Aloha Martín es médica de urgencias en Castilla-La Mancha y conoce de primera mano lo que es vivir una guardia de 24 horas. En su caso, supone entrar a las 8:00 de la mañana y, en teoría, salir a la misma hora del día siguiente. “Acabas a las 8:00, pero pocas veces te vas a esa hora porque antes tienes que dejar resueltos los pacientes, atender las nuevas complicaciones y, si es necesario, quedarte junto a tus compañeros”. El cansancio y el estrés son como dos compañeros más en este proceso. “Aunque exista la posibilidad de descansar algo, nunca desconectas del todo”, relata, y explica que en ningún caso dejan de atender a los pacientes de la mejor manera, pero lo hacen a costa de su propia salud. Esta sobrecarga se traduce en muchas bajas por depresión, estrés o agotamiento. “Estamos sobrecargados, sobresaturados y estresados”, denuncia.Esta sobrecarga de trabajo con unas guardias que en ocasiones se sienten como infinitas es el principal motor de la lucha que se lleva librando desde hace años en el sector sanitario. La pandemia de Covid-19 fue el detonante que dio visibilidad a unos problemas que arrastraba el sector desde hace tiempo y, por ello, a partir de 2020, los médicos y el resto de trabajadores sanitarios comenzaron a salir a la calle para pedir mejoras laborales.No fue hasta 2022 cuando el Gobierno aprobó una reforma para reducir la temporalidad en el empleo público y ordenó al Ministerio de Sanidad iniciar la negociación para actualizar el Estatuto Marco de 2003. Las conversaciones comenzaron formalmente en 2023 y se retomaron en 2024 tras quedar interrumpidas por el adelanto electoral. Sobre la mesa fueron apareciendo algunas de las cuestiones que siguen hoy en el centro del conflicto: las 35 horas, la jubilación, la clasificación profesional, la falta de personal y las condiciones de las guardias.Durante 2025, sin embargo, el desacuerdo se hizo más profundo. Mientras los sindicatos de clase que representan al conjunto de trabajadores sanitarios (CCOO, UGT, SATSE y CSIF) defendían mejorar el Estatuto dentro de un marco común para todas las categorías sanitarias, los sindicatos exclusivos de médicos comenzaron a reclamar un espacio de negociación propio y una regulación específica para los facultativos. Las movilizaciones y huelgas de unos y otros terminaron discurriendo en paralelo hasta que en enero de 2026 Sanidad y los sindicatos del Ámbito de Negociación alcanzaron un acuerdo para impulsar el nuevo Estatuto Marco. El pacto incorpora como novedades fijar un máximo de 45 horas semanales, limitar las guardias a 17 horas —frente a las actuales de hasta 24— y garantizar que los descansos posteriores no generen deuda horaria. Además, refuerza la conciliación, con mayor flexibilidad, planificación anticipada de turnos y más supuestos de exención de guardias, y reconoce derechos como la desconexión digital y una mayor protección de la salud física y mental.Los sindicatos médicos no han quedado satisfechos con este acuerdo y han anunciado que a partir del 28 de octubre van a comenzar una huelga indefinida con el principal objetivo de conseguir un estatuto y una mesa de negociación exclusiva para médicos. Víctor Pedrera, secretario general de la Confederación Estatal de Sindicatos Médicos (CESM), principal convocante de la huelga, explica que detrás de esta convocatoria está la idea de que “nada tiene que ver un graduado con cuatro años de formación con un médico que tiene una formación de seis años más cuatro o cinco años obligatorios de formación especializada”. Esta idea, sin embargo, no la comparten todos los médicos. Aloha Martín es una de ellos. “Comparto todas las reivindicaciones de la huelga, pero, desde mi punto de vista, no es el paso más adecuado”, explica. “Cada categoría es un mundo, pero todas son necesarias. Tenemos que pedir cada uno lo que necesitamos, sin desprestigiar al resto”, añade. Para ella, “con estatuto propio o no, hay que tratar cada peculiaridad, pero no aparte”.Hugo Juan, médico en Madrid, comparte esta misma visión y pone el foco en que todos los trabajadores son igual de importantes. “Yo, como médico, no me creo especial. Creo que soy una parte fundamental, como lo son la limpiadora y el administrativo”, describe.Juan relata cómo en una ocasión tuvo que realizar una guardia en un centro rural y una paciente sufrió una parada cardíaca. El médico tuvo que coordinar su actuación con una enfermera, un celador y hasta una familiar de la mujer, y gracias a esta colaboración consiguieron salvarla. “¿Es importante el familiar? Sí ¿Es importante el celador? Sí ¿Es importante la enfermera o soy importante yo? Todos somos importantes”, sostiene. “La sanidad funciona precisamente porque cada pieza cumple una función”, resume.Sobre esta polémica también se pronuncia José-Pelayo Galindo, médico y secretario de Salud de Comisiones Obreras en Andalucía, que considera que el nuevo Estatuto incorpora avances importantes para los facultativos y señala especialmente la regulación de las guardias, la conciliación, el descanso y la jubilación parcial. “La visión global del Estatuto Marco es muy positiva”, sostiene y cuestiona que los sindicatos médicos planteen una negociación separada. “Lo único que esconde es que quieren secuestrar la negociación colectiva de los médicos y disgregar la negociación colectiva en el Sistema Nacional de Salud”, afirma.Los convocantes rechazan esa interpretación. Pedrera afirma que el Ministerio “ha dado una patada hacia adelante sin atender a ninguna de nuestras reivindicaciones” y mantiene que el texto no resuelve los problemas específicos de los médicos.Otro de los puntos de fricción es el ámbito de la protesta. Galindo considera que varias reivindicaciones, como la jornada de 35 horas o la organización concreta de las guardias, deben negociarse en las comunidades autónomas: “Eso se negocia en las comunidades autónomas. ¿Por qué se le hace una huelga al Ministerio sobre aspectos que son competencias de las comunidades autónomas?”.Sanidad defiende precisamente que el Estatuto fija un marco básico común, mientras que son las comunidades las que mantienen competencias sobre organización y gestión de sus servicios y deben aplicar esta normativa. Los sindicatos médicos, por su parte, dirigen sus reivindicaciones al Ministerio porque consideran que el origen del conflicto está en la norma estatal y en el modelo de negociación que la acompaña. Por eso reclaman modificar el Estatuto antes de que avance su tramitación parlamentaria.El conflicto también supone una división entre profesionales sanitarios. Galindo alerta de que “hay un cisma entre categorías”. “Está en peligro el trabajo en equipo en el sistema sanitario”, explica. Hugo Juan también rechaza que la profesión médica se sitúe por encima del resto y Martín pone el foco en la unidad. “La unión con otros sindicatos es lo que nos da fuerza”, concluye.