Aprueban el uso de larvas que devoran la carne muerta para curar heridas

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Suena a remedio de otra época, y así ha sido, pero acaba de recibir luz verde de una de las agencias sanitarias más importantes del mundo. La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos, la FDA, ha autorizado el uso médico de unas larvas capaces de devorar tejido muerto para ayudar a curar heridas que no terminan de cerrar. Es algo que añade una arma más al arsenal médico al mismo tiempo que puede resultar clave en un panorama médico con una alta resistencia a los antibióticos.No hablamos de cualquier larva, sino de MEDIFLY Maggots, un producto desarrollado por Cuprina a partir de larvas estériles de Lucilia cuprina, una especie de mosca conocida como mosca australiana de la oveja. Estas se colocan sobre heridas muy concretas para limpiar la zona de tejido muerto, dañado o infectado sin tocar la carne sana.Pequeñas larvas contra grandes heridasLa técnica tiene nombre médico: terapia de desbridamiento con larvas y, aunque ahora vuelva a sonar llamativa, no es nueva. Lo que cambia en este caso es que la FDA ha dado el visto bueno a una segunda especie de larva para este uso en EE.UU.Hasta ahora, el gran referente era Lucilia sericata, autorizada desde 2004. Ahora entra en escena Lucilia cuprina, con una autorización 510(k) que la considera sustancialmente equivalente a un producto ya aprobado.El tratamiento está pensado para heridas crónicas o complicadas, no para un corte cualquiera. Cuprina señala que MEDIFLY Maggots podrá utilizarse en úlceras por presión, úlceras neuropáticas del pie y heridas traumáticas o posquirúrgicas que no cicatrizan. Es decir, lesiones en las que el tejido muerto se convierte en un problema real, porque impide que el cuerpo avance en el proceso normal de curación.La imagen puede sonar desagradable, pero no hablamos de coger larvas de cualquier sitio y soltarlas sobre una herida. Son larvas de grado médico, criadas y esterilizadas para ese uso, y se aplican bajo supervisión de profesionales sanitarios. Su trabajo consiste en retirar lo que sobra: tejido muerto, restos dañados y parte de la carga bacteriana que complica la evolución de la lesión.Las larvas liberan enzimas que ayudan a descomponer el tejido muerto y después lo ingieren. En la práctica, funcionan como una especie de limpieza biológica muy selectiva. No sustituyen a todos los tratamientos ni sirven para cualquier paciente, pero son una herramienta útil cuando la "medicina ortodoxa" no da el resultado esperado.El interés por este tipo de terapias también encaja con la resistencia a los antibióticos. Cada vez preocupa más la pérdida de eficacia de algunos tratamientos frente a bacterias, por lo que cualquier opción que ayude a limpiar heridas sin depender directamente de antibióticos gana atractivo.