El sueño de Cabo Verde llegó a su final, pero con la cabeza bien alta. El equipo africano estuvo cerca de lograr la mayor campanada de la historia de los Mundiales, pero un gol en propia puerta de Borges en la segunda parte de la prórroga evitó el descalabro de Argentina. Agónica clasificación a octavos en Miami y muchas dudas para lo que resta de campeonato. Hubo lágrimas en la grada con ese 3-2 suertudo . El Hard Rock Stadium fue una Bombonera, con más de 60.000 argentinos en las gradas que, tras 120 minutos de sufrimiento, descargaron toda la tensión por sus ojos. Se vieron muy cerca de una tanda de penaltis que hubiera sido una moneda al aire. Argentina jugó la primera mitad como lo lleva haciendo en toda la era Scaloni: balones a Messi y que Leo decida . Es tan simple como el mecanismo de un bic, pero eso no quiere decir que sea sencillo de detener. Cabo Verde lo logró durante 29 minutos, con Vozinha gustándose en un par de recortes a Lautaro y sin recibir ni un solo tiro a puerta, pero entonces llegó la maldita pausa de hidratación. La aprovechó Messi para acercarse a Scaloni y decirle algo al oído. No sabemos el qué, pero si lo que pasó justo después del 'break'. Pase de Lisandro al espacio y control más disparo de Leo al techo de la red. Beckham, Simeone, Ginobili y Shakira celebraban en sus cómodas butacas vip. Séptimo gol en el torneo y 20 en el total de los Mundiales. El gol fue una delicia. Cualquier otro jugador hubiera necesitado tres controles donde Messi solo tuvo que hacer uno. Y cualquier otro jugador hubiera elegido fusilar a Vozinha en lugar de meterle el empeine debajo del balón para ponérsela arriba al portero. Hasta ese 1-0, Messi había caminado y no dejó de hacerlo en todo el partido. Sudaba porque había 34 grados y un 80% de humedad en Miami, no por las carreras que se estaba pegando. Ni siquiera en el gol, donde diez segundos antes de esprintar lo justo para ganarle un metro a su marca, caminaba por la frontal del área y parecía estar completamente desconectado de lo que hacían sus compañeros. Del vestuario salió la misma Argentina de trote cansino, a la espera de que Messi le rematase el marcador, y una Cabo Verde igual de seria, pero más atrevida. No tenía nada que perder y lo puso en práctica. En el 50, el Dibu probó por fin la resina de sus guantes en un disparo de Deroy Duarte. Nueve minutos después, volvió a utilizarlos, pero para coger el balón de la red. Empató Cabo Verde con una jugada de doble caño. Primero a Medina, en la asistencia de Mendes, y luego a Lisandro, en el disparo de Duarte, que pasó por debajo de las piernas del central del United antes de superar al Dibu. Con el 1-1, Argentina empezó a correr. No mucho, pero sí lo necesario para gobernar el partido y embotellar a Cabo Verde. Aunque no tuvo demasiadas opciones. Solo las que se fabricaba Messi, como la del 63. Disparo al cuerpo de Vozinha, cuando solo tenía que ponerla en una esquina de la portería. Extraño en Leo, pero la derecha no es la izquierda, aunque sea Messi. Luego tuvo un par de libres directos que hicieron trabajar de nuevo a Vozinha, que empezaba a ponerse el mismo traje que ante España. Y era traje de noche grande, pero sin final feliz. Volvió a adelantarse Argentina en el 93, en un zurdazo de Lisandro tras un córner botado por Messi. Empató de nuevo Cabo Verde, en uno de los goles del Mundial. En el 103, Lopes Cabral clavó un derechazo en la escuadra desde el lateral del área. Su celebración fue más loca que el propio tanto. Salto a la grada y un minuto buscando a su novia hasta que dio con ella para darse un abrazo y un beso ante el estupor de su pareja. Los penaltis aparecían en la cabeza de Scaloni y de Messi, cuyo gesto serio delataba el drama que podía venirse encima, pero entonces apareció el remate del Cuti Romero y el golpeo en el brazo de Borges, para meter el balón en su propia portería. Y un Dibu decisivo en los minutos finales, con Cabo Verde arrinconando a Argentina.