Batman Day 2026 – Batman: La secta

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Edición original: Batman: The Cult #1-4 USA (Marvel Comics, 2026)Edición España: Batman: La secta (ECC Ediciones, 2024)Guion: Jim StarlinDibujo: Bernie WrightsonColor: Bill WrayTraducción: Bárbara Azagra RuedaDiseño: Isaac RomanaFormato: Cartoné · 256 páginas · 32,5 €«Encárgate de ese cabrón por mí, ¿vale?»Cuenta con ello amigo.En agosto de 1988 se publicó el primer número de Batman: The Cult, una miniserie de cuatro entregas dobles escrita por Jim Starlin y dibujada por Bernie Wrightson. Una historia violenta en la que el guionista juega con la idea del héroe roto y su posterior resurgimiento. Funciona, es más, si no fuese por la alargada sombra de otras obras del personaje como Batman: Año Uno o Batman El regreso del caballero oscuro, podríamos catalogar Batman: La secta como una de sus mejores obras.Como el propio guionista explica en el prólogo introductorio, este proyecto nace como la necesidad de reivindicar a ese Batman más visceral, más violento y desencadenado, una versión que curiosamente es el camino por el que ha decidido llevar Scott Snyder su Absolute Batman con tanto éxito. La sinopsis de la obra es sencilla pero no su ejecución cargada de matices y mensajes entre líneas. Entra en escena un nuevo personaje, el diácono Blackfire, Jim Starlin juega a lo largo de la historia con su origen, en ocasiones insinuando una longevidad que le lleva a ubicarlo en actividades cien años en el pasado, en otros momentos lo tilda de un simple charlatán que aprovecha su situación de ascendencia de la que se ha erigido como el salvador, o más concretamente, el salvador de Gotham. Su misión en primera instancia es ayudar a los pobres sin hogar, pero rápidamente quedan claras sus intenciones, la creación de un ejército de sin techos promovidos por una fe ciega hacia su persona con el objetivo de adueñarse de la ciudad. Como no puede ser de otra manera, el papel de Batman es trascendental, pero el guionista lo convierte en un mero peón de la partida, en una escaramuza, han conseguido reducirlo, y mediante el uso de drogas y la debilidad ocasionada por no proporcionarle alimentos en su cautiverio le convierten en un presa fácil, subyugada a las órdenes del Blackfire y habiendo perdido todo raciocinio.Jim Starlin pone el foco en las consecuencias de este tipo de personas, de lo peligroso de determinados discursos, y la capacidad que tienen determinadas personas para captar devotos que – llevándolo al extremo aunque dudo que difiera mucho de la realidad – lleguen al punto de no dudar a la hora de dar su vida por su líder.Gotham y su atmósfera como protagonistaNo se entiende Batman sin su ciudad, Gotham, y en buena medida, esta termina siendo una protagonista más en buena parte de las historias del personaje. Es increíble hasta qué punto puede llegar a condicionar el desarrollo de la trama la forma en que funcionan sus calles y ciudadanos. Y en esta ocasión, no podía ser menos, la obra transcurre a dos niveles, a pie de calle tenemos el caos perpetrado por los adeptos de Blackfire, el objetivo es ni más ni menos que limpiar la ciudad y el plan tiene dos vértices, por un lado, la acción popular, eliminar de las calles a los sin techo con el objetivo de ser bien visto por los ciudadanos “de bien”, y en cuanto se desvela el auténtico rostro de Blackfire y sus intenciones el plan rápidamente muta a erradicar a los diferentes mandos de la ciudad, en algunos casos aplaudidos por la ciudadanía – ya sabemos que la corrupción es uno de los estigmas de Gotham -, y por otro, daños colaterales que sirven no sólo para sorprender al lector sino para evidenciar, que Jim Starlin va con todo dispuesto a no dejar indiferente a nadie.A pie de calle es un caos, pero en las entrañas de Gotham la situación no es mucho mejor. La ciudad que nos muestran Starlin y Wrightson parece enferma, atrapada en una espiral de violencia, corrupción y abandono que convierte el terreno en el escenario perfecto para que alguien como Blackfire pueda erigirse en salvador. No necesita construir