Jean-Paul Sartre murió en 1980 a los 74 años. Simone de Beauvoir , su compañera durante más de medio siglo, le sobrevivió seis años. Los dos están enterrados en el cementerio de Montparnasse . Sartre quería que sus cenizas fueran depositadas en la sepultura de su madre en el Père Lachaise, pero fueron finalmente a Montparnasse. Jean-Paul y Simone comparten allí una sencilla tumba con una lápida de piedra en la que figuran sus nombres y las fechas de su muerte y su nacimiento. En un viaje a París a finales de los 80, me invitaron a comer en el restaurante de la torre de Montparnasse , que sin duda ofrece la vista más completa del cementerio situado bajo su descomunal altura. Comprendí entonces que no había otra elección mejor para el descanso eterno de los dos amantes y cómplices . Sartre pasó las dos últimas décadas de su vida en el número 29 del boulevard Edgar-Quinet , que se extiende a lo largo del muro norte del cementerio. Tomando el boulevard Raspail, se tardan cinco minutos en llegar al 11 bis de la calle Victor Schoelcher, donde residió Beauvoir desde 1955 en un apartamento comprado con el importe del premio Goncourt. Un recorrido de varios centenares de metros que los dos hacían con frecuencia para pasear o entrar en algún café. Si la única distancia que mediaba entre ellos era el cementerio de Montparnasse, parece tan inevitable como simbólico que ese lugar fuera la última parada de su viaje. Sartre y Beauvoir jamás residieron bajo el mismo techo. Incluso cuando residían en el Hotel Louisiane en 1943, vivían en habitaciones separadas. Comían, viajaban, compartían cama y pensaban juntos, pero preferían mantener esa distancia que mantenía vivo su afecto. No en vano el existencialismo reivindicaba la libertad de elección . Estamos condenados a ser libres, escribió el autor de 'El ser y la nada'. Simone cuenta que, cuando se separaron unas vacaciones, Sartre exclamó: «Entonces, ¿es la ceremonia del adiós?». La autora de 'El segundo sexo' apunta que presintió en ese momento la tristeza del final que se acercaba y la aceleración del deterioro físico de su compañero , que falleció a los 74 años. Beauvoir retomó esas palabras de Sartre para titular el último volumen de sus memorias. 'La ceremonia del adiós', publicado en 1981, que escandalizó a muchos lectores por su brutal sinceridad. Algunos tacharon de ajuste de cuentas las descripciones en las que el filósofo se meaba en sus pantalones, se dormía en la mesa de un café o decía frases inconexas tras sobrepasarse con el whisky. También menciona la preocupación por el dinero en los últimos años de Sartre, que había dilapidado su fortuna tras las generosas donaciones a sus amigos y deudos. Poco antes de ser traslado al hospital y consciente de su declive, Sartre dijo a Simone: «Tendré que acabar por morirme. Al fin y al cabo, se ha hecho lo que se ha podido, lo que había que hacer». Tras una nueva caída e inquietantes signos de deterioro intelectual , Arlette, su joven protegida con la que convivía, llamó a Simone para llevarle a una clínica muy cerca de su domicilio. Allí se apagó su vida tras una corta agonía. Cuenta Beauvoir que ella se tendió en la cama junto al cadáver de Sartre y permaneció muchos minutos sintiendo la frialdad de la muerte. Una enfermera se acercó y le dijo que corría el riesgo de infección puesto que su antiguo amante había sufrido laceraciones en la piel. El libro de Beauvoir concluye con estas líneas: «Su muerte nos separa. Mi muerte no nos unirá . Ya fue hermoso que nuestras vidas hayan podido estar de acuerdo durante tanto tiempo». Así es. No fue amor contingente, sino necesario. Por eso siguen juntos en Montparnasse.