La vivienda se ha convertido en el gran punto ciego del buen momento macroeconómico español. La economía crece, el empleo resiste y la renta de los hogares mejora, pero una parte creciente de esa mejora se evapora en alquileres, hipotecas y precios de compra cada vez más alejados de los salarios. El gobernador del Banco de España, José Luis Escrivá, lo verbalizó en su última comparecencia en el Congreso al advertir de que la crisis residencial no se está abordando como una emergencia nacional. La ministra de Vivienda, Isabel Rodríguez, replica desde otro ángulo: hay que intervenir, regular y aumentar la oferta, sí, pero no construir a lo loco. Entre ambas posiciones se abre el principal cuello de botella social y económico del país.Seguir leyendo....