Réquiem por Modric: Portugal, con gol de Ronaldo y mucho drama, se cita con España

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Escribió Andrés Calamaro, uno de los que mejor han cantado al fútbol, aquello de «malditas despedidas, me están volviendo viejo». Este jueves por la tarde, madrugada del viernes en España, el estadio de Toronto -no el Azteca de «prendido a tu botella vacía»- celebra una despedida interminable, que nos está volviendo viejos a todos. Cristiano Ronaldo y Luka Modric saltan a un campo con aficionados que han crecido con ellos, con exfutbolistas al micrófono que debutaron más tarde, con narradores que no eran becarios cuando estos dos ya se fajaban en el verde. Es un partido decisivo para sus Selecciones y definitivos para su carrera mundialista : Portugal-Croacia, en dieciseisavos. Para ambos países, la derrota significa decir adiós al Mundial y dejar de ver a su gran estrella de las dos últimas décadas. La factura emocional que sobrevuela sobre la cancha es tremenda. La despedida, al final, fue para el croata, en un drama a la altura de su fútbol (2-1). Y con gol incluido de Ronaldo. Comienza a rodar el balón, con la sensación de que la presión está más en el lado de Portugal y de Cristiano. La Selección lusa llegó al Mundial como una de las favoritas y se ha metido en las eliminatorias con dudas, con empates decepcionantes, mostrando inferioridad ante Colombia. Portugal comparece con una colección de estrellas mundiales. El centro del campo del bicampeón de la Champions League, el Paris Saint-Germain, con Vitinha y Joao Neves . En el enganche, Bruno Fernandes, uno de los mejores jugadores europeos de esta época. Por las bandas, los puñales de Rafael Leao y de Pedro Neto. Y Ruben Dias, Nuno Mendes, Joao Cancelo… Toda esa calidad solo refuerza las dudas sobre Ronaldo, al que el seleccionador, el español Roberto Martínez, le ha hecho jugar todos los minutos del Mundial y lo pone, como era de esperar, de inicio. Pero el 7 eterno apenas participa en la primera parte. Hace aspavientos, protesta porque no lo encuentran. Cristiano en estado puro. Pero, cuando le llegue la oportunidad, no cumple. Desperdicia un lanzamiento de falta, que va a la barrera sin colocación ni potencia. No llega a un centro que no se hubiera perdido antes. Portugal no se entona. Lo podría haber hecho si Fernandes aprovecha el doble remate franco que tuvo en el comienzo, tras una llegada de Leao. Pero no. Portugal está espesa, Ronaldo no aparece. Solo brama el estadio las pocas veces que toca el balón, entre el abucheo y el grito de ‘siuuuu’ de los portugueses. Modric tampoco es el que era. Nunca se lanza al ataque, no aparece por el balcón del área. Pero el juego fluye casi siempre que toca el balón. Y la grada croata, minoritaria pero más animada, grita ‘Luka, Luka’. Los nervios aflojan las piernas a Portugal en el comienzo de la segunda parte. En un despiste infantil, descuidan un saque de banda croata que acaba en una contra. Un centro desde la derecha lo recoge otro clásico, Perisic, y adelanta a Croacia. El partido ahí se rompe. Portugal y Cristiano se ven fuera del Mundial, una humillación delante de los miles de hinchas de Little Portugal, la comunidad portuguesa de Toronto, una de las mayores de su diáspora. Los portugueses se lanzan a la desesperada y se abren huecos. Leao la estrella al palo. El fuera de juego evita el segundo croata. Y Cristiano aparece, por fin. Lo hace con una maniobra deliciosa, un control de genio para después picar el balón ante el portero. Celebra como un loco, pero lo invalida el banderín. Solo tenía el hombro izquierdo en posición ilegal. Pero la tecnología es justa con Ronaldo: el VAR observa un penalti que nadie en Toronto había percibido. Lo tira, no había duda, el de Funchal y se grita el ‘siuuuu’ como nunca. Esto debería espolear a Portugal, pero es una banderilla para Croacia, que se crece ante el castigo del VAR. Las ocasiones caen sin parar para Croacia y el banderín vuelve a salvar a Portugal por la mínima. Sucic hace diabluras, Vlasic la tiene en un par de ocasiones. Martínez, en la banda, trata de cambiar de rumbo de la manera más difícil: quitando a Cristiano. Todavía no sabemos si serán sus últimos pasos en un Mundial, pero la ovación tiene esa importancia. Portugal se afianza en los últimos minutos, presiona más, gana balones, fuerza saques de esquina. El drama para Croacia se materializa en el tiempo añadido. Gonzalo Ramos, que ha salido por Ronaldo, marca de cabeza como lo que es, un nueve puro, el número que lleva en la camiseta. Esto solo agitará más el debate sobre Cristiano y sus minutos y sobre lo que necesita Portugal para hacer algo grande en el Mundial. Pero eso es para otro día. En los últimos cinco minutos, Modric sigue trotando, repartiendo balón, lanzando a los croatas. Se lanza como extremo a por un último balón. No llega. Es dramático el esfuerzo. Por un momento, parece que tiene recompensa. Gvardiol encuentra un rechace en el área y marca cuando pasaban más de 13 minutos de prolongación. Pero el VAR vuelve al rescate: fuera de juego. La grada croata se indigna, lanza botellas contra el campo, el final es un caos. Portugal celebra, en un final injusto para Modric y Croacia, que se vacían, hasta de lágrimas. El pequeñito con el diez corre y corre hasta el final, buscando un pase más. Ya no los habrá más, al menos con esta camiseta.. El partido histórico acaba siendo un réquiem por Modric, uno de los mejores de siempre. Acabó abrazado con el que sigue, por ahora, Cristiano Ronaldo. Su próxima cita con la historia, ante España en octavos.