el problema, tan solo aprovecharse de uno que ya existe. Los ciudadanos tienen miedo, los más desfavorecidos han sido olvidados y las instituciones no son capaces de ofrecer una respuesta convincente. En ese contexto, la aparición de alguien que promete orden puede resultar mucho más peligrosa que el propio caos.Y aquí es donde Gotham adquiere una dimensión especialmente interesante. Blackfire no pretende conquistar una ciudad sana para después transformarla, sino apropiarse de una ciudad que ya está rota. Su discurso encuentra un terreno abonado en una sociedad cansada de la delincuencia y de la corrupción, y lo realmente inquietante es comprobar que, durante buena parte de la historia, sus métodos pueden llegar a confundirse con una solución. La secta no solo impone su voluntad mediante la violencia, también consigue que una parte de Gotham perciba esa violencia como algo necesario.Bernie Wrightson juega un papel fundamental a la hora de construir esta atmósfera. Su Gotham es oscura, sucia y amenazante, una ciudad en la que las sombras parecen ocupar tanto espacio como los propios personajes. El dibujante, maestro indiscutible del terror, consigue trasladar a las calles de Gotham una sensación de pesadilla que encaja como un guante con el relato de Starlin. Hay algo casi orgánico en sus edificios, en sus callejones y en esos espacios subterráneos que recorren los protagonistas, como si la propia ciudad estuviera observando lo que sucede en sus entrañas.Y ese aspecto resulta especialmente importante porque Batman: La secta es, en buena medida, una historia de descenso. Batman cae física y psicológicamente, Gotham cae bajo el control de Blackfire y los ciudadanos terminan abrazando una violencia que inicialmente parecía dirigida contra aquellos que consideraban responsables de sus problemas. Todo parece conducir hacia abajo, hacia un lugar cada vez más oscuro del que escapar resulta complicado.Por eso Gotham funciona aquí casi como un personaje más. No es únicamente el lugar donde Blackfire pone en marcha su plan ni el territorio que Batman debe recuperar. Es la razón por la que ese plan puede funcionar. La ciudad está lo suficientemente deteriorada como para que alguien pueda presentarse como su salvador y, al mismo tiempo, lo suficientemente desesperada como para que muchos estén dispuestos a creerle.En ese sentido, quizá uno de los mayores aciertos de Batman: La secta sea precisamente ese retrato de Gotham como una ciudad que no necesita un enemigo para convertirse en un infierno. Blackfire solo tiene que abrir la puerta.La influencia de Batman: La sectaNo releía esta obra desde que la publicó Planeta Cómic en 2025, han pasado más de veinte años, y sigue conservando tanto su fuerza como su vigencia, y de la misma manera que ante determinados secuencias o composiciones de página es inevitable ver la influencia de Batman: Año Uno o Batman: El regreso del Caballero Oscuro en el trabajo de Jim Starlin y Bernie Wrightson, también es más que evidente que podemos encontrar un poco de Batman: La secta en historias recientes de una importancia capital. Por ejemplo, ante esa salida masiva de los ciudadanos de Gotham por el caos creado en las calles el Diácono nos empuja a recordar el gran clásico Batman: Tierra de nadie, si bien es cierto, que esa sensación de desesperación, de abandono del hogar aquí se resuelven en tan solo algunas escenas y el desarrollo en la macro saga tuvo un mayor detalle por su extensión, pero no sería arriesgado deducir que ese concepto tan bien plasmado en estas páginas terminó llevando años después a una propuesta mucho mayor. Por otro lado, Scott Snyder y Nick Dragotta sorprendieron hace un par de años con la “enormidad” de su Absolute Batman, y es inevitable realizar un gesto de aprobación al ver la entrada en escena del gigantesco batmovil con el que Batman y Robin tratan de asaltar la ciudad. Esta es la grandeza del cómic, que nunca sabes en qué momento una idea, por muy difuminada que parezca no se va a convertir en el germen de algo inmensamente mayor.La grandeza de Bernie WrightsonEs imposible hablar