Está gastando miles de millones, pero EE UU es incapaz de conseguir las armas futuristas que prometió

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Estados Unidos lleva un buen tiempo prometiendo armas más rápidas, más inteligentes y más difíciles de detener. El problema es que muchas de ellas siguen sin llegar a tiempo, pese a los miles de millones invertidos y a la presión del Pentágono para acelerar los plazos.Un nuevo informe de la Oficina de Rendición de Cuentas del Gobierno, la GAO, vuelve a poner el dedo en la llaga. La medida para entregar una nueva capacidad militar ya supera los 12 años, y algunos programas ni siquiera han actualizado sus fechas reales pese a los retrasos acumulados.El Pentágono quiere ir rápido, pero la tecnología no siempre acompaña Los nuevos destructores DDG 51 Flight III también se han visto afectadosLa idea, en teoría, era bastante clara: acortar el camino entre el laboratorio y el campo de batalla. Para eso impulsaron vías de adquisición más rápidas, pensadas para desarrollar o desplegar nuevas armas en un plazo de unos cinco años. Pero la realidad está siendo bastante más incómoda.Según lo informado por la GAO, muchos programas están intentando avanzar con tecnologías que todavía no están maduras. Básicamente, y para que se entienda, el Pentágono quiere comprar sistemas que aún necesitan pruebas, ajustes y años de trabajo antes de funcionar con la fiabilidad que exige en un entorno militar. Y cuando eso ocurre, los calendarios empiezan a saltar por los aires.El caso de las armas hipersónicas es uno de los más visibles. Estados Unidos lleva tiempo intentando cerrar la brecha con China y Rusia, pero sus programas siguen acumulando avisos. El misil hipersónico HACM de la Fuerza Aérea apenas tendría margen en su calendario si falla una prueba importante, mientras que el arma hipersónica terrestre del Ejército, conocida como Dark Eagle, también se retrasa por problemas de producción.La Marina tampoco se libra de este atasco. Mientras recupera ideas ambiciosas como su supercañón hipersónico como alternativa a los misiles, otros programas avanzan con más lentitud de lo que se preveía. La integración de armas hipersónicas en destructores DDG 100 va con retraso; los nuevos destructores DDG 51 Flight III acumulan demoras por falta de personal, problemas de suministro y cambios de diseño.No es solo un problema de misilesEl informe también señala retrasos en proyectos muy distintos entre sí. El T-7, el nuevo avión de entrenamiento de la Fuerza Aérea, sigue pendiente de completar gran parte de sus pruebas. El futuro Air Force One, el VC-25B, ha resuelto algunos problemas, pero aún arrastra riesgos en el diseño interior, el cableado y las modificaciones estructurales.En el Ejército, la defensa aérea de corto alcance, denominada M-SHORAD Increment 3, también llega con dudas. La GAO advierte que ninguna de sus tecnologías críticas está completamente madura, una señal preocupante para un sistema que debe sustituir al veterano misil Stinger en parte de sus funciones.La paradoja termina siendo bastante evidente. Washington necesita modernizar sus fuerzas con urgencia, pero muchos de sus grandes programas se atascan justo cuando intenta hacerlos más rápidos. Incluso en áreas donde la promesa suena muy avanzada, como el nuevo cañón táctico móvil con inteligencia artificial, el reto no está solo en imaginar el arma, sino en fabricarla, probarla y ponerla en manos de los soldados sin que falle.La GAO propone una solución que parece obvia, pero que el Pentágono no siempre ha seguido: empezar los programas con tecnologías ya probadas o desarrollar por separado las que todavía no están listas. El Departamento de Defensa acepta esa recomendación, aunque el problema viene de lejos.Y viendo esto, se puede decir que la factura no es solo económica. Cada año de retraso deja a las tropas esperando sistemas que se prometieron como decisivos y obliga a mantener equipos antiguos durante más tiempo. Estados Unidos sigue teniendo una capacidad militar enorme, pero este informe demuestra que gastar mucho no garantiza llegar antes.