Un grupo de arqueólogos de la Autoridad de Antigüedades de Israel y de la Universidad de Haifa lleva algún tiempo excavando una cueva a las afueras de Fureidis, un pueblo al sur de Haifa. Pues bien, lo que están sacando a la luz son pequeños destellos de lo que acabaríamos siendo como humanidad. Los restos acumulados en el suelo de la cueva revelan que el sitio estuvo habitado hace entre 400.000 y 250.000 años. En esa época, esta zona era un corredor geográfico muy importante, un puente natural entre Eurasia y África donde se cruzaban distintas poblaciones de humanos arcaicos. Por las fechas, es evidente que aquellos primeros habitantes no se parecían del todo a nosotros. El yacimiento en sus etapas más antiguas pertenecía al llamado complejo cultural achelense-yabrudiense. Detrás de este nombre tan técnico se esconden los preneandertales, o tal vez un linaje humano que todavía no tiene nombre y que rondaba por Oriente Próximo mucho antes de que apareciéramos nosotros y los neandertales clásicos. Para que nos hagamos una idea de su importancia, los arqueólogos comparan esta cueva con Nahal Me'arot, un sitio cercano declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO por todo lo que nos ha enseñado sobre la evolución.Herramientas de sílex y restos de animales que revelan el día a día en la cueva Hacha de mano descubierta en la cueva que está a las afueras de FureidisEl trabajo de campo está dando su fruto. Entre los sedimentos han aparecido herramientas de piedra que demuestran una tecnología bastante avanzada para la época, como pequeños bifaces muy afilados, raspadores y hojas de sílex. Pero no solo hay piedra tallada. También se han recuperado huesos de animales, como gamos, gacelas y caballos, así como restos que indican que en su día hubo agua muy cerca. No es difícil imaginar por qué este lugar resultaba tan atractivo para los grupos de cazadores-recolectores de hace miles de siglos. Lo verdaderamente interesante de todo esto es que estos objetos nos hablan de un cambio profundo en el comportamiento. No es que de la noche a la mañana se volvieran "modernos", sino que en esta cueva se aprecian ciertos elementos de lo que vendría después. Hay indicios de que empezaron a organizarse en grupos más grandes y a pasar temporadas más largas en un mismo sitio. Además, el uso constante del fuego y la acumulación de actividades cotidianas apuntan a una vida social mucho más rica alrededor de las brasas, un patrón de convivencia que acabó definiendo tanto a los neandertales como a nosotros mismos.