Miraba Juan Pedro a sus pupilos desde el callejón, anotando el comportamiento de cada uno en cada tercio. A buen seguro que el ganadero disfrutó del cuarto de la tarde, un animal que mostró calidad desde que salió de chiqueros. Lo disfrutó Castella toreando a la verónica, en un templado saludo en el que se atisbaban las virtudes de un astado que cumplió en varas, y al que bregó bien Chacón. Comenzó el francés la faena por estatuarios, pasándose al juampedro por la espada de forma intercalada en un vibrante inicio. Pero el toro no quería nada por alto, quería que lo llevaran por abajo, con distancia y suavidad. Algo que no siempre supo darle el francés, buscando más las... Ver Más