Un equipo de la Universidad de Texas en El Paso desarrolló un electrolito polimérico en gel que puede imprimirse en 3D con geometrías complejas y un rendimiento cercano al de materiales convencionales. El avance no crea todavía una batería comercial lista para usar, pero sí apunta a una idea poderosa: que el almacenamiento de energía pueda integrarse en la forma del dispositivo, y no al revés.