Stephen Eustáquio, el otro '7' de Portugal que lidera el sueño de Canadá

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Juega con el número 7. Creció en Portugal. Allí aprendió a entender el fútbol, compartió vestuario con João Félix y Diogo Jota y estuvo a un paso de vestir la camiseta absoluta portuguesa. Pero el héroe nacional de Canadá se llama Stephen Eustáquio. Y el gol que marcó en el minuto 92 contra Sudáfrica ya ocupa un lugar en la historia del fútbol canadiense. No fue solo el tanto que clasificó por primera vez a la selección de la hoja de arce para los octavos de final de un Mundial. Fue la recompensa a una vida construida entre dos países, marcada por el sacrificio y golpeada por una tragedia que habría derrumbado a muchos. Canadá se enfrentará este sábado (19:00 horas) a Marruecos con un líder inesperado. Con Alphonso Davies saliendo de lesión, el peso del equipo ha recaído sobre un centrocampista que rara vez ocupa las portadas. Las lágrimas con las que celebró el '7' canadiense el tanto no eran únicamente deportivas. «Todo lo que hago es por mi familia, por mis padres, por mi novia, por mi hija, por mi hermano y mis amigos en casa. Todo por ellos», dijo después del encuentro. Detrás de esa frase hay una historia mucho más profunda que un gol. Stephen Antunes Eustáquio nació en Leamington (Ontario) en 1996, hijo de emigrantes portugueses. Cuando tenía siete años, la familia regresó a Portugal y allí comenzó realmente su carrera. Mientras otros niños simplemente jugaban al fútbol, él lo estudiaba. Su hermano Mauro recuerda que su padre les repetía una idea casi como un mandamiento: había que aprender fútbol todos los días. «Mi padre siempre decía que para crecer en el fútbol debíamos estudiar el juego y que el día en que no lo hacíamos era un día que perdíamos». Aquella obsesión acabó definiendo al futbolista. Revisaba entrenamientos, tomaba notas en un ordenador siendo adolescente y analizaba qué podía mejorar después de cada sesión. En Portugal empezó un camino alejado de los focos. Pasó por Leiria, Nazarenos, Leixões y Chaves antes de consolidarse en el Paços de Ferreira, donde llamó la atención del Porto. Allí disputó 156 partidos, jugó la Liga de Campeones, la Europa League y el Mundial de Clubes, hasta salir cedido en 2026 a Los Angeles FC. Sin embargo, el gran punto de inflexión de su carrera llegó mucho antes y no tuvo que ver con un traspaso. Internacional sub-21 con Portugal, todo hacía pensar que seguiría el camino natural hacia la absoluta. Entonces apareció Canadá. John Herdman, seleccionador del conjunto norteamericano, llamó a su puerta cuando todavía vestía la camiseta portuguesa en categorías inferiores. Eustáquio pidió tiempo para decidir. También porque atravesaba uno de los momentos más complicados de su carrera. En 2018 fichó por Cruz Azul como una apuesta de futuro, pero apenas quince minutos después de debutar sufrió una rotura del ligamento cruzado anterior de la rodilla izquierda. Un año entero de recuperación amenazó con frenar una progresión que parecía imparable. Herdman siguió insistiendo. Lo hizo con paciencia. «Estoy aquí porque conocí a una persona fantástica. Respetó mis tiempos, mis decisiones y nunca me presionó», reconocería años después el futbolista. El técnico tampoco escatimó elogios: «Es un jugador clave, capaz de marcar el tempo del partido por sí solo. Es un entrenador dentro del campo». En noviembre de 2019 eligió definitivamente. Renunció a Portugal y apostó por Canadá. Hoy suma 60 internacionalidades, cinco goles y una influencia que va mucho más allá de las estadísticas. Jesse Marsch, actual seleccionador, encontró en él el equilibrio perfecto para un equipo cada vez más competitivo. «No se me ocurre nadie más merecedor. Creo que, desde algún lugar, sus padres están mirando desde arriba y lo han visto», afirmó después del triunfo frente a Sudáfrica. No era una frase casual. En 2022, su madre, Esmeralda, fue diagnosticada de un cáncer cerebral. La enfermedad le impidió viajar a Catar para verle disputar el Mundial. El 15 de abril de 2023, durante un partido con el Porto, Eustaquio fue sustituido al descanso. En el vestuario le esperaban su pareja y el médico de su madre para comunicarle que Esmeralda había fallecido. El club quiso darle dos semanas de descanso. Él decidió seguir jugando. Lo hacía, decía, por su padre. Armando Eustaquio había trabajado durante años en ferris que cruzaban el canal entre Inglaterra y Francia. Pasaba dos semanas embarcado y dos en casa. Con ese salario sostuvo el sueño futbolístico de su hijo durante toda la infancia. En mayo de 2024 sufrió un infarto y murió. En apenas trece meses, Stephen perdió a los dos pilares de su vida. Quizá por eso el fútbol nunca aparece en sus discursos separado de la familia. Cada victoria tiene dos destinatarios. Cada celebración mira al cielo. Lo hizo tras el histórico gol ante Sudáfrica. Ahora, antes del duelo contra Marruecos, Canadá vuelve a apoyarse en ese mediocentro que casi nadie señalaba como protagonista del Mundial. El futbolista que pudo vestir la camiseta de Portugal es hoy el símbolo de un país que sigue rompiendo barreras. Primero llegó la primera victoria mundialista. Después la primera clasificación para unos octavos. Ahora quiere escribir otro capítulo.