Jordi Évole ha vuelto a hacer lo que mejor sabe hacer cuando no quiere entrar al fondo de un debate: Cambiar de tema y apuntar al hombre, no al argumento. En su intervención en el “Festival de las Ideas y la Cultura de elDiario.es”, sin citarlo jamás por su nombre pero dejando clarísimo a quién se refería, lanzó la frase que ya ha recorrido medio Twitter: "No es muy normal que en este país el señor que nos explicaba que venían los ovnis, ahora nos esté explicando la corrupción de España".Vaya por delante algo que conviene dejar claro: No escribo esto desde el fanatismo. No comulgo con todo lo que hace Iker Jiménez, y desde luego su giro hacia la actualidad política y social de los últimos tiempos me interesa bastante menos que su trabajo de toda una vida divulgando el misterio. Pero precisamente por eso, por venir de alguien que lleva años en este mundo y que valora lo que Jiménez ha hecho por dignificar el estudio de lo paranormal en España; sacarlo del cachondeo de sobremesa y convertirlo en un género con audiencia, rigor narrativo y casi dos décadas de continuidad en antena con “Cuarto Milenio”; me parece tramposo y empobrecedor que se use esa trayectoria como arma arrojadiza para desacreditarlo en otro terreno completamente distinto.Lo que hizo Évole tiene un nombre en lógica argumental: Ataque a la persona en lugar de al argumento. No analizó un solo dato de las entrevistas de “Horizonte”, no señaló una sola afirmación falsa, no rebatió ninguna información concreta sobre los casos de corrupción que ese programa ha destapado o amplificado. Se limitó a decir, en esencia, que este señor habló de ovnis y por tanto no puede hablar de lo que pasa hoy en España. Es un razonamiento que no resiste el más mínimo análisis: El origen temático de un comunicador no invalida automáticamente lo que dice después sobre otro asunto. Si aplicásemos esa misma vara de medir de forma consistente, tendríamos que descalificar a media profesión periodística por sus orígenes. Y aquí es donde la crítica de Évole se vuelve, además de injusta, profundamente irónica.Jordi Évole no nació como periodista de investigación serio. Empezó como guionista en La cosa nostra de Buenafuente y se hizo popular interpretando a “El Follonero”, un personaje cómico, sentado entre el público, que hacía de crítico espontáneo y gamberro de la actualidad dentro del programa de humor de Buenafuente. De ahí saltó a Salvados, que en sus primeras temporadas mantenía un tono claramente desenfadado y satírico, muy alejado del periodismo de investigación que terminaría siendo después. Con los años el formato fue mutando; primero hacia el reportaje social, después hacia la entrevista de personaje; hasta desembocar en Lo de Évole, su programa actual. Es decir: El propio Évole es el ejemplo perfecto de que un comunicador puede evolucionar de la sátira y el humor al periodismo de actualidad sin que eso sea motivo de sospecha. Nadie le exige hoy que siga siendo “El Follonero” para tener legitimidad opinando de política. ¿Por qué entonces exigirle a Iker Jiménez que se quede encerrado para siempre en el casillero de "el señor de los ovnis"? Si la evolución de formato y de tono es un mérito cuando lo protagoniza Évole, no puede convertirse en una descalificación cuando lo protagoniza otro.la señal erranteEntre la Ciencia y la Sombra: ¿El fin del misterio o solo un nuevo capítulo? Antonio S. JiménezHay otra capa en este debate que conviene no dejar pasar. Una parte de la incomodidad con Horizonte no es tanto que no se hable de cosas paranormales y sí de política. Lo que realmente incomoda es que hable de asuntos sensibles para el Gobierno actual. Y si eso es lo que de verdad molesta, conviene preguntarse qué ha sido del periodismo incómodo con el poder que el propio Évole practicaba hace una década. Entre 2012 y 2017, con el PP de Rajoy en el Gobierno, Évole fue uno de los rostros más visibles denunciando la llamada "pobreza energética": especiales de Salvados como el dedicado a Elisa Pizarro, una mujer que no podía pagar la factura de la luz, o mensajes en redes contra "las puertas giratorias que nos chupan la energía", señalando a exdirigentes del PP que terminaron en consejos de administración de eléctricas. En aquella época, una subida de la luz de en torno al 4% bastaba para merecer un programa entero.Cuando, ya con el Gobierno de coalición de PSOE y Unidas Podemos, el precio de la luz se disparó hasta multiplicarse varias veces respecto a aquellos niveles; marcando récords históricos durante el verano y el otoño de 2021; el silencio de Évole en redes fue señalado por muchos espectadores y por la propia prensa como llamativo. El especial de Salvados sobre la subida de la luz acabó emitiéndose ese octubre, pero no sin resistencia previa, una promoción cargada de mala leche hacia quienes le reclamaban el reportaje, y con Gonzo; no el propio Évole; como rostro del programa.Tampoco fue precisamente la entrevista incómoda que cabría esperar del Évole de la era Rajoy: En julio de 2023, ya en plena precampaña electoral, entrevistó a Pedro Sánchez en Lo de Évole en un tono que buena parte de la crítica describió como más una plataforma de campaña que un interrogatorio periodístico, dejando que el presidente desplegara sin demasiada contestación su relato sobre el "sanchismo" como una "burbuja" construida a base de "mentiras, manipulaciones y maldad". No se trata de reescribir la trayectoria de Évole como la de alguien que ha dejado de hacer periodismo crítico en general; sigue haciendo entrevistas duras a personajes muy diversos; sino de constatar algo más concreto: El filo que antes apuntaba con tanta contundencia hacia el Gobierno de turno parece haberse despuntado notablemente cuando el Gobierno de turno cambió de color. Y es precisamente esa asimetría la que vuelve más difícil de tragar su lección de pureza periodística a quien, le guste o no a Évole, sí está llenando ahora mismo ese hueco de incomodidad hacia el poder.No defiendo aquí el periodismo de actualidad de Iker Jiménez porque comparta su enfoque o su estilo a la hora de abordar la política española; sigo prefiriendo, con diferencia, al Iker Jiménez que investiga casas encantadas, leyendas y fenómenos sin explicación. Pero defiendo el principio de que a un comunicador se le juzga por lo que dice hoy, con los datos y argumentos que pone sobre la mesa, no por la etiqueta que llevaba hace veinte años. Y si de verdad nos preocupa la calidad del debate público, sería más honesto discutir el contenido de esas entrevistas; acertadas o no; que recurrir al truco fácil de descalificar al mensajero recordándole de dónde viene. Sobre todo cuando quien lanza la pulla viene, él también, de un sitio bastante diferente al actual.