En pleno ecuador de la vigesimocuarta edición de la Bienal de Flamenco de Sevilla, el Espacio Turina abrió sus puertas en la tarde del domingo 20 de septiembre al espectáculo 'Manos que hablan' , protagonizado por el sevillano Manuel Imán y el onubense Manuel de la Luz. De la Luz fue el encargado de inaugurar la cita, y lo hizo presentando algunos temas de su nuevo disco 'De raíz' , publicado el pasado 18 de septiembre, dos días antes del concierto en la Bienal. Así, recorrió el nuevo material a través de tangos y bulerías, entre otros palos flamencos . Aunque el recital lo arrancó con el onubense acariciando su guitarra en solitario, pronto la madera dejó de hablar sola, para dar la bienvenida a otras voces que se fueron incorporando a la tarima. Primero, Lito Mánez entró a las percusiones. Luego se sumó Pablo Báez al contrabajo y bajo, según las demandas de cada obra. La incorporación escalonada de los músicos permitió ir descubriendo en directo qué aportaba cada instrumento. No obstante, el toque mágico entró en escena cuando Vladimir Dmitrienco , al violín, y Gretchen Talbot , al chelo, ocuparon sus respectivos asientos. «Me gustaría dar las gracias a la Bienal. Creo que es un espacio especialmente importante. Siempre nos ponemos nerviosos, pero cuando toca venir aquí, todo se multiplica», admitió De la Luz. El punto final a su actuación lo marcaron tres interpretaciones: un vals flamenco -y una de las joyas del disco, pues el género no ha sido investigado ni trabajado desde el mítico vals del onubense El Niño Miguel- dedicado a su tío Antonio, una bulería y 'Tangao', estas dos últimas con «el grandísimo maestro, guitarrista sevillano, Miguel Imán» , cuya huella fue inconfundible. Lo bueno suele durar poco, y aunque a ambos se les veía muy cómodos tocando juntos, llegó el momento de despedir a Manuel de la Luz, y los allí presentes apostaron por hacerlo con una ovación. Una vez solo sobre el escenario, con el Espacio Turina a sus pies, Manuel Imán optó por enamorar a Sevilla con 'Rawait suite'. Llegados a este punto, Imán empezó a cambiar de idioma y, con ello, la corriente. La guitarra siguió siendo el centro de todo, pero acababa de aparecer la electricidad, porque si hay algo en lo que el sevillano es pionero es en la fusión de rock con raíces flamencas . Antes de dar paso a 'Albor', 'Nana de la mañana' y una saeta, el protagonista quiso dar las «gracias por estar aquí. Gracias a los técnicos, la organización y a todos los que trabajamos para que esto ocurra de manera bonita y bella ». Una vez terminado el bloque de temas en solitario, el guitarrista Juanito Campos , el cantaor Cristian de Moret y el percusionista Fernando Maya abandonaron el backstage para acompañar al maestro con 'Morita mora', 'Tangos de Juanito' y una seguiriya. Fueron las bulerías en clave de blues «dedicadas al espíritu africano unas bulerías, aunque tienen también el compás de la Alameda» las que pusieron el broche de pro a la jornada. Terminó así una velada musical en la que se corroboró que una raíz no es una cadena, sino también lo que permite que una planta crezca . En el Espacio Turina, el domingo acabó con dos maneras de entender la raíz, y la guitarra como hilo conductor entre tradición, flamenco, rock y experimentación. Y para que las manos hablen, alguien tiene que escuchar. Ahí estaba Sevilla, enmudecida.