Pensábamos que el Atlántico solo movía calor, pero la ciencia descubre que actúa como una válvula que retiene la temperatura

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El océano desempeña un papel imprescindible en la regulación del clima terrestre. Sus corrientes redistribuyen enormes cantidades de calor, transportan nutrientes y conectan regiones muy alejadas entre sí. Dentro de este complejo sistema destaca la circulación meridional del Atlántico, una gran red de corrientes que mueve agua entre las zonas tropicales y las regiones del Atlántico Norte. Su comportamiento puede tener consecuencias que van mucho más allá del propio océano, ya que interviene en la distribución de temperaturas y precipitaciones a escala planetaria.La circulación meridional del Atlántico suele compararse con una gigantesca cinta transportadora. El agua cálida viaja hacia el norte desde las regiones tropicales y, al enfriarse, se hunde y emprende el camino de regreso por las profundidades oceánicas. Este proceso permite redistribuir energía y también contribuye a transportar sustancias esenciales para numerosos organismos marinos. Sin embargo, un nuevo estudio plantea que existe una manera más precisa de entender su función. En lugar de imaginar la circulación meridional del Atlántico únicamente como un mecanismo que lleva el calor de un hemisferio al otro, los investigadores proponen considerarla una especie de válvula térmica que regula la facilidad con la que el calor almacenado en el océano se puede liberar.Los científicos buscan respuestas en las grandes oscilaciones climáticas del pasado Para llegar a esta conclusión, un equipo internacional de científicos, que ha publicado su estudio en Nature Geoscience, recurrió a uno de los mejores archivos naturales de la historia climática: los hielos acumulados durante miles de años. Durante las épocas glaciales del Pleistoceno se produjeron cambios bruscos en el clima conocidos como eventos Dansgaard-Oeschger. Los registros obtenidos de los núcleos de hielo de Groenlandia muestran que, durante aquellos episodios, el clima podía experimentar transformaciones rápidas asociadas a modificaciones importantes en la circulación del Atlántico.Hasta ahora, una de las explicaciones más aceptadas recurría a la idea de un "balancín térmico" entre ambos polos. Según este planteamiento, cuando el Atlántico redistribuía el calor de una determinada manera, una región polar podía calentarse mientras que la otra se enfriaba. El nuevo trabajo propone mirar el fenómeno desde otro ángulo, incorporando conocimientos obtenidos durante las últimas décadas sobre el contenido del calor del océano, el hielo marino y el equilibrio energético de la Tierra.Los investigadores utilizaron tres modelos climáticos capaces de reproducir, bajo las condiciones de una época glacial, cambios espontáneos y persistentes similares a los observados en aquellos antiguos registros. Los resultados revelaron que la intensidad de la circulación meridional del Atlántico modificaba de forma significativa la capacidad del Atlántico Norte para desprenderse de su calor. En menos de cinco años cruzaremos un umbral climático de acuerdo con el programa Copernicus de la ESACuando la circulación era intensa, se producía un fuerte hundimiento de aguas en el Atlántico Norte. Este proceso facilitaba que una gran cantidad de energía pasara del océano a la atmósfera y, finalmente, parte de ella terminara escapando al espacio. En cambio, cuando la circulación meridional del Atlántico se debilitaba, la circulación profunda disminuía considerablemente. El Atlántico Norte dejaba entonces de liberar calor con la misma rapidez y la energía comenzaba a acumularse en el interior del océano.La diferencia es importante porque implica que la circulación meridional del Atlántico no solo determina el destino del calor, sino también su permanencia dentro del sistema climático. Una circulación fuerte favorecería la salida de energía del océano, mientras que una circulación débil permitiría que una mayor cantidad quedara retenida en sus profundidades. De ahí surge la comparación con una válvula: cuando está abierta, el calor puede escapar; cuando se cierra, el océano actúa como un enorme depósito de energía.Una nueva explicación para los cambios registrados en los polos Una imagen de la relación entre la circulación meridional del Atlántico y la temperatura superficial del mar en el Atlántico NorteEste planteamiento ofrece además una posible explicación para una característica desconcertante de los registros paleoclimáticos. Las variaciones detectadas en Groenlandia fueron mucho más rápidas que las observadas en la Antártida. Si ambos polos fueran simplemente extremos opuestos de un sistema encargado de intercambiar calor, sería difícil explicar esa diferencia temporal. El modelo de la "válvula oceánica" apunta a que, en cambio, Groenlandia respondía rápidamente a los cambios en la pérdida del calor del Atlántico Norte, mientras que la Antártida reflejaba procesos más lentos relacionados con la acumulación de energía en todo el océano.La hipótesis resulta muy relevante en el contexto del calentamiento actual. La actividad humana está provocando cambios en el clima y en las características del océano, y todo apunta a un debilitamiento de la circulación meridional del Atlántico. Si una circulación más lenta reduce la convección profunda en el Atlántico norte, podría hacer que una cantidad mayor de calor permaneciera almacenada en las aguas oceánicas. En ese escenario, el debilitamiento de la circulación meridional del Atlántico podría contribuir indirectamente a intensificar el calentamiento global al reducir la capacidad del océano para liberar energía. El cambio climático está alargando los días en la Tierra, algo que no ocurría desde hace 3,6 millones de añosNo obstante, los científicos subrayan que no es posible trasladar directamente los acontecimientos de las glaciaciones al futuro. El planeta de aquellos periodos era muy diferente y las grandes superficies de hielo marino desempeñaban un papel decisivo en los cambios de la circulación. En un mundo considerablemente más cálido, el Atlántico Norte podría presentar una extensión de hielo mucho menor, por lo que los mecanismos responsables de las antiguas oscilaciones podrían no funcionar de la misma manera.A pesar de estas diferencias, estudiar el pasado permite comprender mejor los posibles comportamientos de la circulación meridional del Atlántico. La cuestión más importante ahora es determinar si la circulación tiene la capacidad de mantenerse en distintos estados o si, al alcanzar determinado nivel de debilitamiento, podría entrar en un proceso que se refuerce por sí mismo. Resolver esta incógnita será esencial para saber si el debilitamiento que estamos observando representa una modificación temporal o si existe el riesgo de una transformación mucho más duradera, cuyas consecuencias podrían afectar profundamente al clima.