Un nuevo análisis de la galaxia Y1, cuya luz tardó unos 13.000 millones de años en llegar hasta nosotros, apunta a una explicación para uno de los primeros grandes misterios del Webb. Su brillo no vendría de una masa descomunal, sino de un núcleo de polvo supercalentado capaz de producir estrellas a un ritmo 180 veces superior al de la Vía Láctea.