Dinamarca tuvo un pequeño imperio en el Caribe y decidió venderlo cuando el negocio dejó de funcionar. Estados Unidos pagó 25 millones de dólares y esas islas siguen bajo su bandera más de un siglo después

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Hoy suena impensable que un país compre el territorio de otro. Pero hace poco más de un siglo era una práctica habitual. En 1917, Dinamarca vendió tres islas del Caribe a Estados Unidos por una suma millonaria. El motivo no fue estratégico ni militar: sin esclavos, el negocio del azúcar había dejado de ser rentable.