Subirse a un avión implica aceptar algo en lo que casi nunca pensamos: durante unas horas, dejamos nuestra seguridad en manos de alguien con conocimientos que nosotros no tenemos. Podemos mirar por la ventanilla, dormir, leer o incluso ignorar por completo lo que ocurre en la cabina, porque confiamos en que allí delante todo está bajo control. El problema empieza cuando esa certeza desaparece. Entonces surge una pregunta para la que ningún pasajero espera tener respuesta: qué haríamos si, de repente, el avión siguiera volando pero ya no hubiera nadie capaz de pilotarlo.Eso fue exactamente lo que le ocurrió a Darren Harrison el 10 de mayo de 2022. Regresaba a Florida después de un viaje de pesca en Bahamas, acompañado por otro pasajero, a bordo de un Cessna 208 monomotor. En algún momento del trayecto, el piloto les avisó: "Chicos, tengo que deciros que no me encuentro bien". Poco después dejó de responder y cayó sobre los controles. El avión empezó a descender y a girar con brusquedad. Harrison entendió entonces que esperar a que aquello se resolviera solo ya no era una opción.Aterrizando un avión sin saber pilotar Cuando Harrison llegó a la parte delantera, la situación era todavía peor de lo que había imaginado. "Lo único que vi cuando llegué a la parte delantera fue agua por la ventanilla derecha y sabía que se acercaba rápido", contaría después. Su primera preocupación fue corregir aquel descenso sin hacer un movimiento brusco: levantó el morro poco a poco hasta conseguir estabilizar la aeronave. Según explicaría más tarde, sabía que una corrección demasiado agresiva podía provocar una pérdida y que la velocidad a la que descendían también podía ponerlos en peligro. "En ese momento supe que, si no reaccionaba, moriríamos". Para él, aquella fue "la parte más aterradora de toda la historia". {"videoId":"x8az7jj","autoplay":false,"title":"Viajar en avión podría ser un infierno con estas patentes", "tag":"", "duration":"172"} Superado aquel primer peligro, Harrison necesitaba encontrar a alguien que pudiera decirle qué hacer después. El primer auricular que intentó utilizar no funcionaba: los cables estaban dañados y faltaba el conector, así que tomó el del otro pasajero y consiguió finalmente contactar con control aéreo. "Tengo una situación grave. Mi piloto está incoherente. No tengo ni idea de cómo volar el avión", avisó por radio. La respuesta llegó con una pregunta elemental: dónde se encontraba. Harrison tampoco podía resolverla. "No tengo ni idea. Veo la costa de Florida delante de mí y no tengo ni idea". El Cessna 208 tras el aterrizaje de emergencia en Palm Beach | Imagen: CBS News Los controladores tuvieron que empezar por algo todavía más básico que enseñarle a aterrizar: localizar el avión. Le pidieron que mantuviera las alas niveladas y siguiera la costa mientras trataban de determinar su posición. Durante aquellos minutos, su tarea consistió simplemente en conservar el Cessna estable y utilizar el litoral de Florida como referencia visible desde el aire. La reconstrucción posterior de la FAA sitúa la aeronave, una vez localizada, aproximadamente a 20 millas, unos 32 kilómetros, al este de Palm Beach, sobre el océano Atlántico. Encontrarlo era solo el primer paso. Darren Harrison, a la derecha, junto al controlador aéreo Robert Morgan | Imagen: FAANews Entonces entró en escena Robert Morgan. El controlador de Palm Beach, que además era instructor de vuelo a tiempo parcial y acumulaba más de dos décadas de experiencia en control aéreo, estaba de descanso cuando lo llamaron para explicarle lo que ocurría. Nunca había pilotado aquel modelo concreto, así que el equipo se apoyó en imágenes de la cabina de un Cessna 208 para identificar qué debía indicarle a Harrison. También tomó forma el destino: Palm Beach International disponía de una pista más larga, menos congestión y una cobertura de radio adecuada. Mientras tanto, en tierra se detenían salidas y vuelos de entrenamiento cercanos y los servicios de emergencia se preparaban para recibirlos. Darren Harrison conversa con Robert Morgan, el controlador que lo guió durante la aproximación | Imagen: FAANews Morgan fue reduciendo la situación a instrucciones concretas: mantener la aproximación, controlar la velocidad y disminuir potencia conforme Harrison se acercaba a la pista. En los últimos instantes, el Cessna desapareció de la pantalla del radar. Morgan comprobó que Harrison seguía escuchándole y continuó guiándolo: le explicó cómo reducir potencia, mirar hacia el final de la pista y completar la toma. Poco después llegó la frase que todos esperaban. "Estoy en tierra. Estoy en tierra. ¿Qué quieres que haga ahora?". Morgan ya le había explicado durante la aproximación cómo funcionaban los frenos y, una vez en pista, control aéreo siguió orientándolo hasta que consiguió detener el avión. Los dos pasajeros salieron ilesos. En Xataka El avión eléctrico más grande del mundo ya ha realizado su primer vuelo: solo ha gastado cinco dólares en electricidad Solo después de detener el Cessna llegó todo lo que Harrison había mantenido fuera de su cabeza durante el vuelo. Rezó, llamó a su mujer, embarazada de siete meses, y reconoció después que nunca había pensado en despedirse de ella: "En mi cabeza sabía que no iba a morir". Su preocupación volvió entonces al piloto, que fue trasladado al hospital, operado de una disección aórtica y recibió el alta días después para continuar recuperándose. Harrison resumiría más tarde aquellos minutos con una lógica mucho más sencilla que heroica: no sabía cómo iba a terminar aquello, pero sabía que tendría que aterrizar. Como explicó después, tenía que hacerlo "porque no hay otra opción".Imágenes | CBS News | FAANews | CessnaVía | CBS NewsEn Xataka | Ryanair es la única compañía que utiliza escaleras propias en aviones de gran tamaño. Es la única en la que los pasajeros se caen a cientos - La noticia "No tengo ni idea de cómo volar el avión": la historia de un pasajero que tuvo que hacerse con los mandos para sobrevivir fue publicada originalmente en Xataka por Javier Marquez .