Por qué la corona de novia sigue siendo uno de los arbustos más elegidos

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Hay plantas que anuncian la primavera con una flor y otras que directamente se convierten en primavera. La corona de novia pertenece a estas últimas: de un día para otro, sus ramas parecen desaparecer bajo una lluvia de pequeñas flores blancas y el arbusto entero adquiere el aspecto de una nube suspendida en el jardín.Spiraea es un género de arbustos de la familia Rosaceae que en Argentina conocemos, sobre todo, como corona de novia. Su atractivo no está en una flor espectacular tomada de manera individual, sino en el efecto que produce la suma: cientos de pequeñas flores blancas agrupadas sobre ramas arqueadas que terminan por ocultar buena parte del follaje. El resultado tiene algo de nevada tardía, pero con una diferencia importante: esta vez el blanco anuncia calor, no frío. El viverista Ignacio Van Heden resume algunas de las razones de su permanencia en los jardines: “Se caracterizan por su resistencia al frío, su adaptabilidad climática y su valor ornamental”. Es, probablemente, una de las mejores explicaciones para entender por qué este arbusto sigue siendo un clásico: además de bonito, tiene una rusticidad que le permite atravesar el invierno sin demasiados problemas.Una nube blanca Si hubiera que elegir una planta para explicar el concepto de arbusto cubierto de flores, Spiraea cantoniensis sería una excelente candidata. Es un arbusto caducifolio, de ramas finas y arqueadas, que puede alcanzar aproximadamente entre 1,5 y 2,5 metros de altura y una dimensión similar de ancho. Sus pequeñas flores blancas aparecen agrupadas a lo largo de las ramas y producen una floración particularmente abundante.Una recomendación importante: no conviene tratar a todas las Spiraea como si fueran la misma planta. El género incluye especies con diferentes hábitos de floración y necesidades de poda. En las que florecen sobre las ramas formadas en la temporada anterior, una poda fuerte en invierno puede significar, sencillamente, podar también buena parte de la floración que se estaba esperando.La corona de novia que parece una fuenteHay arbustos que crecen hacia arriba y otros que parecen tener una pequeña coreografía incorporada. Spiraea × vanhouttei pertenece claramente al segundo grupo.Sus ramas largas y arqueadas forman una silueta de fuente y, cuando llega la floración, las pequeñas flores blancas aparecen agrupadas sobre los tallos hasta hacer que el arbusto parezca cubierto de nieve. Es una de las plantas clásicamente conocidas como corona de novia.Su estructura es parte fundamental de su belleza. Por eso suele lucir mejor cuando tiene espacio suficiente para desplegar las ramas y caer con naturalidad, en lugar de quedar encerrada entre otras plantas o sometida a podas geométricas permanentes.Es una excelente opción para una bordura de arbustos, un cerco informal o como ejemplar aislado donde pueda apreciarse su silueta. Y hay un detalle de diseño que vale oro: una vez terminada la floración, el arbusto vuelve a ser verde y pierde buena parte del impacto que tenía durante esas semanas. Conviene, entonces, acompañarlo con especies que tomen el relevo después. Así, el efecto no termina cuando caen los pétalos: simplemente cambia de protagonista.La dama rosada Spiraea japonica es una excelente elección para incorporar a los canteros. En primavera se viste de pequeñas flores rosadas, reunidas en delicados corimbos que aportan un toque de color fresco y luminoso. Su porte compacto —alcanza entre 50 y 80 cm— la convierte en una especie especialmente versátil. Entre sus cultivares, ‘Anthony Waterer’ se distingue por su follaje dorado al momento de brotar y por sus flores de un rosa pálido que realzan el conjunto.La madrugadora de la familiaSpiraea thunbergii, en cambio, conquista por su floración temprana y por una textura particularmente fina. Sus pequeñas flores blancas aparecen con generosidad a comienzos de la primavera, creando una escena liviana y etérea. Es, además, una especie de gran valor otoñal, especialmente interesante en climas donde puede expresar todo el atractivo de su follaje antes de la llegada del invierno. Puede alcanzar aproximadamente 1,50 m de altura y admite muy bien una poda de renovación.Una señal de cambio de estaciónQuizás allí esté su mayor encanto. Las clásicas coronas de novia no son simplemente un arbusto de flores blancas: son capaces de marcar visualmente el pasaje entre dos estaciones.Después de meses en los que el jardín se sostiene sobre ramas, cortezas, follajes persistentes y estructuras más silenciosas, la aparición repentina de estas flores funciona como una especie de cambio de escenario. Primero llega el blanco; después, el follaje nuevo empieza a ocupar su lugar y la planta cambia nuevamente de aspecto.Y quizá por eso el nombre popular le queda tan bien. Corona de novia: una planta que parece vestirse de blanco justo cuando el jardín empieza a abandonar definitivamente el invierno.