En Sevilla se anda sobre las ruinas de lo antiguo. Pisar es acariciar la Historia, pasear es desenclavar la eternidad con las zancadas. El adoquín es el soporte en el que se cobija la memoria de los tiempos. Lo que fuimos hasta llegar a lo que somos. El flamenco es un ardid que se sustenta primeramente en el respeto y en la memoria, porque sus genes son gitanos. Y si algo tiene el gitano es conciencia por su pasado. Nadie mejor para representar eso que Alonso Núñez Núñez, Rancapino Chico, legatario de una estirpe que va desde el hombre del que heredó su apodo hasta Orillo del Puerto o la Obispa. Por eso, para esta Bienal trae 'Pizarra', una propuesta... Ver Más