Portugal vivió durante décadas mirando al turismo como su gran motor económico. Ahora busca otro futuro bajo el Atlántico, entre cables submarinos, centros de datos y una ciudad que quiere volver a empezar

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Sines, una ciudad costera marcada por promesas industriales incumplidas, se ha convertido en el nuevo símbolo de la ambición portuguesa. Allí llegan cables submarinos, megacentros de datos, fábricas de baterías y proyectos portuarios que buscan mover al país del turismo hacia una economía más conectada, energética y tecnológica.