Dos Alemanias ante las urnas: la AfD encabeza los sondeos en Mecklemburgo y Die Linke en Berlín

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Alemania apenas ha tenido tiempo de digerir la victoria de la ultraderecha en Sajonia-Anhalt cuando vuelve este domingo a las urnas en otro Estado del este, en Mecklemburgo-Pomerania Occidental, y en Berlín. Hace menos de dos semanas, Alternativa para Alemania (AfD) se convirtió allí en primera fuerza con el 43,8% de los votos frente al 17,2% de los democristianos de la CDU. Aunque sus 39 de 83 escaños no le bastan para gobernar, han vuelto a tensionar el cordón sanitario ante la disposición de la formación "rojiparda" de Sahra Wagenknecht y su negativa a sumarse a un bloqueo contra la formación ultra.El resultado no fue un episodio aislado, sino que confirma la expansión de la extrema derecha. A escala federal, el último DeutschlandTrend de ARD coloca a la AfD en el 27%, seis puntos por encima de la CDU/CSU. Además, apenas un 15% de los alemanes se declara satisfecho con la coalición gubernamental entre democristianos y socialdemócratas y solo un 13% valora positivamente la gestión del canciller Friedrich Merz.Ese es el contexto en el que unos 1,3 millones de electores de Mecklemburgo-Pomerania Occidental elegirán este domingo su nuevo Parlamento. La última encuesta de Forschungsgruppe Wahlen para ZDF refleja una carrera prácticamente empatada: el SPD de la presidenta regional, Manuela Schwesig, alcanzaría el 37%, frente al 36% de la AfD. Die Linke se situaría en el 9%, la CDU en el 6% y los Verdes justo en el umbral del 5%.La magnitud del crecimiento de la ultraderecha se aprecia al compararlo con 2021, cuando la AfD obtuvo allí el 16,7%. Ahora los sondeos le atribuyen más del doble. La diferencia con Sajonia-Anhalt está en la fortaleza personal de Schwesig. El 55% de los consultados por la encuestadora Infratest dimap preferiría un Gobierno regional liderado por el SPD, frente al 32% que apuesta por uno encabezado por la AfD. Preguntados por quién preferirían como jefe del Gobierno regional, Schwesig obtiene un 59% frente al 28% del candidato ultra Leif-Erik Holm.El ascenso de la AfD sigue teniendo una geografía muy marcada. Sus mejores resultados se concentran en los Länder del este que formaron parte de la antigua RDA soviética, donde supera habitualmente el 30%. Pero hace tiempo que dejó de ser únicamente un fenómeno oriental. Para Jesús Casquete, catedrático de Historia del Pensamiento y de los Movimientos Sociales y Políticos en la Universidad del País Vasco y autor de Democracias estresadas, su crecimiento es "constante y exponencial", aunque todavía “no homogéneo”.Tanto es así que el avance de la AfD se aprecia también en el oeste del país. En marzo consiguió alrededor del 20% en Baden-Württemberg y Renania-Palatinado, y el pasado domingo triplicó su resultado en las municipales de Baja Sajonia: del 4,6% al 15,9%. Para Héctor Sánchez, investigador principal del CIDOB, estos resultados permiten afirmar que la AfD ha roto, o está muy cerca de romper definitivamente, la frontera electoral entre este y oeste. Aunque sigue teniendo más apoyo en la antigua Alemania oriental, sostiene que es difícil explicar que ronde el 30% en los sondeos nacionales sin asumir que su implantación se ha extendido ya al conjunto del país.Ruth Ferrero, doctora internacional por la UCM y MPhil en Estudios de Europa del Este por la UNED, cree igualmente que la ultraderecha "ha roto esa frontera como límite de su expansión", pero no como factor explicativo del voto. AfD, explica, ya tiene implantación nacional y electorados consolidados en el oeste, pero la diferencia está en la intensidad: allí compite con CDU y SPD, mientras que en buena parte del este "se está convirtiendo en el partido central del sistema político".Miguel Otero, investigador principal del Real Instituto Elcano y profesor de la IE School of Politics, Economics and Global Affairs, considera que la AfD "canaliza el descontento de amplias capas de la sociedad alemana", también en el oeste, ante cuestiones como la inmigración, la falta de inversión o el deterioro de los servicios públicos. Ferrero añade que ha logrado "convertir agravios diferentes en una misma identidad política". En el este pesa la reunificación y la percepción de abandono; en zonas industriales occidentales, la desindustrialización, la energía y la precarización.Apenas unos kilómetros al sur de Mecklemburgo-Pomerania Occidental, el mapa cambia. Berlín vota el mismo día y las últimas encuestas colocan a Die Linke en cabeza con un 21%, seguida de la CDU con un 20%. La AfD aparece tercera, con un 18%, por