Hoy todo parece un delicioso trampantojo en la taberna Pico Reja de Los Palacios y Villafranca, la más céntrica de este municipio del Bajo Guadalquivir, en la provincia de Sevilla, famoso por su consideración de destino gastronómico: fue bodega y hoy es restaurante, parece caro y no lo es y, para colmo, no tiene una clientela definida porque cada día atrae a un público de todas las edades, desde las parejas de adolescentes que se sientan muy serias en una mesita reservada hasta las tertulias de viejos paisanos que no echan de menos los bancos de madera porque, en esencia, el Pico Reja sigue siendo lo que siempre fue: agradable paradero de buena gente que viene a alternar con buena gente.La dinámica zona de la barra convive con agradable salón y un patio al aire libre en este establecimiento palaciego.-MANU GARCÍA“Nunca hemos tenido problemas con la clientela”, afirma orgulloso el patriarca de la familia y fundador, Antonio Campos, quien heredó de su suegro, Pedro Diéguez, el gusanillo del oficio hostelero pero, con la última reforma del establecimiento, la definitiva, tuvo sus dudas. “Yo siempre había oído decir que, si un bar funciona, lo que había que hacer era no mover ni un cuadro”. Pero su opinión no era ya la única, porque venía empujando la nueva generación, o sea, sus hijos Antonio y Juan Pedro, que son quienes llevan ahora las riendas del negocio y quienes apostaron por su modernización después de que el padre comprara un inmueble vecino y haya podido duplicarse el espacio disponible.Por el Pico Reja ha pasado lo más granado del artisteo andaluz. -MANU GARCÍABajo la batuta de ambos trabaja además una docena de empleados, la mayoría tan jóvenes que no puede recordar la historia del lugar ni la razón de su nombre. “Yo le puse a esto Pico Reja por el pico reja que formaba esa esquina de enfrente, el edificio que albergaba un lagar que era propiedad de Ruiz Mateos”, recuerda Antonio padre, que abrió una humilde taberna en el año 2000 después de reconvertir su propia cochera y un corral en perpendicular que le cedió su suegro en un tabanco donde servir vinos, cervezas y cuatro tapas sencillas. Con el tiempo, “empecé a traerme manzanilla de Sanlúcar, mi esposa se esmeró con la ensaladilla que había hecho toda la vida en casa de su padre y nos atrevimos con más montaditos, gambas y cuatro cositas más”. Antonio dice “cuatro” como quien dice “cuarenta”, con esa cara de sibarita que ha conseguido transmitirle a todo el proyecto.Antonio Campos prepara un plato junto a la cocina del establecimiento.-MANU GARCÍALa ensaladilla, en efecto, ya tenía fama en la Venta La Viña que Pedro Diéguez había visto languidecer cuando se construyó la circunvalación de la N-IV a su paso por el pueblo y el establecimiento quedó escondido tras un puente. “Como yo ya trabajaba allí con mi suegro, en lo único que pensé al quedarme parado fue en montar otro bar, aunque no sabía muy bien cómo”, relata Antonio. “Al principio puse incluso una mesa de billar ahí en medio, porque no sabía hasta qué punto iba a entrar la gente”. Pero la taberna empezó a llenarse muy pronto y hubo que quitar el billar para colocar más veladores.Tertulia culturalEl Pico Reja no tardó en convertirse en una tertulia de tertulias: la literaria, dirigida tantas veces por el ínclito escritor Miguel Roldán, amigo de siempre de Pedro Diéguez y con quien solía discutir de política con ese código caballeresco que ya parece extinguido. Pero también la flamenca, pues por aquí pararon en su momento Juanito el Distinguido, Manuel Orta, Itoly o Nene Escalera, esos cantaores que siguen vivitos y coleando y que fueron en sus buenos años los manantiales de una de las peñas flamencas más antiguas del mundo, la que este año cumple 75 años con el nombre de El Pozo de las Penas. Las antiguas fotos con personajes de tronío como Paco Cabrera de la Aurora o el mismísimo Bambino se han recopilado ahora en un collage minimalista que decora una de las paredes del establecimiento.La propuesta gastronómica del establecimiento se basa en productos de primera calidad.-MANU GARCÍA“Por aquí pasaron en muy poco tiempo muy buenos artistas, y además esto ha sido una casa de puertas abiertas para todo el mundo”, asegura Antonio hijo, que ha sido capaz de transformar el establecimiento sin que pierda un ápice ni de su sabor ni de su estilo. “Con los precios vamos al límite, y por eso sigue viniendo tanta gente”. Es verdad que el Pico Reja no cierra ningún día del año y que todos los días se llena.El montadito Hijo de PutinLa carta de este restaurante palaciego presume especialmente de montaditos, cuya gama casi alcanza la treintena, todos en torno a los dos euros: los de anchoas están deliciosos, pero ya depende del paladar para elegir entre con queso cabrales, queso fresco o roquefort. Pero nada le envidian los de carne mechada, los de bacalao, los de melva, los de morcilla, los de chorizo, los de pringá o los serranitos. Pero hay uno que sale más que el resto solo por su nombre: Hijo de Putin. Los dos Antonios sonríen al unísono. “Es que pica mucho”, dice el padre. “Y lo pusimos en carta cuando la guerra de Ucrania”. Lleva chorizo y morcilla picantes, en efecto, aunque una de las salsas, mexicana, sigue siendo un secreto para este montadito de alcance internacional.Antonio Campos Diéguez ha sido el principal artífice de la última remodelación del establecimiento, después de su ampliación.-MANU GARCÍAPor lo demás, la variada carta con unos precios muy contenidos ofrece varios tipos de aliños, tomate del pueblo con melva, pulpo a la gallega, lengua de cerdo mechada, carne de caballo cocida u otras exquisiteces como la mojama de atún extra. El Pico Reja no se anda con miserias, como demuestra el espectáculo de sabor que prometen sus panes de la casa: de anchoas del Cantábrico, de atún de Barbate cocido o de mejillones con tomate frito. En cuanto a carne, los pinchitos son aquí un clásico imperecedero, pero la clientela no suele retirarse sin dar cuenta del solomillo, el secreto o el guiso casero diario. “Uno distinto cada día”, dice orgulloso Antonio Campos mientras mira al ajetreo de la cocina, mucho más desahogada desde la última reforma, hace dos años. Tampoco es cuestión de omitir la variedad de croquetas irresistibles: de pollo, de espinacas, de bacalao, de cola de toro, de gambas al ajillo. “Y de lo que se tercie”, asegura un cliente que prueba un variado de la casa frente al expositor con las camisetas firmadas de los héroes futbolísticos de la tierra: Jesús Navas, Fabián Ruiz y Gavi.El producto de cercanía sigue siendo la clave del éxito en Pico Reja.-MANU GARCÍA"Aquí el milagro del pueblo es que haya tantos bares y todos se llenen", asegura Antonio mientras cata un guiso de habichuelas colorás, como quien pulsa las claves que lo explican todo. "Estas habichuelas son de mi propio campo", presume, "de las primeras que se han cogido". A la clientela empieza a antojársele en cuanto ve el platito. "Pero la mayoría se guardan y tenemos hasta el invierno", advierte el dueño del Pico Reja con esa sonrisa pícara especializada en bautizar montaditos.