número puede resumir por completo el estado de un organismo. El IMC, el tamaño abdominal o la fuerza de agarre pueden actuar como piezas de un rompecabezas, pero es la combinación de diferentes indicadores, junto con la edad, el historial médico, la alimentación, la actividad física y otros factores, la que permite acercarse a una valoración más realista de la salud.El estudio, publicado en Archives of Gerontology and Geriatrics, añade un nuevo punto al debate sobre cómo evaluar el riesgo asociado al peso y al envejecimiento. Su principal mensaje no es que haya que abandonar el IMC, sino mirar que más allá de él podría proporcionar una visión mucho más completa de lo que ocurre en nuestro cuerpo.