Durante siglos, algunos de los documentos más interesantes de la historia han permanecido fuera del alcance de los investigadores por una razón muy sencilla: estaban sellados. Abrirlos en la actualidad, cuando ha pasado tanto tiempo, podría destruirlos. Ahora, una tecnología basada en rayos X y reconstrucción digital permite superar ese obstáculo y descubrir qué esconden algunos de estos objetos sin dañarlos.El problema aumenta significativamente en las cartas más antiguas. En un documento relativamente reciente, el contenido suele considerarse el elemento principal, mientras que el sobre pasa a un segundo plano, ya que no se considera tan importante. No obstante, cuanto más antiguo es el objeto, más valor histórico adquieren todos sus componentes. Un sobre cerrado perteneciente a una figura histórica, por ejemplo, puede aportar información sobre las técnicas de escritura, conservación o forma de comunicación de su época. Por eso, abrirlo físicamente no es siempre una opción.La tecnología que permite leer cartas sin abrirlas Mucho antes de que los sobres modernos se generalizaran en el siglo XIX, las cartas podían convertirse en auténticos rompecabezas. Una práctica conocida como letterlocking consistía en doblar, plegar y sellar el propio documento para impedir que pudiera leerse sin dejar señales de manipulación. Los investigadores han conseguido en los últimos años reconstruir virtualmente algunas de estas cartas cerradas, pero los documentos de arcilla de las antiguas civilizaciones de Mesopotamia planteaban un desafío todavía mayor.Hace unos 4.000 años, asirios y babilonios utilizaban pequeños envoltorios de arcilla para proteger contratos, cartas y documentos administrativos escritos con escritura cuneiforme. En determinados casos, la cubierta exterior incluía un resumen del contenido; en las comunicaciones personales podía limitarse a indicar quién enviaba y quién recibía el mensaje. Para los historiadores, estos documentos constituyen una fuente excepcional sobre la vida cotidiana, las relaciones comerciales y el funcionamiento de aquellas sociedades.El inconveniente era que acceder al texto interior implicaba romper la cubierta de arcilla. Al hacerlo, no solo se destruía parte del objeto, sino que también existía el riesgo de dañar el documento que contenía. Para solucionar este problema, investigadores del Deutsches Elektronen-Synchrotron y la Universidad de Hamburgo han desarrollado ENCI, un sistema portátil cuyo nombre procede de Extracting non-destructively cuneiform inscriptions.En cuanto al dispositivo, emplea rayos X de alta energía para atravesar la arcilla. Una vez obtenidas las imágenes, un software especializado reconstruye digitalmente las distintas capas y permite realizar una especie de desenvoltura virtual del objeto. De este modo, los especialistas pueden examinar lo que hay en su interior sin necesidad de tocar físicamente el sello. Hallan uno de los recibos de cerveza más antiguos del mundo: un pago de hace 4.000 años en la antigua MesopotamiaENCI ya ha sido utilizado en instituciones como el Museo del Louvre, en París, y el Museo de las Civilizaciones de Anatolia, en Ankara. En este último caso, la tecnología permitió leer por primera vez en miles de años una carta escrita por una mujer llamada Anna-anna a su marido, un comerciante llamado Ennum-Aššur. El contenido revela que ella se había encargado de reclamar una deuda de plata mientras él estaba fuera por motivos de trabajo. Otro descubrimiento resulta aún más curioso. Al analizar un antiguo contrato de préstamo, la tomografía reveló en el interior de la envoltura una semilla de cebada de unos 4.000 años de antigüedad. El hallazgo demuestra que las técnicas de imagen pueden revelar no solo textos ocultos, sino también pequeños restos materiales que habían quedado atrapados junto a ellos.