Julio es un mes de indisciplina deliciosa. Yo diría que el tiempo, en julio, pierde autoridad, como en el resto de verano. Hasta hoy, vivimos perseguidos por la hora siguiente, por el compromiso siguiente, por el lunes siguiente y hasta por la vida siguiente, que es una manera muy poco elegante de perderse la vida del momento. El verano, en cambio, nos devuelve al instante, a la eternidad del instante. Esto se ve inapelable y rápido en la ciudad, que se deja caer sobre sí misma cuando llega julio. No arriesgaría uno que el verano nos hace más felices , pero sí nos logra más contemporáneos de nosotros mismos. En realidad, julio, y, por extensión alegre el resto del verano,... Ver Más