Era de noche y estaba oscuro. Tres amigos acababan de aterrizar en Mallorca para disfrutar de las vacaciones. Se pusieron el bañador y se metieron en el mar. Uno de ellos, al salir, le entró frío y regresó a la orilla. Cogió carrerilla y se tiró de cabeza, pero, en lugar de hacerlo en la zona que ya había probado, lo hizo unos metros más a la izquierda. Con la mala suerte de que estaba llena de rocas.Ignacio Peñuelas García, portuense de 31 años, nunca olvidará aquel 12 de julio de 2024. “Mis amigos me rescataron cuando vieron que no salía del agua”, dice el pequeño de cuatro hermanos que no sabía muy bien lo que era una lesión medular cuando escuchó este término por primera vez.Ignacio se coloca dos neoprenos para entrenar en Las Redes.-JUAN CARLOS TOROTras un mes en la UCI, este ingeniero náutico que recorría el mundo como marino mercante desde Groenlandia a la Antártida, se quedó parapléjico. La comunicación nerviosa entre su cerebro y la parte inferior de su cuerpo la interrumpió aquel duro golpe que le obligó a seguir viviendo desde una silla de ruedas.Desde entonces Ignacio le ha echado valor y se ha adaptado a las circunstancias pese a no poder seguir ejerciendo su profesión. “He intentado hacer una vida más o menos normal”, comenta a lavozdelsur.es. Sin embargo, él es extraordinario. Sin poder mover de pecho hacia abajo se ha marcado el reto de cruzar la Bahía de Cádiz nadando. Unos 5.000 metros en mar abierto desde la punta de San Felipe de Cádiz hasta la playa de La Muralla en El Puerto.Disfrutará de la travesía este sábado 4 de julio junto a su padre, Juan Peñuelas, de 72 años y natural de Cartagena. Un hombre que no ha dudado en acompañar a su hijo en esta aventura marina que bautizan como Reto Bahía. “El verdadero reto no es nadar cinco kilómetros, eso lo puede hacer cualquier aficionado a la natación, es hacerlo en circunstancias adversas, con corrientes en contra y las facultades un poco mermadas”, dice Juan. A todo ello, se sumará el fuerte levante previsto para esa jornada. “Otra piedra más en la mochila”, dice.Juan ayuda a su hijo con el equipamiento que utiliza para nadar.-JUAN CARLOS TORO"El mar es nuestro hábitat"Padre e hijo miran al mar antes del gran día. A ese lugar que consideran refugio a pesar de haberles zarandeado para siempre. Desde la playa de Las Redes en El Puerto se disponen a realizar uno de los últimos entrenamientos previos a una idea que surgió hace seis años. Solían nadar juntos y cada verano proponían cruzar la Bahía. Pero lo fueron dejando hasta que Ignacio quiso retomar aquella “locura” justo después del accidente.Lo hizo en julio de 2025, cuando salió del Hospital Nacional de Parapléjicos de España, en Toledo, donde ha estado casi un año empezando de nuevo. “Desde entonces, me puse en serio con la piscina. Lo propuse para mantener la cabeza en continuo movimiento y no pensar en lo jodida que se había puesto la vida, y con quién mejor que con mi padre”, explica.Los dos reconocen ser unos amantes empedernidos del deporte, sobre todo de las disciplinas acuáticas. Aunque Ignacio ha corrido maratones en Barcelona, Madrid y Sevilla y hasta 101 kilómetros en Ronda. “El mar es nuestro hábitat”, comentan. Era habitual ver al portuense en la piscina de los cruceros donde trabajaba haciendo unos largos. “Cogí buena forma física, me apunté a una carrera de brazadas solidarias de 3.000 metros y quedé segundo”, dice.Sus amigos le ayudan a bajar hasta la orilla de la playa de Las Redes.-JUAN CARLOS TOROIgnacio se negó a que las brazadas de crol solo quedaran en sus recuerdos y el ejercicio sigue siendo un apoyo fundamental “para mantenerme fuerte física y mentalmente”. Como no puede mantener las piernas erguidas en la superficie, el portuense utiliza un traje de neopreno con un grosor mayor para que no se hundan, no hagan fricción con el agua y le quite el frío. Además, las une con un velcro para que no se separen.Sus amigos le ayudan a prepararse antes de lanzarse al mar mientras su padre revela el secreto de su buena forma física. Juan lleva toda su vida dedicándose a trabajos que así lo requieren. Ha sido piloto de helicópteros en la Armada Española, el único en aterrizar en los tres portaaviones, el Dédalo, el Príncipe de Asturias y el Juan Carlos I. También ha ejercido como instructor de vuelo formando a gran parte de los pilotos que hoy continúan en activo. En sus vacaciones, colaboraba en labores de extinción de incendios forestales en la base de Boltaña, en el Pirineo aragonés, hasta que se retiró a los 65 años y se dedicó exclusivamente al fuego. De hecho, el día 5, después del reto, vuelve a su base para seguir al pie del cañón al ser una época complicada en Huesca, donde las llamas ya han arrasado miles de hectáreas esta temporada.