La FIFA no ha logrado robarnos el fútbol: la epopeya de Cabo Verde entra en la historia de los Mundiales

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Las cañerías del fútbol están podridas. En tiempos en que el mundo se va a la porra, qué gran idea fue llevarlo a Estados Unidos, allí donde Donald Trump recrea el 1984 de Orwell sin que nadie rechiste. Pero ni siquiera el afán por arrancarlo del pueblo y arrimarlo a las estrellitas y el famoseo, con la máquina de dinero engrasándose ante cada pausa de recaudación, ha bastado para cargárselo. Incluso de entre las sórdidas ideas de Gianni Infantino, la de multiplicar los países implicados -como si a él le importara lo que ocurre en el Congo o en Haití- brotan historias maravillosas. Porque el fútbol no le pertenece ni a él ni los asesores que limpian el barro de sus zapatos, sino a los que sueñan. Con marcar el gol de sus vidas, con esperar un abrazo de la persona a la que quieres, con ponerse a llorar delante del televisor o ante el teléfono móvil, por sentirse partícipe de algo único. Y sobre todo tuyo.Seguir leyendo....