OT25 reluce y refleja esa inclusión que el siglo XXI tanto necesita

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La organización de Operación Triunfo sabe bien lo que gusta. Con la intención de encapsular un concierto tan amplio, proyectaron vídeos caseros de la infancia y el casting de los concursantes, intentando así apelar a la familiaridad que transmite el gran formato. Sin embargo, el gran negativo es que, de cierto modo, se traiciona la emoción del directo al saber ya el setlist de antemano. ¿Dónde quedó ese concierto de gira en el que el fan acérrimo no sabe qué va a sonar después? ¿Dónde quedaron esos lagrimones cuando suena tu canción favorita que no te esperabas (en lugar de grabar todo el concierto)? ¿Es todo entonces una mera consecuencia del gran repertorio que supone el tener tanto artista en un mismo escenario o una resultante catástrofe, un resultado de los oscuros tiempos que vive la democratización de la cultura? El pitido de salida fue '1: El Sueño' con la grupal 'Yo quiero bailar', un icono dosmilero, sobre todo para esos que teníamos el cd de Caribe Mix 2001 porque, si algo tiene que entender OT es que la nostalgia es lo que necesitan para actualizarse a las nuevas narrativas que estos chicos encarnan. A esto le siguió un 'Voy a pasármelo bien' y el grandioso 'It's a sin', primer reflejo de que estamos en la celebración del Orgullo no solo por el mensaje reivindicativo de la letra, sino por los visuales de la iglesia con el repliegue multicolor de la bandera. Cuando llegó el momento boyband noventera con 'Bye bye bye', volvimos a ver a Guillo Rist en su salsa y a Carlos mucho más suelto y bordando el papel. Esto iba en sintonía con la caracterización del vestuario, pero sí que sigue estando latente que Max no empasta con la canción. El trío femenino formado por Laura, Olivia y Salma no sufrió la misma suerte y efervescencia del público, ya que su 'If you could read my mind' no causó gran sensación, no como el desate del 'Superestrella' de Olivia , la primera en hablarle al público en su rebose de expresividad y agradecimiento. En su 'I like de way you kiss me' con Iván vimos uno de los muchos tópicos visuales escenográficos, parecía que uno estaba viendo 'Blade runner' en lugar del tema dark wave de Artemas. Igual fue más tarde con 'El único' de Crespo y Tinho y nuestra visita al Reina Sofía o el capítulo de Gossip Girl que pareció el visual de 'Don't leave me this way' de Guille Toledano y Judith, parecía que iba a salir Serena Van der Woodsen en esa estación de NY después de su estancia de chica mala y rica en el internado; eso sí, un 10 nuestros concursantes. Después de estos comentarios sobre lo que vimos en las pantallas, hemos de destacar el 'Training season' de Cristina, Lucía y María Cruz con unas inesperadas pin up girls levantando pesas de fondo, el vestido de Cenicienta de Lucía para ir al gimnasio y una María que eclipsó a sus compañeras con su desparpajo ante lo poco que se sintió a Cristina. Lucía siguió y puso el broche de oro vocal al interpretar 'Creo en mí' con su aura de Burbuja (la supernena azul). Siendo la que más ha evolucionado de todos, muy lejos queda esa Lucía insegura de la academia. El segundo acto '2: El esfuerzo' arrancó con un mejorado 'Papaotai' de Téyou, la madre de la edición, y el momentazo en el que el Wizink se iluminó y Manu acompañó al piano a María Cruz en 'Envidia'. Luego vimos a los super amigos Judith con 'Ciudad de papel', Carlos con 'Volar' y al vozarrón soprano de OT25, Laura, que se desató en su vestido Barbie Faitytopia al rendirle homenaje al temón de 1997 de Mónica Naranjo. '3: Sin hate' llegó con el dúo de Téyou y Tinho, 'El sitio de mi recreo' con Claudia al piano y el público gritando. Salma cantó 'Lo saben mis zapatos', ese tema de expulsada con el que el público se dio cuenta de que debería haber votado mejor, ya que un carisma así no merecía irse tan pronto, y Max la siguió, dejando claro que es el alma de esta generación . Luego llegó '4: El trabajo en equipo', el ecuador del concierto, con duetos como el de Guillo Rist y Cristina ('APT'), esta última pero con Claudia en 'End of the world' y esa canción que tanto bebe del espíritu de esos romances de los OT del 2000 (Chenoa y Bisbal), el 'Siempre es de noche' interpretado por Lucía Casani y Guille Toledano. Los redundantes Guille y Guillo dieron el fiestón en 'Nuevayol' ('5: Iconic'). Aunque no se vio en las pantallas para los que estaban en las gradas lejanas, la gran voz masculina, Tinho, supuró rock en 'Beautiful things' pasando a una transición top al rap urbano de Crespo con 'Can't hold us', demostrando que se llevan mucho mejor de lo que se decía en redes cuando se vacilaban en la academia. Claudia Arenas llegó vestida de Cruella para su 'Latin girl', canción que hizo suya al cantar a capella con el público. Visto el fenómeno que causa, este diario quiso saber las opiniones diversas, ya que estaba repleto de adolescentes que afirman que es su favorita «por lo cercana que es y el tono de su voz». Entre el escaso público adulto, encontramos a Ana, que nos dice por qué vino al concierto: «Desde que Rosa ganó OT1, llevo siguiendo todas las ediciones, destacando esta como un referente por su diversidad y por reflejar la nueva sociedad actualizada». El cierre del concierto incluyó tres temas de Cristina ('6: Triunfo') que, en 'Punto de partida' simbolizó con el color negro de su vestido de cola, al igual que la canción, el antes y el después de la joven ganadora. Luego, en el acto de despedida, destacó el himno de la edición, 'Ese lugar', además del último 'Será porque te amo' en el que lucieron banderas del Orgullo, demostrando así por qué formatos como 'Operación Triunfo' son tan relevantes socialmente, ya que son un potente referente y ejemplo a seguir para los más jóvenes.