“Siempre he entrenado en la piscina y también hago mucho cardio. Son muchas horas de vuelo y tienes que tener tus reflejos”, explica Juan. A él la vida tampoco se lo ha puesto fácil. “Me ha puesto a prueba en varias ocasiones”, dice el piloto, que afortunadamente puede contarlo.En su historial acumula tres accidentes de helicóptero, dos naufragios, un siniestro total de coche y un accidente de buceo en Sudáfrica. Además, en 2018 le detectaron un cáncer que se le ha vuelto a reproducir. Situaciones de riesgo grabadas en su memoria que avivaron en cuanto le comunicaron lo que le había pasado a su hijo. “Yo me volví loco porque sabía lo que era. Mi miedo toda la vida ha sido el riesgo de esta profesión, o te matas o te quedan secuelas importantes en el cuerpo”, reconoce.Y siempre ha tenido muy presente a Ramón Sampedro, ese marino mercante que quedó tetrapléjico tras un accidente en la orilla de la playa. El director Alejandro Amenábar lo convirtió en el protagonista de Mar Adentro (2004), película que irremediablemente le recuerda a su hijo. Pero con un matiz. Ignacio no está postrado en una cama ni lo va a estar durante casi 30 años. Al contrario, en unas horas va a estar nadando en aguas abiertas.Gracias a su empeño y con la ayuda de los profesionales del hospital nacional, ha recuperado mucha movilidad. “A base de esfuerzo, de trabajo, de constancia, de sacrificio, de llorar, de no poder más, hasta querer atravesar la Bahía”, dice Juan con admiración.“Mi mayor honor es decir que soy el padre de Ignacio, por todo lo que me ha aportado y por todo lo que es”, expresa.Un reto solidarioLas donaciones del reto tendrán varios destinos solidarios. Una parte irá dirigida a la investigación de la médula espinal y a proyectos relacionados con la lesión medular, mientras que otra se destinará a una asociación vinculada al deporte inclusivo, pensada para personas que están en silla de ruedas por lesiones o por situaciones similares. La idea es que nadie se quede parado y que todo el mundo tenga la oportunidad de practicar deporte pese a las dificultades.Ignacio Peñuelas con su padre Juan Peñuelas, en uno de los últimos entrenamientos.JUAN CARLOS TOROOtra parte de lo recaudado servirá para ayudar a financiar la compra de una handbike, una silla adaptada que permitirá a Ignacio afrontar su próximo gran desafío: correr la maratón de Copenhague 2027 junto al amigo que le rescató del agua. Se trata de un material especialmente caro y, según comparte, actualmente no cuenta con recursos suficientes para acceder a él. “Todo es carísimo”, resume al hablar de los costes que rodean este tipo de retos y de la recuperación tras una lesión medular.A esa dificultad económica se suma una circunstancia añadida: cuando sufrió el accidente no tenía ningún seguro. Por eso, buena parte del proceso está recayendo sobre la familia y sobre el Instituto Social de las Fuerzas Armadas (Isfas), que también está aportando una pequeña subvención. “Y ahí seguimos volando, trabajando y siguiendo adelante con la vida”, dicen.Paella, conciertos y una rifa benéficaQuienes quieran apoyar el reto podrán hacerlo mediante una donación directa al proyecto o participando en el evento benéfico 5 km Reto Bahía. La cita se celebrará el sábado 4 de julio, con entrada libre, a partir de las 13.00 horas, en Las Gradas de Puerto Sherry, junto al hotel y las pistas de pádel. Ignacio y Juan tienen previsto llegar entre las 10.00 y las 10.45 a la playa de La Muralla.Momento en el que el portuense entra en el mar.-JUAN CARLOS TOROEl evento contará con paellas, servicio de Catering Grosso, bebidas y una programación musical que incluye la presencia de Neva y de Rafa Vasck como artistas invitados. Un punto de encuentro para apoyar la investigación de la médula espinal.Además, la jornada incluirá una rifa benéfica con 37 premios aportados por comercios, empresas y proyectos que han querido sumarse al reto. Un amplio lote de regalos y experiencias que se entregarán este sábado. Así entrenan padre e hijo en aguas abiertas, acompañados de sus amigos en kayak.-JUAN CARLOS TOROEntre los premios más destacados figuran una estancia de dos noches en un apartamento bajo con jardín a 10 metros de la playa en Zahara Atlanterra, valorada en 400 euros; dos noches para dos personas en The Boathouse, un apartamento barco en la ribera del río en El Puerto, valoradas en 400 euros; y un paseo de dos horas por la bahía para cuatro personas en el velero Arabi, valorado en 500 euros.La rifa suma también experiencias gastronómicas, actividades deportivas, tratamientos y productos de distintos establecimientos. Hay almuerzos o cenas en locales como El Faro de El Puerto, Foster’s Hollywood o La Peseta del Puerto y hasta entradas para el concierto de Álvaro de Luna en Bahia Sound de San Fernando el 22 de agosto.