China ha vuelto a arrebatar a Estados Unidos la corona del superordenador más rápido del mundo, y lo ha hecho con una máquina que rompe la receta habitual del sector. El sistema, bautizado como LineShine y alojado en Shenzhen, encabeza desde este martes la clasificación que mide la potencia bruta de las grandes computadoras científicas. No es solo que sea rápido; lo consigue prescindiendo de las GPU que todos daban por imprescindibles.Según recoge el New York Times, un grupo de investigadores lo declaró el más veloz tras someterlo a las pruebas estándar que ordenan la lista Top500. Sus resultados superan en más de un 20% a los de El Capitán, el superordenador del Laboratorio Nacional Lawrence Livermore que mandaba en el ranking desde noviembre de 2024, en un sorpasso que China no firmaba desde 2017.EE UU vetó los chips, y China respondió sin ellos Superordenador El Capitán, principal competidor de LineShineMientras casi todos los grandes sistemas tiran de unidades de procesamiento gráfico (las GPU, esos chips especializados con los que se reparten el cálculo pesado), LineShine se ha levantado con microprocesadores convencionales, los CPU de siempre. Jack Dongarra, organizador del Top500 y profesor en la Universidad de Tennessee, inspeccionó la máquina hace poco y, tras examinarla por dentro, resumió el mérito en una sola frase."Es un sistema impresionante", afirmó Dongarra sobre LineShine. "Nos han superado desarrollando un sistema que no depende de las GPU". Ahí está el quid, porque esa elección abre una puerta lateral a las restricciones: si Washington lleva años limitando la exportación de chips avanzados a China y la potencia se puede levantar igualmente con CPU, el veto pierde buena parte de su mordiente.La grieta ya preocupa al otro lado del Pacífico, donde algunos piden cerrarla cuanto antes. Jimmy Goodrich, investigador del Institute on Global Conflict and Cooperation de la Universidad de California, reclama controles más estrictos sobre la exportación de CPU: "El Gobierno estadounidense debería tener controles más estrictos sobre la exportación y fabricación de CPU para el mercado chino". Lo describe como un agujero en la regulación vigente.Conviene situar LineShine en el mapa, porque la máquina no es un fogonazo aislado, sino otra estación de un trayecto que Pekín recorre desde hace tiempo. Ese empuje sostenido, que encaja con un plan de años hacia la exaescala solo con CPU, es el mismo que ya apuntaba la voluntad de superar a Estados Unidos en supercomputación.Tecnología de móviles para destronar al gigante americano LineShine y uno de los ingenieros que trabajan en el proyectoEn lugar de separar las tareas de microprocesador y GPU como hacen los sistemas de gama alta, LineShine las funde en sus propios chips, repartidos en casi 14 millones de núcleos dentro de 90 armarios. Son diseños originales basados en instrucciones de Arm Holdings, la británica controlada por el conglomerado japonés SoftBank, cuya tecnología mueve los móviles de medio planeta y ahora aterriza en una máquina científica.Conviene matizar el alcance del logro, porque el dominio de LineShine no es absoluto. En cálculo de alta precisión, con números de 64 bits, manda sin discusión, pero los grandes sistemas de IA de Google u OpenAI pueden ir más rápido apoyándose en aproximaciones de cuatro y ocho bits. "Es notable lo que China ha hecho, pero no pueden compararse con esos enormes superordenadores de IA estadounidenses", matizó Goodrich.Sea como sea, la presión ya surte efecto en Washington, donde estos sobresaltos acaban traduciéndose en más fondos. Como los sistemas potentes de China y Japón (una máquina japonesa lideró la lista entre 2020 y 2022) suelen empujar al Departamento de Energía a abrir la cartera, en noviembre la Administración Trump lanzó la Genesis Mission para exprimir los laboratorios nacionales y disparar la investigación en IA.A todo ello se suma que la fuerza de Pekín no se agota en una sola máquina, por impresionante que resulte. El país lleva tiempo tejiendo una red de cómputo distribuida que enlaza decenas de centros con miles de kilómetros de fibra, una fábrica de cómputo a escala nacional pensada para IA y simulación científica.Que LineShine sirve para algo más que ganar listas lo demuestra su estreno, ya que, según el informe de Dongarra, ha corrido una simulación de la Tierra completa (atmósfera, océano, tierra y hielo) y otra del cerebro humano. Como además se construyó sin financiación pública, sus diseñadores se sintieron legitimados para presentar los test. "No me sorprende que haya una máquina china capaz de ser la número uno", apunta el analista Addison Snell. "La sorpresa es que quisieran el reconocimiento".