delante de los Verdes, con un 16%, mientras el SPD se queda en el 12%. La capital funciona así como una isla electoral dentro del mapa oriental alemán. Otero apunta a las propias dinámicas de Berlín, una ciudad "más progresista" y "más cosmopolita" que buena parte del territorio que la rodea, donde además el voto urbano y joven tiene un peso mucho mayor. Eso no significa que la AfD quede al margen —su 18% supondría también un avance importante—, pero sí que el descontento encuentra aquí otros canales políticos.Las razones del buen momento de Die Linke son en buena medida berlinesas. La vivienda y los alquileres son con mucha diferencia la principal preocupación de los electores: un 32% los identifica como el problema más importante. La formación ha situado los alquileres en el centro de la campaña de Elif Eralp, con propuestas para limitar las subidas en el parque público, ampliar la vivienda municipal y aplicar el referéndum de 2021 sobre la socialización de viviendas de grandes propietarios.Ferrero sitúa ahí una de las claves de su éxito: Die Linke ha logrado hacer coincidir uno de los principales problemas percibidos por los ciudadanos con el eje central de su campaña, mientras otros debates que impulsan a la AfD en buena parte del país, como la inmigración, tienen un peso diferente en una ciudad acostumbrada desde hace décadas a una mayor diversidad cultural. Otero coincide en que la vivienda le ha permitido conectar especialmente con el electorado joven, uno de los sectores más afectados por el encarecimiento del acceso a la ciudad.La formación cuenta además con una fuerte implantación histórica en la capital. Nació en 2007 de la unión del Partido del Socialismo Democrático (PDS), sucesor de la SED que gobernó la Alemania Oriental, y Trabajo y Justicia Social-La Alternativa Electoral (WASG). Desde la reunificación, el PDS había sido una fuerza relevante en Berlín, sobre todo en los barrios orientales, una implantación que ha heredado Die Linke y que le proporciona una estructura territorial más sólida que en otros puntos del país.Pero su electorado actual ya no puede explicarse únicamente por esa herencia. Entre los berlineses de 16 a 34 años, un 38% prefiere que Die Linke lidere el próximo Gobierno regional. Ferrero destaca ese factor generacional, mientras Otero recuerda que la formación dispone además en Berlín de "un tejido de movilización y de contacto con la ciudadanía" particular. Por encima de las particularidades regionales, las dos votaciones son otra prueba para Friedrich Merz. El canciller llega al domingo después de la derrota de la CDU en Sajonia-Anhalt, con su partido por detrás de la AfD a nivel nacional y con un resultado potencialmente muy bajo en Mecklemburgo-Pomerania. La presión política interna ha llevado incluso a que Merz cancele su viaje a la Asamblea General de Naciones Unidas.Para Ferrero, Mecklemburgo-Pomerania es "el test más peligroso para el canciller" porque toca una de sus principales apuestas: recuperar a los electores que se marcharon a AfD con un discurso más conservador, especialmente en migración o seguridad. Un resultado del 6% o 7%, advierte, plantearía si esa estrategia recupera votantes o está "normalizando los temas de AfD sin devolverlos a la CDU".Ante un posible fracaso electoral, la CDU intenta cerrar filas. Ocho presidentes regionales democristianos publicaron este miércoles una declaración conjunta de respaldo al canciller y el partido ha convocado una reunión especial para después de las elecciones. Merz ha descartado vincular su continuidad a estos resultados y sostiene que pretende completar la legislatura.Sánchez considera que estas elecciones no estaban llamadas inicialmente a convertirse en un plebiscito sobre Merz, pero los malos resultados de la CDU en Sajonia-Anhalt han cambiado el escenario. A su juicio, el debate afecta ya menos a la estrategia concreta contra la AfD que a "su capacidad para liderar el Gobierno" y sacar adelante las reformas que Alemania necesita. Si el domingo confirma nuevos malos resultados, advierte, aumentará la presión interna sobre un canciller cuyo liderazgo ya empieza a ser discutido abiertamente dentro de su partido.Las urnas pueden ofrecer así el domingo dos imágenes muy diferentes de Alemania: una Pomerania donde la AfD se mueve cerca del 40% y un Berlín donde Die Linke disputa la primera posición. Detrás de ambas aparece un sistema de partidos cada vez más fragmentado, una CDU y un SPD con dificultades para recuperar el espacio perdido y una AfD que, aunque conserva en el este su principal bastión, ya no encuentra en la antigua frontera de la RDA el límite de su crecimiento.