El ADN desmontó una de las ideas más persistentes sobre la humanidad. Las razas no existen en nuestros genes, sino en la forma en que aprendimos a mirar

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A partir de una reflexión publicada en The Conversation por Pablo Rodríguez Palenzuela, catedrático de Bioquímica de la Universidad Politécnica de Madrid, la genética humana ofrece una conclusión incómoda para las viejas categorías raciales: nuestra especie varía, pero no se divide en razas biológicas claras. La mayoría de las diferencias están dentro de cada población, no entre continentes.