de Batman: La secta y no detenerse en la importancia capital de la figura de su dibujante, Bernie Wrightson, a quien por su carrera profesional tendemos a vincularlo al género del terror con sus trabajos para Eerie y Creepy o su Frankenstein y por supuesto a La Cosa del Pantano junto a Len Wein, y por supuesto, este Batman. Aquí Wrightson lleva su sensibilidad hacia el terror creando una Gotham especialmente opresiva y una versión del personaje sometida física y psicológicamente. Y precisamente ahí encontramos una de las grandes virtudes de Wrightson. Su Batman no es el héroe omnipotente al que estamos acostumbrados. A medida que avanza la historia, su figura se va descomponiendo, tanto física como mentalmente, y el dibujante convierte ese proceso en una auténtica pesadilla. El cuerpo de Batman se encoge, se encorva, se deteriora y pierde progresivamente esa sensación de control que transmite habitualmente. Cuando el personaje cae, Wrightson no se limita a mostrarnos que está derrotado, consigue que lo sintamos.Lo mismo sucede con Gotham. Sus calles, sus edificios, sus alcantarillas y sus espacios abandonados parecen diseñados para esconder algo. Las sombras tienen un peso enorme en sus páginas y Wrightson sabe perfectamente cuándo enseñar y cuándo reservarse información. La oscuridad no es únicamente un recurso estético, forma parte de la narración. Hay momentos en los que apenas necesitamos distinguir qué está sucediendo para comprender que algo terrible está a punto de ocurrir.Y si hay algo que me parece especialmente destacable es su capacidad para hacer que lo grotesco resulte creíble. Rostros desencajados, cuerpos deformados, multitudes convertidas en una masa amenazante, cadáveres, sangre, enfermedad… Wrightson introduce todo ese imaginario propio del terror sin que Batman deje de sentirse como Batman. Al contrario, consigue llevar al personaje a un terreno en el que probablemente nunca había estado de una manera tan explícita.Hay tantas secuencias grabadas a fuego en la retina que no hacen sino evidenciar que estamos ante uno de los grandes autores de la historia del cómic. Su dominio de la anatomía, la iluminación, la expresividad y, sobre todo, de la atmósfera, convierte cada página en una pieza susceptible de ser contemplada más allá de la propia narración. Y ese es, probablemente, el gran triunfo de Wrightson en Batman: La secta. Su trabajo eleva la calidad de esta obra hasta la cota de obra maestra.Si nos ponemos puntillosos, es cierto que la obra tiene algunos grises, claramente difuminados por el excelso trabajo de los autores, decisiones como el uso de las armas en el último acto por más que Jim Starlin se sirva de Batman y Robin para argumentar los motivos de esa polémica decisión no deja de ser algo poco natural y que no casa con la esencia del personaje, tampoco decisiones como la de abandonar a su compañero herido – Robin – por priorizar resolver el problema del Diácono por encima de cuidar de la «familia» un sentimiento quizás más arraigado en los últimos años que en el momento en que se publicó la obra, con todo, estos detalles no empañan la que es uno de los imprescindibles de Batman.No me quiero despedir sin poner sobre la mesa que por desgracia, esta obra aun no ha sido publicada por Panini Cómics, a buen seguro que antes o después lo harán, con lo que la última edición es de ECC Ediciones en la que además incluyeron otras historias del artista con Batman como protagonista.↑Lo mejorTodo un acierto la apuesta de Jim Starlin por esta versión más adulta de Batman y que tanto cuesta encontrar en obras de reciente publicación.El trabajo mayúsculo de Bernie Wrightson a la altura de los mejores autores que han pasado por el personaje regalando al lector continuamente escenas para el recuerdo.Que esta obra a día de hoy esté descatalogada y no haya una edición actual a la altura de su calidad.↓Lo peorPor poner una pega, el uso que en el cuarto acto hacen de las armas tanto Batman como Robin, aun poniendo voz el guionista a los personajes para razonar sus motivos es algo que cuesta ver en un personaje como Batman.