EE UU retrasa el lanzamiento de su avión del juicio final por problemas en su desarrollo

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Estados Unidos tendrá que esperar más de lo previsto para renovar uno de sus aviones más estratégicos. El E-130J Phoenix II, conocido de forma popular como uno de los nuevos aviones del juicio final, acumula retrasos por problemas en su desarrollo.La idea detrás de este proyecto era sustituir a los veteranos E-6B Mercury, una flota que lleva décadas cumpliendo una misión crítica: mantener la comunicación con los submarinos nucleares incluso en una crisis extrema. Pero el relevo no está avanzando al ritmo que esperaba la Marina estadounidense.El desafío técnico: más tecnología en un fuselaje más pequeñoLa Oficina de Rendición de Cuentas del Gobierno de Estados Unidos, conocida como la GAO, ya había avisado el año pasado que el programa tenía riesgos técnicos muy importantes. Ahora, según su nueva evaluación, esas preocupaciones se han convertido en problemas reales. La decisión para pasar a una primera fase de producción limitada se había desplazado alrededor de un año, y ahora apunta a abril de 2029.El E-130J Phoenix II está basado en el famoso C-130J-30 Super Hercules, un avión de transporte con hélices que sigue fabricándose y que ofrece ventajas bien marcadas. Es más fácil de mantener que los antiguos aviones derivados del Boeing 707 y puede operar desde más aeródromos, incluso desde pistas menos preparadas. En una emergencia, esa flexibilidad puede ser muy valiosa.El problema es que convertir un C-130J en un centro aéreo de comunicaciones nucleares no es tan sencillo como cambiar unos equipos por otros. El avión debe llevar sistemas capaces de comunicarse con submarinos sumergidos, resistir interferencias, proteger sus redes y mantener enlaces seguros en escenarios catastróficos. También necesita más generación eléctrica, refrigeración, cambios estructurales y protección frente a pulsos electromagnéticos.Y ahí es donde precisamente está una de las principales trabas. Los contratistas están trabajando para aligerar algunos sistemas ya existentes y poder integrarlos en la nueva plataforma. Dicho en pocas palabras, hay que meter mucha tecnología pesada y delicada en un avión más pequeño que el E-6B Mercury al que sustituirá.Un relevo urgente para una flota envejecidaLa misión que cubrirá el Phoenix II se conoce como TACAMO. Su función es garantizar que las órdenes puedan llegar a los submarinos con misiles balísticos incluso si las comunicaciones terrestres fallan. Es una pieza discreta, pero fundamental dentro de la disuasión nuclear de Estados Unidos.La urgencia del proyecto viene de la edad de los E-6B Mercury. Estos aviones proceden de una plataforma, el Boeing 707, que dejó de fabricarse hace décadas. Mantenerlos operativos cada vez es más complejo, y la Marina necesita que sigan volando hasta que el E-130J esté listo para asumir el relevo sin dejar un hueco peligroso.El cambio, además, no será completo en todas las misiones. Los E-130J se centrarán en el papel TACAMO para la Marina, mientras que la Fuerza Aérea estadounidense trabaja en otra solución para sus funciones de puesto de mando aéreo. Es decir, Washington está separando tareas que durante años habían recaído sobre la misma flota.El retraso no significa que el programa esté parado completamente, pero sí confirma que el margen se estrecha cada vez más. Estados Unidos necesita modernizar una parte esencial de su sistema de mando nuclear, y hacerlo tarde puede obligar a estirar aún más una flota antigua. En un terreno donde la capacidad de respuesta lo es todo, un año de retraso pesa mucho más de lo que parece.