Nadie sabe con seguridad quién dijo por primera vez que «ser odiado por idiotas es el precio que se paga por no ser uno de ellos». La frase circula huérfana, atribuida unos días a Mark Twain y otros a algún estoico de saldo, impresa en tazas y en esos ubicuos tote bags que compramos en las librerías para sentirnos un poco mejores personas de lo que somos. Y rara vez la he visto cumplirse con tanta puntería como estas semanas, leyendo desde la distancia lo que ocurre en Italia en torno a una mujer que lleva casi tres años muerta. Porque a Michela Murgia, la autora de La acabadora y de Tre ciotole (el libro de cuentos que adapté en... Ver Más