El Maresme coge fuerza como epicentro del inmobiliario de lujo internacional y se posiciona junto a Sitges o Castelldefels

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La casa tenía jardín con piscina y dos plantas de 800 metros cada una repartidas en doce estancias independientes. Ubicada en las colinas de Sant Andreu de Llavaneres (Maresme), el diseño y la disposición encajaban a la perfección con el modelo de familia bienestante de los años 90, con cuatro o cinco hijos y personal de servicio instalado en la casa. Tres décadas después, cuando Lluís Barrera, socio gerente de la inmobiliaria Barnes Maresme, enseñó la villa a un joven matrimonio extranjero, este se enamoró a primera vista, y la compró. Sin embargo, para su sorpresa, no conservaron prácticamente nada del diseño inicial: derribaron tabiques, unificaron espacios para crear plantas totalmente diáfanas y sustituyeron las antiguas habitaciones por una gran suite y dos "supervestidores". "Solo ponerla a punto les costó 600.000 euros", recuerda Barrera a El Periódico, "y eso sin incluir los caprichos o gustos personales de diseño, que sin duda acabaron elevando mucho más el precio".Seguir leyendo....