Evidentemente sí, siempre que los números lo permitan. ¿Es que hay algún problema? ¿Es que hay que asumir el discurso generalizado y unánime de todos los medios de comunicación, propiciado por los dos grandes partidos, tanto el PSOE, creador del relatito de la amenaza fascista (con la inestimable colaboración de Podemos en su momento), como el PP, principal perjudicado por la existencia de Vox? Ahora mismo, con motivo de pacto para formar gobierno en Andalucía estamos asistiendo a la reactivación del discurso demonizador contra Vox. Y sin embargo ahí los tenemos juntos en el Ayuntamiento de Toledo culminando una de las mejores legislaturas de la corporación. La realidad y los hechos son que no hay ningún motivo ni razón para asumir tal discurso, según el cual la democracia misma estaría en peligro, que lo está, pero por obra de los actuales gobernantes, los derechos y libertades individuales serían suprimidos, la población en masa sometida a un proceso de reeducación generalizado y las minorías étnicas y el colectivo LGTBIQ+ marcharían a las cámaras de gas. Hay que ser un perfecto imbécil para comprar ese relato, sobre todo pudiendo acceder a la web del partido Vox y leer su programa electoral. Repasemos brevemente la historia reciente. ¿Recuerda el lector aquel partido llamado Unión, Progreso y Democracia, el partido creado por Rosa Díez con disidentes del PSOE, principalmente vascos? Aquel partido agrupó a lo más noble que había entonces en el PSOE, militantes y cargos que no pudieron asumir la completa infamia cometida por Rodríguez Zapatero al sentarse con una banda de asesinos, esos mismos asesinos que habían acabado con la vida de muchos militantes socialistas, a negociar acuerdos que implicaran un beneficio mutuo tanto para los asesinos como para el PSOE (ni mucho menos esa ficción de paz que nos intentaron vender en su momento a los españoles) Pues bien, Vox fue en origen lo mismo que Unión, Progreso y Democracia, sólo que integrado por militantes del PP que tampoco pudieron asumir que su partido siguiera en la misma deriva en la que se había instalado el PSOE. ¿Sería usted capaz de comparar a las víctimas con los verdugos? ¿Tendría la misma desfachatez de los dirigentes socialistas de condenar al partido de Ortega Lara mientras blanquean y elevan a la categoría de socios de gobierno al partido de Txapote ? ¿Caería en la asquerosa demagogia de tildar de «fascistas, antidemócratas, y anticonstitucionales» a un partido cuyo núcleo fundacional fueron víctimas de ETA como el propio Ortega Lara, el señor Francisco José Alcaraz o el mismo Santiago Abacal ? ¿Seguiría usted al infame sanchismo en su constante demagogia, mentira y manipulación fabricando un cabeza de turco y chivo expiatorio sobre el que volcar todos los males del país sólo para tapar y ocultar su propia miseria e indecencia? El asco que produce el sanchismo a estas alturas es tan insoportable que no queda más opción que vomitarlo a la cara de los que lo sostienen. Es absolutamente insoportable ver como se equipara a víctimas con verdugos con el agravante de que a las víctimas se les despacha con la etiqueta de «fascistas, antidemócratas y anticonstitucionales» mientras que a los verdugos se les considera hombres de paz y fiables socios de gobierno. Aún más, se niega la existencia a las víctimas y su lugar de interlocutores válidos y se les oculta tras otras víctimas de hace casi un siglo, víctimas que lo fueron no de crímenes perpetrados por una banda mafiosa y asesina, sino de una guerra civil. Entonces no hubo inocentes, todos fueron culpables, mientras que en el caso de ETA sí hubo víctimas inocentes y verdugos culpables, y todos los mayores de treinta años lo hemos conocido y vivido personalmente. Son comparaciones demagógicas e inmorales. Es de tal magnitud la infamia ética y moral cometida por el Partido Socialista, por los señores Sánchez y Rodríguez Zapatero y luego secundada por el Partido Popular de Rajoy que resulta increíble e incomprensible que tantísimos de nuestros conciudadanos y compatriotas hayan experimentado esa especie de abducción, alienación y lavado de cerebro que ya no les permite distinguir algo tan básico como es el bien del mal. Y es indicador de hasta qué punto la sociedad española está completamente enferma. Por supuesto que el PP deberá pactar con Vox allá donde quiera gobernar. Lo que jamás debió ocurrir es que el PSOE pactara con delincuentes, prófugos y asesinos para poder hacerlo. Y el que no sea capaz de verlo tiene un problema muy grave. Ni Vox es un partido fascista, ni es extrema derecha, ni es ningún peligro para los derechos y libertades ni de los españoles ni de los inmigrantes. ¿No se lo creen? Léanse, repito, su programa electoral y atrévanse a pensar por sí mismos. Cuando hay grupos de poder muy fuertes interesados en colgar sambenitos, fabricar cabezas de turco y chivos expiatorios, es que hay razones muy poderosas detrás. Y lo mejor que podemos hacer los ciudadanos ante esto es no dejarnos manipular con slogans fáciles. Es muchísimo más digno pactar con un partido formado por gente que ha dado la vida al servicio de su país que con partidos integrados por criminales que morirían por dinamitarlo. No podemos continuar en esta bastarda infamia ni un minuto más.