Puerto Sherry vive estos días una cuenta atrás que se nota en cada conversación del paseo marítimo. Vecinos de toda la vida, turistas que llegan cada verano desde otros puntos de España y hosteleros que conviven a diario con Margarita, Blu, Playa Canalla y PhiPhi coinciden en lo mismo: el posible cierre de estos cuatro chiringuitos no es solo un trámite judicial, es un golpe directo a la forma de vivir el verano en la zona.Lavozdelsur.es ha recorrido esta semana la zona para recoger el pulso de la calle antes de que se cumpla el plazo fijado por la última resolución judicial, que obliga a los cuatro locales a cesar su actividad antes de las 00:00 horas del próximo lunes. Y lo que se encuentra es un debate abierto, con posturas encontradas entre quienes temen las consecuencias del cierre y quienes lo ven como una solución largamente esperada.Para unos, el debate habla de puestos de trabajo, de un tipo de turismo que puede dejar de venir y de un modelo de ocio, el del tardeo, que consideran insustituible en esta franja de costa. Para otros, en cambio, estos chiringuitos han traído consigo un tipo de cliente que prefieren no tener: jóvenes que llegan a la zona en busca de fiesta y que, según relatan, dejan tras de sí "botellas rotas, suciedad y ruido" que impide descansar a quienes buscan unas vacaciones tranquilas. Su cierre, sostienen, supone recuperar el perfil de visitante familiar que veraneaba en la zona antes de la llegada de estos negocios.La hostelería, la más pendiente del cambioJuan Pedro Osborne regenta el restaurante Crêfondue, en el mismo paseo marítimo, desde 2005, casi dos décadas antes de que abrieran los chiringuitos que ahora están en el punto de mira. Su testimonio funciona como termómetro de lo que ha cambiado la zona desde entonces: "Nosotros, con la apertura de los chiringuitos, vimos un aumento bastante considerable en la afluencia de público".Osborne no descarta que el cierre repercuta en el conjunto de la hostelería de Puerto Sherry, aunque prefiere no dar la situación por perdida. "Yo pienso que va a repercutir mucho en toda la economía del puerto, en todo el turismo que generan esos chiringuitos", explica, aunque matiza que confía en que se trate de "un cambio" de público y no de una caída generalizada.Juan Pedro Osborne, dueño del restaurante Crêfondue en Puerto Sherry.-MANU GARCÍAEl hostelero admite que el primer verano sin estos locales será, previsiblemente, el más complicado. "Creo que algo se verá afectado, que habrá una disminución, sobre todo este año, que será el cambio", señala, aunque cree que con el tiempo el puerto "volverá a coger el caudal de turismo" gracias al resto de su oferta.El reclamo que trae turismo de fueraA la hora de explicar quién llena estos locales cada verano, un grupo de diez chicas llegadas desde Madrid lo deja claro: "Venimos sobre todo para ir a Blu y a chiringuitos de ese estilo y a los tardeos." La elección del alojamiento no fue casual, buscaron piso "cerca de la playa y cerca de los chiringuitos y tardeos" antes de decidirse por la casa.El grupo descubrió la zona a través de redes sociales, donde el ambiente de estos locales se ha convertido en reclamo turístico. Sobre el posible cierre, no dudan del impacto que tendría: "Si lo cierran, yo creo que va a dejar de venir la gente", afirman, convencidas de que buena parte del atractivo de Puerto Sherry depende de esa oferta concreta.Dos de los cuatro chiringuitos que tendrán que cerrar en Puerto Sherry.-MANU GARCÍAUna pareja que veranea habitualmente en la zona, aunque reconoce no ser el público más asiduo de estos locales, comparte la misma lectura. "Me parece que hunden El Puerto de Santa María. Vienen de toda España preguntando sobre todo por Playa Canalla", relatan, y añaden que el cierre sería, a su juicio, "por supuestísimo" negativo para el conjunto de la zona.Las voces que no lamentan el cierreNo todos en la zona comparten esa preocupación. Dos trabajadores de la hostelería en Puerto Sherry, que prefieren no dar su nombre, aseguran que el cierre de estos cuatro locales no les va a afectar. "Aquí no nos afecta para nada", resume uno de ellos, que considera que la actividad de estos chiringuitos "no aporta nada" al resto de negocios de la zona.Al contrario, aseguran haber notado un efecto inverso desde que estos locales ganaron protagonismo: la pérdida de un tipo concreto de cliente. "Hemos perdido clientes de otros años, familias que se dejaban un dinero por día. Esa gente ya no viene, porque si vas de vacaciones tranquilo, lo que quieres es estar tranquilo, no rodeado de gente que llega borracha y te deja todo lleno de basura, botellas partidas, coches rayados", explican. Uno de ellos añade que ha sufrido daños en su propio vehículo por este motivo.Matizan, eso sí, que ese ambiente no llega hasta su tramo de playa. Preguntados por si notan la presencia de ese público más joven los fines de semana, responden que no, al menos en la zona en la que trabajan. "En la playa concretamente no. En la otra que está pegada a los chiringuitos no lo sé, pero esta concretamente no", apuntan, y aseguran que su clientela sigue siendo mayoritariamente familiar.En una línea similar se sitúa un vecino de la zona, que también pide mantener el anonimato. Su valoración del cierre es clara: está a favor, aunque lamenta que la solución haya tardado tanto en llegar. "Por supuesto, a