Cogió la bici, la que cuida como si fuera una criatura. Decía, el protagonista de esta historia, que un día se dejó las ruedas -y no eran ruedas cualquieras- en la calle cargando la bicicleta en el maletero del coche. Tuvo que llamar a un vecino, para que se las guardara. El fin de semana se lo pasó andando por el monte porque una bici sin ruedas es como una lata de sardinas sin pescado en el interior.Seguir leyendo....