El origen azaroso de Vox

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El destino no es tirano, sino caprichoso, sometido al azar y las casualidades. Y a la buena o mala suerte. Si Ignacio Garriga Vas de Concicao hubiera nacido en 2021, otro gallo le cantaría, y desde luego no sería rojo, sino negro, por lo que dudo que en esa hipotética situación celebrara nada, pues como cantaba Chicho Sánchez Ferlosio "el gallo rojo es valiente / pero el negro es traicionero". Un gallo que le picaría por instinto territorial, o lo que Vox llama prioridad nacional.De ser hoy —imaginemos— un guineano de cinco tiernos años, nieto de una española nacida en Guinea Ecuatorial —cuando aquel país africano todavía era colonia española y los ciudadanos nacidos allí eran considerados legalmente españoles—, le resultaría tremendamente difícil formar parte en un futuro no lejano del proyecto político de Vox. Porque no habría llegado a vivir en este país nuestro, pues qué hace un ciudadano ecuatoguineano de color reclamando la nacionalidad española por el débil motivo de ser nieto de una guineana que dice tener pasaporte español y dice sentirse española por los cuatro costados, aunque nunca hubiera vivido en la Península.El grupo de Vox, en su afán de defender España, le habría denegado un visado por prioridad nacional —que vaya usted a saber qué será eso— y le habría recomendado volver a su país a salvarlo de la corrupción poscolonial, siguiendo el argumentario del actual secretario general de la ultraderecha fascista: el Ignacio Garriga de hoy, de unos 40 años, nacido en España de madre guineana y padre de ascendencia belga. Vamos, lo que en las conversaciones familiares de los Espinosa de los Monteros – Monasterio se conoce como español de toda la vida.Fuera y lejos de situaciones ficticias, la madre del secretario general de Vox llegó a España buscando una vida mejor con pasaporte español y la encontró al lado de Rafael Garriga Kuijpers, catalán de rancia estirpe nacionalistas filonazi (¡sin duda, las rarezas y filiaciones aparentemente imposibles de Ignacio Garriga le vienen de familia!). Eran otros tiempos, porque actualmente la vida de su madre habría sido más penosa: ella no contaría con la nacionalidad española y tendría que haber entrado haciéndose pasar por turista. Una vez pasados los 90 días de supuestas vacaciones, habría tenido que burlar la ley hasta lograr un contrato legal que le permitiera seguir luchando por un futuro mejor. Quizá su condición de inmigrante ilegal y su color de piel negra tampoco habrían sido freno para conocer a alguien como Rafael Garriga Kuijpers, hijo de las mejores familias empresariales catalanas, enamorarse y casarse, quizá. Bueno, un final feliz posible siempre y cuando no se hubiera cruzado con gallos negros.La existencia de Vox, ¡caprichos del destino!, no habría sido posible de haber sido ellos mismos, tan españolísimos, los que, años atrás, hubieran liderado nuestro país. De haber tenido un Estado impregnado de prioridad nacional, es decir, de xenofobia e injusticias clamorosas, el recorrido vital del actual secretario general, Ignacio Garriga Vas, habría estado lejos de Barcelona, por lo que su destino no se habría cruzado ni con el PP ni con Vox. Pero, además, tampoco habríamos acogido a otros de sus dirigentes e ideólogos como Javier Ortega Smith ni a la mismísima Rocío Monasterio. Al origen argentino del primero, hemos de sumar ese nada castizo Smith en su apellido. Si analizamos su árbol genealógico, ¿cuánto pesa en su pasaporte lo español de toda la vida” Y qué me dicen de la hispano-cubana Rocío Monasterio, hija de un cubano y nieta de españoles, ¿le concederíamos la nacionalidad española? No vayan a pensar que me extrañan estas incoherencias: me viene a la memoria aquel austriaco, por nacimiento y crianza, que llevó a toda una nación extranjera —para él, que insisto, era austriaco— a luchar contra natura buscando su imaginaria pureza aria.  El destino ciego e irresponsable quiso que una combinación de azar y fronteras abiertas les permitieran a todos ellos entrar en nuestro país que, con el roce, también ha acabado siendo el suyo, por derecho propio. Sin embargo, el corazón de odio y la avaricia les ha borrado la memoria y son capaces de negar la evidencia cuando defienden la pureza española y aseguran que todos los males de España nacen de los extranjeros y de la pérdida de no sabemos qué valores que hicieron fuerte a nuestro país, aunque hasta el día de hoy no son capaces de concretar cuándo sucedió ni qué es lo que nos hizo tan gran nación. Mientras, ellos, con apellidos largos y compuestos y un pasado que huele a naftalina, hacen negocios con los que alargan y complican más aún su escudo de arma. Un simplismo tóxico que envenena los corazones solidarios que nos hacen personas y pone en riesgo el destino de nuestro país y del resto de los países que nos rodean.