favor. Pero esto lo llevamos sufriendo mucho tiempo, la mala noticia es lo que se ha tardado en solucionar. La buena noticia es que finalmente han cerrado", resume. Lamenta el ruido que molesta a todos los vecinos, los botellones previos y posteriores y el mal comportamiento de la juventud que se acerca hasta la zona con el único objetivo de ir a las "discotecas de pequeño formato", como le llama."Que lo castiguen, pero no que lo quiten"No todas las voces de la zona defienden estos locales sin matices, aunque coinciden en rechazar la fórmula del cierre. Malena, vecina de Puerto Sherry desde hace más de treinta años, cree que si ha habido incumplimientos por parte de los negocios, la respuesta debería ser otra. "Si lo han cerrado porque han incumplido las normas, pues que los castiguen, una buena indemnización que les duela, pero no tienen por qué quitarlo, porque eso les da vida", defiende.Malena reconoce sin rodeos que el ambiente que traen estos locales no siempre es de su agrado, sobre todo los fines de semana, cuando llega más gente joven a la zona. "La juventud, cuando vienen a pasar los fines de semana, son desastrosos. No saben comportarse. Suciedad, gritos, no dejan descansar", lamenta. Su conclusión, sin embargo, resulta reveladora del papel que juegan estos negocios como válvula de escape para ese mismo ruido: "Por eso mejor que se vayan para los chiringuitos".Malena, una vecina que critica cómo se comporta la juventud en Puerto Sherry.-MANU GARCÍAEntre la nostalgia y el temor a la pérdida de empleoConcha y su hija Candela llevan más de tres décadas veraneando en El Puerto de Santa María y han visto crecer esta franja de costa hasta convertirse en punto de encuentro para públicos distintos. Para Candela, el tardeo de Blue o Margarita forma parte ya del plan de verano: "Me encanta ese plan, el tardeo. Hay muchísimo ambiente siempre, es mi plan favorito".La joven considera que cerrar estos negocios supondría desaprovechar una oportunidad ya consolidada para atraer visitantes de fuera de la comunidad. "Conozco a gente de Madrid que viene a los chiringuitos de Puerto Sherry, me los ponen todos pintados por las nubes", cuenta, convencida de que sin ellos "los veranos no van a ser igual".Concha y Candela, madre e hija que defienden que se mantengan los chiringuitos.-MANU GARCÍAConcha, por su parte, pone el acento en el empleo. Defiende el modelo del tardeo frente al ocio nocturno, al que considera más arriesgado para los jóvenes, y advierte del efecto que tendría el cierre sobre las plantillas de estos negocios: "Creo que sería una pérdida de puestos de trabajo, porque también hay muchísimos puestos de trabajo, y además un montón, en la zona".Antonio, vecino de la zona aunque ya alejado por edad de este tipo de ocio, sigue el asunto de cerca por su hijo, asiduo del Margarita. Lo que más le inquieta no es tanto el cierre en sí como la rapidez con la que se ha planteado: "Lo suyo es que se llegue a un acuerdo, lo deje este año y negocie hasta el año que viene. No todo tan precipitado", reclama.Antonio y su mujer, en el paseo de Puerto Sherry.-MANU GARCÍAAntonio asegura además haber oído hablar ya de cancelaciones vinculadas a la incertidumbre sobre la apertura de estos locales, y cree que el efecto no se quedaría solo en Puerto Sherry. "Si están veraneando en el puerto y dicen, vamos a ir a Jerez, a las bodegas, siempre por los alrededores algo cae", apunta, convencido de que el impacto económico se extendería a otros municipios de la provincia.Vecinos de Puerto Sherry.-MANU GARCÍAEl calendario judicial no da margenMientras estas opiniones circulan por la zona, el procedimiento sigue su curso. La resolución judicial responde a la petición cautelarísima de Beauty Beach, la mercantil que explota Margarita, contra dos decretos municipales: uno que ordena el cese de actividad y fija diez días para el desmontaje de las instalaciones, y otro que inadmite la prórroga de la licencia al no constar la autorización de la Autoridad Portuaria de la Bahía de Cádiz.El auto, firmado este 3 de julio, considera que el cierre no depende del decreto recurrido, sino de uno anterior, de marzo, que ya autorizaba la actividad solo hasta el 5 de julio y que es firme. Suspender el nuevo decreto, señala el tribunal, no alargaría la autorización ni un minuto, por lo que deniega la medida y no admite recurso alguno. Así que Margarita perdía esta batalla a dos días.PhiPhi Beach, el chiringuito más longevo del actual Puerto Sherry.MANU GARCÍAEn el pleno celebrado este viernes, la concejala de Desarrollo Urbano, Leonor Caballero Lacave, recordó que la Autoridad Portuaria rechazó en mayo ampliar la autorización hasta septiembre, mientras que desde Izquierda Unida se cuestionó con qué título han funcionado los locales estos veranos. El alcalde, Germán Beardo, cerró el debate defendiendo que la actividad actual cuenta con informes técnicos y jurídicos con los que no contaba la licencia original de 2018, y avisó de que, si los negocios no cierran por su cuenta, intervendrán disciplina urbanística, Policía Local y Policía Portuaria.Para vecinos, turistas y hosteleros, ese debate institucional queda en un segundo plano frente a una pregunta mucho más concreta: qué ocurrirá el próximo domingo cuando, según el calendario judicial y municipal, los chiringuitos de Puerto Sherry deban cerrar sus puertas.